Xavi Puebla teje una fábula sobre las consecuencias de la ambición

  • 'Bienvenido a Farewell-Gutmann' enfrenta a tres compañeros que aspiran a un puesto directivo

Que la ambición desmesurada de un individuo puede provocar consecuencias tremendas en el grupo es un tema que afecta al ser humano desde el principio de los tiempos. Y es en ese terreno en el que se instala Bienvenido a Farewell-Gutmann, segundo largometraje de Xavi Puebla que ayer se presentó en la Sección Oficial a concurso. La sucia pugna de tres compañeros de una compañía farmacéutica por ocupar un puesto directivo le sirve al cineasta como punto de partida para construir una fábula sobre el perjuicio moral que ocasiona la obsesiva búsqueda del éxito profesional y social. El director catalán le cede todo el protagonismo de la cinta a los personajes y al viaje interior al que cada uno se enfrenta cuando las circunstancias lo acorrala.

Ana Fernández, Lluís Soler y Adolfo Fernández quieren conseguir el sillón que ha dejado libre Ruiz tras su muerte. Y no les importará llegar hasta el límite para conseguirlo, lo que hace minar -sin solución posible- la relación entre ellos. "En un espacio y un tiempo concretos, apostamos por la relación entre estos seres complejos, que tienen sus carencias y sus virtudes", expresó ayer Xavi Puebla tras la proyección de la cinta. "Partimos de una premisa realista que se va resquebrajando hasta llegar a un punto de abstracción, es un viaje introspectivo de los protagonistas", defendió el responsable de este título dedicado al productor Jordi Domingo, que perdió la vida pocos días después del rodaje.

Héctor Colomé es la cuarta pata del banco. Interpreta al excéntrico Lúger, que viene desde la central para elegir al sucesor y se convierte en un demiurgo un tanto demoníaco que maneja a los aspirantes a su antojo. "Mi personaje es el más irreal de todos, es el alter ego de cada uno de ellos, un hombre atemporal, sin pasado ni futuro", dijo el actor. Sus víctimas son una entregada trabajadora, inteligente y manipuladora, un prepotente obseso sexual que resulta ser amante de la primera y un hombre hundido, ex alcohólico y relegado de su antiguo puesto de jefe, que no termina de creerse sus posibilidades.

"Todos son unos individuos vacíos a los que cualquier maremágnun tambalea sus cimientos y saca lo peor de sí mismos", apuntó Adolfo Fernández. Para Lluís Soler Bienvenido a Farewell-Gutmann ha significado su "bautizo cinematográfico". El actor teatral ha hecho, precisamente, más de 800 funciones de El método Grönholm, una pieza a la que recuerda sin remedio este proyecto de Puebla, su manera de reivindicar la "necesidad de volver a la bondad original".

Etiquetas

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios