Tayou, el artista-explorador

  • Revelaciones del otro hemisferio en el CAC de la mano de Pascale Marthine Tayou Gonzalo Fuentes y su inspiración modular en Columna JM Frida Kahlo, observada en La Térmica

JUSTO cuando creen estar llevándose la escultura firmada por Kiki Bridges, los cacos de ¡Jo, qué noche! (1985) sostienen una breve conversación, del todo hilarante, en relación con el arte. Uno de ellos concluye, en mitad de aquel Soho nocturno y lluvioso: "el arte, cuánto más feo, más vale". Ironías posmodernas aparte -la película es de los ochenta, como la era dorada de Prince-, cabe concluir que, en el caso de la obra de Pascale Marthine Tayou (Yaundé, Camerún, 1967), el valor no debería estar reñido con la belleza; porque belleza hay, en cantidades industriales, a lo largo del cuaderno de viaje que muestra en el CAC Málaga con el nombre de Miracle!!! Una exposición comisariada por Fernando Francés que, hasta el 5 de junio próximo, da a conocer en España la obra última de un artista africano afincado en Bélgica. Aunque eso de afincarse sea un decir, puesto que el propio Tayou se considera viajero antes que artista. De ahí lo de esta bitácora terrestre y humana que se asoma al cielo y lo hace al iniciarse el recorrido por la exposición con esa columnata de ollas árabes (Colonnes Pascale, 2012) que van predisponiendo el cuerpo a la verticalidad. La obligatoriedad de mirar hacia arriba continúa con unos diamantes colgantes (Black Diamonds, 2010-2012) cuyas cadenas son la cruda metáfora de la codicia que tanto afea el comportamiento humano. En el otro extremo, el camerunés camufla Happy Birds Day II (2003-2007) en un saco de arroz, a modo de videoinstalación que casi obliga al visitante a adoptar una postura genuflexa, cuando no a mirar hacia lo que está más allá, en el mismo sur global.

La reflexión en torno al poscolonialismo está ahí, siendo tan necesaria para la ruptura de arquetipos asociados al continente negro como lo fue el sueño espacial de Edward Makuka Nkoloso, el científico zambiano que en 1964 trabajó para enviar una misión a Marte. Las piezas del artista tiran de objetos que poseen un doble significado, bien como elementos de uso cotidiano que remiten al origen geográfico del creador, bien como desechos del capitalismo triunfante. Ocurre con los adornos de las Poupées Pascale (2010-2014) que rodean Men & Women (2014), elevadas en pedestales de madera, así como con Sauveteurs/Couple de supporters (2012), vuvuzela incluida. Cristales italianos y encajes belgas son utilizados por Tayou para moldear figuras de genitales exagerados.

Autodidacta, sus frescos no son pinturas propiamente dichas, sino más bien construcciones de color en las que la importancia (¡pese a sus grandes dimensiones!), reside en los detalles. Chalk fresco E, Chalk fresco A y Chalk fresco D, todos ellos realizados el pasado año, constituyen una prueba palpable, con la omnipresente tiza que revela lo que podría ser el arcoiris emergiendo de la bruma y de la lluvia. Aunque la palma se la lleva, en cuanto a belleza precisamente, un cuarto fresco de 2015 donde es el carboncillo el que manda (Charcoal fresco A), una noche estrellada que esconde secretos con forma de ramo de novia y agujas asociadas a tradiciones vuduístas. No son el único elemento punzante: ahí están, suspendidas en la pared, las dolorosas Douces Épines (2015) o las flechas de Wardrobe (2014), que toman posición contra los imperialismos de ayer, de hoy y de siempre.

Que sea bella no quiere decir que sea amable. En este sentido, no hay más que percatarse -cuando el impacto colorista del artista camerunés lo permite- de esas casas que penden sobre las cabezas. Fallen Houses (2014) quizá simbolice cierto nomadismo por parte de Tayou, un explorador del siglo XXI. Al fin y al cabo, lo que este artista, versado en leyes, es.

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