'Titán' por una buena causa

  • El Cervantes acoge el miércoles el concierto de Manos Unidas

Una provocación. La perturbadora irrupción de Gustav Mahler (1860-1911) a finales del XIX fue, ante todo, una provocación. Ampliamente rechazado y venerado sólo por unos pocos (que más tarde habrían de llevar a cabo una de las revoluciones más radicales en la historia de la música) Mahler certificó la defunción de la tradición sinfónica romántica (Beethoven, Wagner o Bruckner).

El próximo miércoles, 21 de mayo, esa ruptura servirá para que Manos Unidas pueda construir una escuela en una zona rural en Burundi (África) gracias a la recaudación del concierto que ofrecerá la Orquesta Sinfónica Provincial de Málaga en el Teatro Cervantes, que interpretará Titán.

Su primera sinfonía, Titán (que debe su nombre a la novela de Jean Paul), presenta ya todos los elementos del universo propio del músico vienés, entre los que destaca especialmente la marcha fúnebre del tercer movimiento, que tanto rechazo provocó en el estreno y que después se ha convertido en uno de los pasajes más célebres.

Como escribe Eugenio Trías, sólo la obra de arte es capaz de, saltando por encima de los géneros, fundar un mundo nuevo, constituirse en excepción fundadora y no en deformación monstruosa. En su nuevo ser, la sinfonía es concebida como "la reconstrucción de un mundo a través de todos los medios y recursos disponibles de que me puedo valer". Una aspiración de totalidad que manifiesta sus exigencias en la extensión de las obras, así como en la formación de colosales orquestas, pero también en los pasajes más superficiales y frívolos, que son convocados por vez primera en las salas de conciertos. Un mundo que muestra mediante un uso magistral de la orquesta.

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