Terror de punto de vista

Terror, España, 2009, 85 min. Dirección y guión: Paco Plaza y Jaume Balagueró. Fotografía: Pablo Rosso. Intérpretes: Óscar Sánchez, Ariel Casas, Juli Fabregas, Manuela Velasco, David Bert. Cines: Málaga Nostrum, Larios, Vialia, Rosaleda, Plaza Mayor, La Verónica, Miramar, La Cañada, Gran Marbella, Plaza del Mar, Ronda, El Ingenio.

Agotada ya la novedad del formato, exitoso híbrido entre el cine de terror con zombis vecinales y la estética hiperrealista del reportaje televisivo y los videojuegos que buscan la identificación total del espectador-jugador a partir del punto de vista, la obligada segunda entrega de Rec apuesta todas sus cartas (ganadoras) a la intensificación y la multiplicación de los mismos efectos que hicieron del original uno de los títulos más estimulantes y originales (con sus carencias y peros) de la producción comercial de género de nuestro cine de las últimas temporadas. El remake hollywoodiense, Quarantine, daba fe del éxito internacional de un nuevo modelo mestizo de ficción cuya proyección ha podido observarse también en otros títulos interesantes como Monstruoso, Diary of the dead o la más reciente Distrito 9.

Se trata, decíamos, de ir un poco más allá en una misma dirección y retomando la historia (sic) en el mismo punto en el que quedó en el edificio del Eixample barcelonés. Semejante propósito se fragua ahora en un nuevo tour de force estilístico que parece olvidarse ya del rigor formal y narrativo de la primera entrega (Balagueró y Plaza son mejores directores que guionistas o dialoguistas, y esta segunda parte se resiente de los mismos problemas argumentales e interpretativos de la primera) para vaciarse atléticamente en una sucesión de escenas-impacto cuyo principal atractivo pasa por la explotación de la sacudida espasmódica, la -caprichosa- multiplicación de los puntos de vista, el inevitable efecto-susto-grito, el agobio claustrofóbico, las texturas y códigos de la imagen digital (la vista nocturna, heredada de El silencio de los corderos, vuelve a ser uno de los principales recursos para generar terror) y una catártica explosión sangrienta a costa de unos zombis poseídos por fuerzas demoníacas con una inagotable capacidad de transformación a pesar de curas y exorcismos que garantiza nuevas y rentables entregas.

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