El abrazo de la pertenencia

  • Antonio Gala recibió ayer de manos del alcalde la Medalla de la Ciudad y el título de Hijo Adoptivo de Málaga, en un acto repleto de emociones

Hay ocasiones en que sí merece la pena que el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Málaga se llene hasta los topes. Ayer se corrigió aquí una anomalía histórica, una cuenta que llevaba demasiado tiempo pendiente, en una ocasión digna de permanecer en el recuerdo. Cuando el año pasado Antonio Gala recibió la Medalla del Ateneo de Málaga, su impactante declaración de amor a la ciudad, pronunciada además desde un más que delicado estado de salud, conmovió hasta a las piedras. El alcalde, Francisco de la Torre, presente en el acto, se dio por aludido y prometió allí mismo lo que ayer se cumplió: Gala recibió la Medalla de la Ciudad y el título de Hijo Adoptivo de Málaga, un reconocimiento cuya ausencia ya clamaba al cielo (aunque sólo fuera porque el escritor sí había sido reconocido como Hijo Adoptivo de la provincia) pero cuyo saldo dejó entre los presentes la ocasión de haber compartido tiempo y espacio con quien, seguramente, ha merecido este honor más que nadie.

Una nutrida representación de la vida cultural, empresarial, social, mediática, universitaria e institucional de Málaga se reunió en el Salón de los Espejos para no perder detalle de un acontecimiento dedicado a celebrar el amor que Gala ha manifestado en el último medio siglo por Málaga, y también por Córdoba. Los portavoces de los distintos grupos municipales glosaron su trayectoria literaria, sus títulos más celebrados, los premios atesorados (también Eduardo Zorrilla, concejal de IU, recordó el compromiso "ético y político" del que el escritor hizo gala cuando aceptó presidir la Plataforma Cívica contra la entrada de España en la OTAN: "Perdimos aquella batalla, Antonio, pero ganamos la de la coherencia y la dignidad") y los méritos artísticos del homenajeado, pero especialmente "cómo ha compartido con todos su amor por Córdoba y Málaga para darnos una lección de belleza", tal y como expresó la concejal de Cultura, Gemma del Corral, a su vez redactora del informe protocolario (respaldado por numerosos cómplices, desde el poeta José Infante hasta el director de El Mundo, Casimiro García-Abadillo, pasando por el padre Ángel García). De la Torre, que leyó un mensaje de felicitación enviado por los Reyes de España, así como diversas loas procedentes de demás aliados ausentes, ahondó en el "nexo entre Córdoba y Málaga" que encarna Antonio Gala, cuyo trabajo "nos mueve a ser mejores, a elevar el listón respecto a lo que queremos hacer". Y se dirigió al poeta en estos términos: "Este reconocimiento puede parecer pequeño en comparación con otros que posees, pero sé que lo aceptas con alegría".

La intervención de Antonio Gala, como era previsible, no escatimó en emociones: el poeta anunció que ayer había recibido "dos noticias personales gozosas. Los doctores Carmen Gálvez y Ángel González, del Hospital Reina Sofía de Córdoba, me han declarado libre del cáncer de colon que ha estado sobre mí más tiempo del debido. Y ahora recibo este reconocimiento en Málaga. La vuelta a los orígenes siempre es beneficiosa". Gala celebró "la duplicidad que suponen para mí Córdoba y Málaga. Ahora pertenezco a ambas. Suyo soy. Con la mayor naturalidad y más fuerza, la fuerza que ellas me dan. Soy más de ellas que de cualquier otro lugar. De las dos soy hijo, un hijo amante. Sólo puedo responder con amor, porque para el amor no existe otra respuesta".

Gala se refirió a sus lectores como "la familia elegida. Ellos siempre han sido mi guía y mi camino, ya a punto de acabar. Mi respuesta a su predilección es la Fundación que lleva mi nombre y la Baltasara, mi casita en el campo, en Alhaurín El Grande". Y concluyó: "Con esto creo que está bien claro con cuánto gozo celebro ser de Málaga. Adelante, entonces, no me dejéis ni cuando esté caído. Ya no me queda voz suficiente para decir cuánto os quiero, cuánto os he querido y cuánto, aunque ya no esté, os seguiré queriendo".

Para terminar el acto, Gala leyó su poema Playa de El Palo, extraído de su libro Testamento andaluz, al que había hecho mención antes Francisco de la Torre (que llegó a comparar estos versos con el poema Ciudad de Paraíso de Vicente Aleixandre en su exultación del paisaje malagueño), y que suscitó cierta consternación entre algunos de los presentes por su arrasadora reivindicación de la pasión menos comedida. Después, a modo de colofón, la cantante Clara Montes, que ha dedicado buena parte de su obra a los versos de Antonio Gala, interpretó uno de sus temas en compañía del guitarrista José Losada. Y Málaga, donde pudo haber anidado la Fundación Antonio Gala si determinados desencuentros políticos no se hubiesen producido, fue un poco más hermosa a cuenta de un hijo suyo que, claro, lo ha sido siempre.

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