Voluntarias de bata blanca

  • Unas 20 personas ofrecen compañía y ayuda a los enfermos oncológicos ingresados en el Clínico. El programa se desarrolla desde hace dos años

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Encarna y Lola dedican muchas mañanas de sus vidas a reconfortar a los enfermos de cáncer ingresados en el Hospital Clínico. Son sólo dos de la veintena de voluntarias que llevan apoyo a los pacientes en momentos difíciles. Pero ellas conocen muy bien sus miedos: ambas han superado el cáncer y se han enfrentado a la quimioterapia. "A nosotras nos hacen preguntas que no le plantean al médico", reconoce Lola Hidalgo, voluntaria de la Fundación Malagueña de Asistencia a Enfermos de Cáncer (FMAEC). Todas -porque la mayoría son mujeres- realizan su labor de forma altruista.

La vocación de ayuda es tal que han logrado entenderse incluso con un paciente ruso y otro japonés ingresados en el hospital. "Nos dan mucho ánimo, que es lo que nos hace falta", relata Concepción Navero, ingresada en la planta de Oncología. Después, a Conchi se le escapan unas lágrimas. Elena Willekes, una voluntaria holandesa, le dice que si tiene ganas de llorar que se desahogue. Elena la escucha, le habla y le arranca una sonrisa.

Matilde Martínez, psicóloga de la Unidad de Agudos del Clínico, impulsó la entrada de las voluntarias en el hospital en 2005: "Es un trabajo necesario, una fuente de apoyo psicosocial que complementa la labor sanitaria". El voluntariado asistencial comenzó ese año tras la firma de un acuerdo entre la FMAEC y el gerente del Hospital Clínico, Antonio Pérez Rielo. El trabajo, aunque altruista, no es improvisado. Los voluntarios pasan un proceso de selección y realizan cursos para aprender a ser realmente útiles a los enfermos. Los escuchan, les hablan o le leen, según lo que quieran cada día.

Las voluntarias -que desarrollan su labor en Oncología y en el Hospital de Día- aseguran que a veces, se sinceran más con ellas que con los familiares. Lola, que pasó tres veces por la quimio, sabe la razón: "A veces te sientes culpable de hacer sufrir a tu familia y no quieres que se preocupen". Las voluntarias no sólo brindan apoyo a los enfermos. También ayudan a los familiares que se sienten impotentes ante una enfermedad difícil de asumir. Pero el grupo que coordina la psicóloga Miriam Afel-lat se apresura a dejar claro que con los nuevos tratamientos la esperanza de vida frente es muy alta.

El apoyo a los familiares no es secundario porque son el pilar en el que se sustentan los enfermos para hacer frente a una patología cuyos tratamientos son muy agresivos. "Es curioso, pero a veces es como si los pacientes fueran fuertes, mientras que sus allegados se sienten más desvalidos", explica María del Carmen Cabra, otra de las voluntarias.

El grupo ofrece asistencia psicológica, psiquiátrica, social y hasta jurídica. Además, ha ideado un servicio de peluquería para los enfermos. Ya se sabe que la quimioterapia hace estragos en el pelo; por eso en ese etapa las voluntarias cuidan la apariencia de los pacientes, que es una forma de cuidar de su ánimo. El apoyo es muy diverso e incluye desde acompañar a un enfermo en un traslado u organizar actividades lúdicas para que se distraigan hasta sustituir al cuidador si éste debe ausentarse.

Las voluntarias acuden al hospital lunes, miércoles y viernes por la mañana. Cada una va una vez por semana. Así, no se queman. Pese a que hace este trabajo por la cara, María del Carmen está encantada: "Es muy satisfactorio poder ayudar a alguien. Dale propaganda, a ver si se apunta más gente".

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