arte

Vivitos pero no tan coleando

  • La presencia malagueña en ARCO a través de las galerías Alfredo Viñas y Javier Marín se salda con resultados excelentes · ArtMadrid y JustMad3 bajan el listón

En alguna ocasión, y en estas mismas páginas, nos hemos referido a las otras ferias que se desarrollan en Madrid en paralelo a ARCO como "los vivos márgenes". Este año no hubo tanta viveza, por lo que la falta de riesgo y ambición no es cuestión exclusiva de ARCO, sino algo común y ambiental, propio de estos tiempos. Pero antes de entrar a valorar ArtMadrid y JustMad, es necesario hacer lo propio con la presencia galerística malagueña en ARCO.

En Alfredo Viñas, con la sorpresiva y poco convincente inclusión de una pintura de Paloma Peláez, todas las piezas eran excelentes: los autorretratos en terracota de MP&MP Rosado Garcés, compuestas por fragmentos de distintos cuerpos-ajenos, un paso más -y tremendamente certero y exquisito- en su proyecto Contengo multitudes; los mosaicos fotográficos catalogadores de Juan del Junco, de una frialdad que contrasta con las incontenibles evocaciones paisajísiticas de las piedras retratadas; y una sensacional intervención mural de Javier Calleja, fiel a su universo en miniatura cargado de ironía y un creciente laconismo verbal que aporta ciertas dosis conceptuales. JM se presentó con un amplísimo stand en el que se cruzaban debates entre las distintas piezas, muchos de ellos de gran pertinencia como la violencia y la sostenibilidad medioambiental, en la destacable línea de implicación del galerista con la realidad social. Sobresalían las piezas de Tea Mäkipää con su maqueta de Fukushima en destrucción, las esculturas con luz de Carlos Schwartz y los sutiles y a la par agresivos dibujos de Medina Galeote, ejemplo de perfecta síntesis entre texto e imagen (una línea fundamental en el arte actual), aunque este autor hubiera requerido más protagonismo.

En las dos últimas ediciones de ArtMadrid, galerías con un férreo compromiso con el arte actual y emergente como Fernando Pradilla, El Museo, Marisa Marimón, La Lisa o Sicart han ido abandonando la feria. En algunos casos para sumarse a JustMad o incluso a ARCO, como en el caso de El Museo con muy buenas piezas este año de Juan Francisco Casas y Germán Gómez -excelente su León XII-. En estas circunstancias, ArtMadrid ha visto resentida su ansiada ligazón con el arte actual, aunque algunas como la coruñesa Moret Art permanecen. Esto, indudablemente, hace que pierda atracción para parte de un público concreto que ya, quizá, se centre en exclusiva en visitar ARCO y JustMad; y eso a pesar de haber puesto en marcha hace varios años distintos programas que incentivaban lo instalativo y lo emergente, como Young Art y One Project.

Respecto a JustMad, vinculada indiscutiblemente a lo actual, lo emergente y los debates actuales de la escena artística, ésta sigue creciendo en su tercera edición, pero este año es más débil que el anterior, aunque mantiene cierto riesgo en muchas de sus piezas -dentro de unos límites, en la medida del alcance real de la feria, seamos cautos y ponderados-. En esta ocasión, en su singular afán de obviar los tradicionales espacios feriales y congresuales, JustMad se ha desarrollado en el parking del Hotel Puerta América. Aunque se han sumado nuevas galerías, también han desaparecido otras que en ediciones anteriores habían estado presentes con instalaciones y proyectos ambiciosos y de gran calado, o simplemente con conjuntos solventes que respondían a sus programaciones. En algunos casos, éstas que faltan son galerías de rotunda trayectoria y continuada y vigente visibilidad en ARCO, como Fúcares, Heinrich Ehrhardt o Zink. También falta la neoyorquina Douz & Mille, que mostró un gran nivel en las ediciones pasadas de JustMad y de ARCO. La presencia internacional se ha visto reducida -más aún en proporción ya que han aumentado el número de expositores- y las nuevas incorporaciones extranjeras no igualan el nivel de las que han dejado esta cita. Asimismo, algunas de las nuevas nacionales no tienen un nivel aceptable, al menos lo expuesto.

Esta tímida bajada del nivel de JustMad puede explicarse, además de lo anteriormente dicho, quizá por la equiparación de los stands, ya que todos son cubículos con las mismas medidas, con lo que se ha perdido lo sorpresivo y las variaciones espaciales que se vivieron en la pasada edición desarrollada en un edificio histórico del barrio de Salamanca. Las reducidas o ajustadas dimensiones de los cubículos imposibilitan que se puedan desplegar piezas ambiciosas que sí pudimos ver el año pasado.

Dicho esto, en JustMad hemos de valorar los retratos sin rasgos fisonómicos sobre papel con código Braille de Noa Lidor en La Caja Blanca; las pinturas de raíz fotográfica y aire perturbador que se exponían en My Name's Lolita Art, firmadas por Jorge Hernández, Ángel Mateo Charris y Paco Pomet; los dibujos de Sito Mújica en 3 Punts, interviniendo novedosamente los fondos; las extraordinarias fotografías bondage de Annette Merrild en Eva Ruiz, intervenidas con una sustancia que simula flujos orgánicos ocultando el cuerpo, que queda reducido a mero objeto de deseo; la estrategia conceptual-pictórica de Olmo Cuña en PM8, quien borra y copia obras maestras en libros y posters; los paneles cerámicos de Zoulikha Bouabdellah en Sabrina Amrani, en los que, aceptando la disposición infinita y geométrica de la cerámica en el Islam, incluye el famoso Mirage de Gadafi abatido por los rebeldes libios; el punzante y mimético-publicitario proyecto de PSJM en Trama, logotipos de marcas con el lema en inglés "hecho por esclavos para gente libre"; los micromundos y miniaturas de Miguel Ángel Moreno Carretero en Trama, sensacionales y distinguiéndose frente a otros autores por su empleo de pequeños lienzos como planos; el stand transgresor de 6 más 1, con la sofisticada estética fotográfica de Fernando Bayona y los irónicos lienzos intervenidos con temática religiosa de Julio Falagán; en El Museo destacan las fotografías de Juan Carlos Martínez, en torno alvoyeurismo y el exhibicionismo en lo doméstico, subvirtiendo sutilmente los roles de observado y observador; la escritura invisible de Javier Pividal en Ogami Press; el personalísimo universo figurativo de Guillermo Martín Bermejo en Aranapoveda; las surrealizantes fotografías de Noé Sendás en Invaliden 1; la instalación de Fernando Martín Godoy en Siboney, repleta de objetos identificables pero sin identidad; el proyecto Citywords de Mario Gutiérrez Cru en La Zúa, quien vive la ciudad cinética y verbalmente, una de las pocas acciones filmadas expuestas en la feria; Louis 21 plantea un stand con Kepa Garraza, las sorprendentes esculturas geométricas de Álvaro Gil y otra sensacional intervención de Javier Calleja; y los viejos papeles intervenidos deliciosamente por Tamara Feijoo en Marisa Marimón, en los que trabaja con el pie forzado de los textos impresos en esos soportes y no deja de autorrepresentarse inmersa en lo botánico y lo animalístico.

Hotel Puerta América. Av. América 41, Madrid. Del 16 al 29 de febrero.

Pabellón de Cristal. Casa de Campo, Madrid. Del 16 al 19 de febrero.

Feria Internacional de Arte Contemporáneo. Feria de Madrid. Pabellones 8 y 10. Del 15 al 19 de febrero.

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