Pere Portabella. Cineasta y político

"Tomar conciencia del desastre es lo más rigurosamente democrático"

  • El realizador catalán acaba de presentar su 'Informe general II: El nuevo rapto de Europa', su personal aproximación a la crisis española y a la decadencia de las instituciones modernas.

Productor de Buñuel, Saura y Ferreri, activista antifranquista en las filas del PSUC, miembro del Senado resultante de las primeras elecciones democráticas, diputado del Parlamento catalán y en la actualidad presidente de la Fundación Alternativas, Pere Portabella es autor de numerosas películas de corte experimental que gozan de un amplio predicamento en festivales, museos y galerías internacionales. Apelado por la urgencia del momento, en 1976 rodó un filme, Informe general sobre algunas cuestiones de interés para una proyección pública, que no tardó en adquirir rango de documento inexcusable para entender la realidad de aquella España. Ahora acaba de rodar una segunda parte, Informe general II. El nuevo rapto de Europa, una película en la que, a través de las voces del mundo de la cultura, la política y la ciencia, se aproxima a la decadencia de las instituciones, a la voracidad terminal del capitalismo tardío y a los nuevos movimientos sociales de esta otra España que también atraviesa una época de extrema zozobra. Actualmente Portabella presenta este trabajo a título personal, con encuentros con espectadores en toda España.

-¿Qué diferencias encuentra entre los dos contextos que retratan sus dos Informes?

-Cuando estábamos saliendo del franquismo nos aguardaba el ingreso en un mundo democrático. Y muchos franquistas, incluidos muchos cargos importantes del sistema político, entendieron que el franquismo sin Franco no era viable. De modo que lo aceleró todo el hecho de que muchos de ellos decidieran pactar. Entonces todo pasaba por los líderes. Hoy no; ha habido un cambio de sujeto político y los protagonistas son los ciudadanos; y aparte de eso, la decadencia de la democracia, hoy, es global: lo que está pasando en España afecta también a la Unión Europea, de arriba abajo. El peligro de colapso es cierto, y es enorme. La Humanidad ha vivido muchos colapsos, pero ninguno con este alcance global. No soy pesimista, y mucho menos un apocalíptico, pero tomar conciencia del desastre es lo más rigurosamente democrático que se puede hacer para que la gente sea capaz de superarlo.

-¿Son distintos también los momentos cinematográficos, al menos para usted?

-Mi trabajo fílmico siempre ha conllevado una ruptura con los cánones clásicos o aristotélicos del cine de explotación comercial, que tiene películas espléndidas, pero yo prefiero los códigos que no parten de esos planteamientos. Nunca me ha gustado contar historias de terceros, siempre he contado algo en lo que yo mismo me he implicado. Para mí, Vampir-Cuadecuc (1971) refleja la realidad de su momento tanto como el primer Informe general.

-En los años de la Transición se lanzó usted de lleno a la actividad política institucional. Y fue además miembro de una comisión muy importante: la constitucional. ¿Lo haría ahora?

-Mire, no se ha hecho ni una sola reforma desde entonces. Sólo una, la inclusión del dichoso déficit, forzados por la Merkel y la Unión Europea. Estamos funcionando con una Carta Magna que no sólo no ha crecido, sino ha sufrido en los últimos años una importante regresión: el régimen autonómico, por ejemplo, es menos autonómico porque se han eliminado competencias, y no hablemos ya de otras cuestiones...Nada se ha movido aquí desde que llegaron las mayorías absolutas y el bipartidismo se consolidó. Y eso es lo que ha traído todos los problemas que tenemos. Es necesario y urgente que haya una mayoría suficiente para hacer las reformas lo más rápidamente posible.

-¿Por qué ha hecho falta llegar a este punto para que no sea un anatema plantear ciertas reformas de la Constitución?

-La Constitución no es una Biblia, es un documento que de hecho contiene los mecanismos de su reforma para adaptarlo a la realidad. Pero la han convertido en esa especie de texto sagrado. En un sentido democrático, la Constitución es precisamente lo contrario del uso que se le ha dado. Se ha instrumentalizado como un reglamento que enseguida te deja fuera de la ley. Y no, hombre, no...

-¿Qué opina de la manera en que los políticos de hoy están gestionando estos tiempos?

-Los movimientos sociales han conseguido algo muy higiénico: acabar con el bipartidismo. Ahora existe un espacio democrático más representativo y esto en sí mismo es ya positivo. Naturalmente se dan conflictos, pero no pasa nada: la democracia lleva el conflicto en su ADN, de modo que mucho mejor que aflore, en vez de taparlo. ¿Que hay encontronazos? Claro: la gente que está en el poder ha conocido una cultura en la que el poder por el poder era suficiente. Además, venimos de unos cinco años en los que ha habido una gran aceleración de los acontecimientos, y ahora yo creo que ya no va a ser un sprint, sino el comienzo de una maratón. A los nuevos hay que explicarles que no puedes pretender lo máximo para pasado mañana. Todo este desorden es lógico: si no hay manera de crear un nuevo orden, se desordena por completo el viejo...

-En su Informe general II vincula el malestar que desembocó en el 15-M con el proceso independentista de Cataluña. Fuera de ella, muchas personas ven ambos fenómenos como conflictos y realidades de raíz y naturaleza muy diferentes...

-Muy bien, pero aun así sigue siendo un problema de España. Y la película habla de España. Una parte del Estado quiere tener un Estado propio; guste o no, no se puede negar. No es un problema de los catalanes, ni fruto de una patología de un señor como Artur Mas, ni hablar: Mas jugó su papel, y fue desbordado por las masas. Lo increíble es que no sólo no se ha hecho nada para intentar solucionarlo, sino que se ha ridiculizado, se ha utilizado la demagogia o se ha mirado para otro lado. Bien, pues ahora ya no se puede mirar para otro lado.

-En su película se define un museo como "una prótesis colectiva de invención de futuro". Ampliémoslo al papel del arte en general: es difícil cumplir esta función en una situación en la que el gran capital ha penetrado hasta el máximo en el mercado...

-Es una contradicción feroz, sí. El arte se ha convertido por encima de todo en una mercancía, y si puedes comprar un Picaso por 200 millones, mejor que por 100. Muchas veces es un valor financiero más apetecible y seguro que una acción de Repsol. Ha caído en la orgía del hacer dinero con dinero, de todo ese dinero que en realidad no existe y que ha provocado las ruinas en las que vivimos.

-¿Se siente más reconocido fuera de España que en ella?

-Sinceramente, sí. Aquí siempre ha sido más difícil. Pero para mí lo más importante es que, con sus pros y sus contras, este espacio que yo he abierto haya servido para algo. Lo más satisfactorio para mí es sentirme útil.

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