Tesoros en clausura

  • Los conventos de Antequera conservan numerosas piezas artísticas de gran valor, cedidas como ofrenda por las familias de las novicias a lo largo de la Historia

Nadie duda del patrimonio tan rico con el que cuenta la ciudad de Antequera para el disfrute de todo antequerano o visitante. Sin embargo, detrás de los muros de las iglesias, dentro de sus conventos, existen cientos de imágenes, cuadros y esculturas de varios siglos de antigüedad sólo a la vista de muy pocas mujeres. Se trata de la dote de las novicias que se llevaban consigo cuando entraban a una orden religiosa. Aunque en su gran mayoría entregaban una cantidad monetaria, también era común que la familia de la novicia ofreciera algún objeto de valor o muy querido por ella. Éste tesoro junto con el dinero que entregaban a la Comunidad no se podía tocar para que, en caso de arrepentimiento, la devota pudiera disponer de él y contar con alguna ayuda a la salida del convento. Pero si la monja continuaba, la Congregación percibía esa dote después de su muerte. Ese patrimonio era por derecho canónigo pero desapareció después del Vaticano II el 8 de diciembre de 1965.

Estos tesoros, desconocidos para muchos, comienzan a renacer para que puedan ser vistos por todo antequerano y turista. Es el caso de la orden de Carmelitas Descalzas de Santa Teresa fundada en Antequera en 1632. Esta comunidad cuenta con miles de piezas e imágenes de los siglos XVI, XVII y XVIII. Hace ocho años, la Congregación decidió mostrar sus obras al público y creó el Museo de las Descalzas. Además, desde hace dos años, en la sala del Nacimiento, hay un Belén permanente con piezas antiquísimas. Según la Madre Superiora, Madre Victoria, el Misterio del Portal de Belén es de origen quiteño del siglo XVII aunque desconoce cómo llegó allí. Pero no todas las piezas están expuestas en el museo. Madre Victoria asegura que tienen muchas más que están repartidas por la casa.

Por otra parte, la orden Mínima de San Francisco de Paula, más conocida como Santa Eufemia, llegó a Antequera en 1601. La Comunidad cuenta con numerosas imágenes procedentes de distintos países y con varios siglos de antigüedad. "Las imágenes las traían las novicias consigo porque les tenían mucho aprecio y no querían desprenderse de ellas", cuenta la Madre Superiora, Sor Maria de los Ángeles. En su convento viven siete monjas que subsisten con los trabajos de limpieza de ropa en seco. Afirma que en Europa hay muy poca vocación debido al contorno social en el que vivimos. Es por ello que la inmensa mayoría de las nuevas monjas que llegan a España proceden de países latinoamericanos, Asia y África.

En Antequera existen ocho órdenes religiosas, cinco de ellas son de clausura: Carmelitas de la Antigua Observancia, Santa Eufemia, Hermanas Clarisas, Carmelitas Descalzas y la Dominica Orden de Predicadores. En sus conventos conviven un total de 53 monjas.

La orden más antigua de Antequera fue Carmelitas de la Antigua Observancia, creada en 1520 por una madre viuda y su hija. Según la madre superiora, Sor Liliana, tanto madre e hija eran beatas y empezaron a vivir con espíritu dominico. Las once monjas que viven en el convento, cuatro de ellas procedentes de Kenia, subsisten por los trabajos eventuales que realizan haciendo zurcidos. La iglesia permanece cerrada por seguridad.

Tres años más tarde, en 1604, se implantó en Antequera la orden de las Hermanas Clarisas, fundada en España por Santa Clara en 1253. Las monjas comenzaron a vivir en el convento de Santa Clara aunque tres siglos más tarde se marcharon a vivir al convento de Belén. Según la madre superiora, Hermana Carmen, en el convento viven 13 monjas, una de ellas postulante procedente de Kenia. Sus ingresos les llegan de la venta de dulces, sobre todo navideños.

Por otro lado, la Dominica Orden de Predicadores, más conocida como las Catalinas, fundada en 1206 por Santo Domingo de Guzmán, llegó a Antequera en 1639 y en estos momentos conviven ocho monjas, seis españolas y dos suramericanas. Su trabajo es el bordado en oro para las cofradías.

De entre todas las congregaciones que hay en la ciudad, Franciscanas de los Sagrados Corazones, es la más numerosa con 52 monjas, nueve de ellas son novicias oriundas de España, República Dominicana y Nicaragua. El único ingreso que perciben para vivir es el proveniente de sus trabajos como maestras en los colegios de la Victoria y María Inmaculada. Esta comunidad es la más nueva que hay en Antequera. Fue fundada en 1884 por la antequerana Madre Carmen del Niño Jesús, beatificada este año.

Esta orden junto a las Hermanitas de los Pobres y las religiosas filipenses Hijas de María Dolorosa, son las únicas que no tienen dedicación de clausura. La comunidad filipense llegó a Antequera en 1879 donde fue recibida por una banda de música, explica Madre Rosario. Ahora cuenta con 11 monjas que viven en el colegio Nuestra Señora de Loreto, más conocido como Recoletas. Según Madre Rosario, su congregación pertenece a las filipenses, pero este nombre de Recoletas, se impuso porque antiguamente vivían en el convento las religiosas recoletas agustinas, aunque tuvieron que marcharse al convento de Madre de Dios durante la Desamortización.

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