La UMA reconoce a María Victoria Atencia como doctora honoris causa

  • La poeta recordó ayer en su discurso de investidura a sus compañeros de generación y evocó a San Juan de la Cruz

Que la literatura española contemporánea tiene uno de sus episodios tan insustituibles como necesarios en la figura y la obra de María Victoria Atencia (Málaga, 1931) es más que evidente a estas alturas. Premios como el Federico García Lorca, que ganó el año pasado, y el Nacional de la Crítica, entre muchos otros, han reconocido su magisterio, el largo alcance de su poesía reveladora, contraria a lo efímero y aspirante a cierta trascendencia arraigada, sin embargo, en los elementos humanos más reconocibles. Su presencia en Málaga como referente y académica (es numeraria de la Academa de Bellas Artes de San Telmo) es habitual y generosa, y sus obras ganan siempre el reposo primero de su ciudad natal antes que en otros territorios. Era, por tanto, cuestión de tiempo que la Universidad de Málaga (UMA) hiciera suya a María Victoria Atencia, también desde lo institucional. Y así ocurrió ayer, finalmente, en el Paraninfo de El Ejido, con el acto de investidura de la poeta como doctora honoris causa por la institución académica malacitana, en el que la rectora, Adelaida de la Calle, ejerció la presidencia y en el que el catedrático de Literatura Antonio Gómez Yebra, cómplice donde los haya, apadrinó a la ingresada.

Atencia consagró las primeras líneas a Rafael León, "mi maestro en tantas cosas y en particular en mivi vida literaria", a quien hizo partícipe del "honor" contraído con el nombramiento. Tras la evocación de su familia, entró de lleno en materia literaria recordando los nombres propios de la Generación del 27 que prestaron atención a sus versos tempranos y que de alguna forma delimitaron su vocación poética: Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso y Jorge Guillén. También a otros compañeros, algunos de su generación, desde Alfonso Canales a José Antonio Muñoz Rojas pasando por Bernabé Fernández-Canivell y Pablo García Baena. Todos ellos le brindaron "el regalo de su guía y enseñanza".

Especialmente emocionantes fueron las palabras con las que Atencia describió su despertar poético, aún en la infancia: "Debió ser en alguno de los días del verano del 36. Sueño y recuerdo aquel estado especial que recorrió y se adueñó de mi pequeño cuerpo con apenas cuatro años. Las luces, reflejos y sombras me hicieron sentir por vez primera la belleza en grado sumo, en aquella tierra de los Montes de Málaga. Allí gusté del fulgor: el cuerpo de la gracia". Ayer, 14 de diciembre, se celebraba la festividad de San Juan de la Cruz, al que la poeta homenajeó con sus versos: "Amado con amada / Amada en el amado transformada". "Es la voz del santo patrón de poetas, que ha sido para mí amparo, durante el curso de mi vida diciéndose en palabra poética", afirmó.

La rectora por su parte, se refirió así a la doctora: "María Victoria nos descubre que si hay algo capaz de vencer, de trascender al tiempo es, precisamente, la belleza hecha palabra". Una belleza que, como quisiera María Zambrano, también forma parte de la vida académica.

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