Vivir y ser en el terror

Ensayo a contracorriente, erudito y apasionado, Materialismo salvaje de Jacques Lezra -catedrático de literatura comparada en Nueva York- aúna arqueología y rehabilitación conceptual para que nos asomemos a la naturaleza excesiva e inestabilidad semántica de términos como republicanismo, soberanía, terror o terrorismo, es decir, precisamente de esos conceptos que políticos y gobernantes utilizan como si fueran monolíticos y que por ello no han dejado de gastar, instrumentalizar y banalizar. Lo recuerda Étienne Balibar en su prólogo al hilo de esa funesta "guerra contra el terror" que iniciara la administración Bush tras los atentados del 11-S, aquella alerta y cruzada indefinidas que tan pronto demostraron sus ridículas limitaciones. Es precisamente de la resaca del 11-S, del análisis fenomenológico y ético de actos de tortura (o de llamamientos a suspender los escrúpulos frente a ella), desde donde Lezra comienza su proyecto intelectual de restitución y reconstrucción del terror como para-concepto de raigambre althusseriana que es preciso revaluar suspendiendo el vínculo que lo equipara con el terrorismo. A partir del especial sentido con el que actualiza la palabra, un "desconcertante encuentro con algo para lo que no se está preparado", Lezra vislumbra su potencial ético, el de generar un pensamiento sobre las fallas -de la realidad y de los conceptos- que aliente nuestra responsabilidad frente al otro e ilumine nuestra capacidad de juzgar. Así, para Lezra, la imaginación de una nueva y radical república llevaría aparejado un tipo de ciudadano que, ampliando la ontología heideggeriana, se atreviera a ser-en-el-terror.

La bio-ética del terror va de la mano de una reivindicación de este republicanismos radical cuya genealogía el libro persigue (buscando pistas en el pensamiento y la historia reciente de nuestro país). Y son sus trazas deparadas por un brillante y apabullante espigueo por obras filosóficas, políticas y literarias que tienen a Lezra de esclarecedor filólogo (Sófocles, Shakespeare), perspicaz lector (Sade, Cervantes, Zambrano) y sutil polemista (Adorno, Habermas, Agamben) y esteta (Pontecorvo, Daney, Rivette).

Jacques Lezra. Biblioteca Saavedra Fajardo de pensamiento político. Siglo XXI, Madrid, 2012. 22 euros

Pablo D'Ors. Siruela. Madrid, 2012. 116 páginas. 11,95 euros

Sacerdote y teólogo, el narrador, ensayista y crítico Pablo D'Ors (Madrid, 1963) es uno de los escritores más interesantes de la literatura española actual, en la que su propuesta humanista brilla a años luz de la que ofrecen muchos de los aplaudidos escribidores de la hora. Finalista del Herralde con Las ideas puras (2000), el nieto de Xènius ha publicado novelas tan valiosas y singulares como Andanzas del impresor Zollinger (Anagrama, 2003) o El estupor y la maravilla (Pre-Textos, 2007). En su último libro, sin embargo, deja de lado la narrativa para proponer un tratado sobre la meditación que pese a su brevedad contiene todo un programa de vida.

Publicado por la Biblioteca de Ensayo de Siruela, Biografía del silencio es una pequeña joya a contracorriente de la espiritualidad más extendida, fruto del descubrimiento de la tradición zen como una herramienta válida para los practicantes de cualquier confesión o incluso, cabría añadir, de los que no tienen ninguna. No es D'Ors el primero en tender puentes entre el budismo y el cristianismo, pero su reflexión postula menos un camino sincrético que una vía universal de crecimiento. Por otra parte, el discurso del ensayista no implica renuncia del mundo sino todo lo contrario, en tanto que desecha el idealismo como fuente de frustraciones evitables y plantea la aceptación de la realidad sin velos ni intermediarios.

Al tiempo que describe los beneficios de la práctica, D'Ors propone un ejercicio de radical introspección frente a la necesidad desaforada de experiencias que caracteriza nuestra época, una mentalidad no acumulativa sino propicia al despojamiento, una búsqueda que deje atrás los lastres -ideas, pensamientos, ruidos- que nos impiden bucear sin interferencias en la propia intimidad, llegando al punto de desaconsejar experiencias tan prestigiadas como los viajes o hasta la lectura, lo que resulta curioso -pero revelador- viniendo de alguien que se dedica, entre otras cosas, a escribir libros. En todo caso merece la pena acompañar al autor en su viaje al "océano oscuro y luminoso" del silencio, sólo soledad callada.

Etiquetas

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios