Tocar y quedar tocados

La obra de Nieves Galiot participa de los discursos de género, aunque dista mucho de un arte propiamente feminista (reivindicativo, crítico y exigiendo un nuevo orden). Rige su obra la reflexión sobre los condicionantes, desarrollos y consecuencias de ser mujer: de la identidad y apariencia del sujeto femenino, de la belleza y juventud como principales exigencias -si no autoexigencias-, así como de los roles sociales de ésta. En definitiva, un posfeminismo sentido y cálido, nada desabrido, que opta por mirar a la mujer a través de sus anhelos y mitologías diarias (junto a las anteriores el amor y el deseo como motores del ser humano), mostrándola como sujeto pasivo que sufre y agente de cambio, de su propio cambio. Galiot se enfrenta críticamente a las paradojas del sujeto femenino contemporáneo que, liberado de muchas de las trabas -aún no todas- que impedían su desarrollo pleno por mera discriminación de género, permanece rehén de una serie de obligaciones para sí relacionadas principalmente con la belleza.

Galiot se centra en las contingencias cotidianas de la mujer, creando objetos (destacan los textiles como almohadones y cojines para ser tocados) y operando cambios e insertando frases e imágenes en éstos y en otros ya dados. El objeto queda connotado con el estrato verbal, usando expresiones hechas sobre la resignación o las pautas de conducta en torno al amor o la apariencia física y ofreciendo una lectura irónica y cargada, una vez que a la risa le sigue la mueca o al humor el juicio crítico, de un sentido angustioso del ser-mujer. Así crea objetos simbólicos, irónicos e incluso lúdicos: un botiquín con espejo que ofrece unos primeros auxilios y analgesia con la expresión Tú, la más bella, básculas que rezan Trátame como una reina o estilizados corsés bordados a los que acompañan un sentencioso No creo en milagros.

Igualmente simbólico e ilustrativo de lo femenino es el universo que emplea la artista: la comunión como primera boda, alfileres de novia, broches y, especialmente, el mundo de las labores, del bordado y lo textil. Precisamente, los tejidos, tramas, estampados de éstas y bordados son medios y mundos simbólicos que han sido usados por algunas de las más importantes artistas feministas o del arte de mujeres, como la gran veterana Louise Bourgeois o, más recientemente, Beth Moisés.

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