Mi abuelo fue un gigante

  • Elisabeth Maisondieu-Camus, nieta de Albert Camus, participó ayer en el Centro Andaluz de las Letras en Málaga en la conmemoración del centenario del nacimiento del pensador francés

Elisabeth Maisondieu-Camus tardó en saber que su abuelo había sido escritor, y algo más de tiempo le llevó averiguar que no fue solamente "escritor y nada más"; nada más con el que esta próspera abogada parisina especializada en propiedad intelectual se refiere a la grandeza y a la hondura de un legado que trasciende el Nobel de Literatura que Albert Camus recibió en 1957 a los 44 años, tres antes de que perdiera la vida en un accidente de tráfico. "Mi madre nos contó todo eso cuando yo tenía 12 o 13 años. En esa época, eran los 80, la verdad, no se hablaba tanto de él", recuerda Maisondieu-Camus, que participó ayer en el Centro Andaluz de las Letras en Málaga en la presentación de Albert Camus: Breviario de la dignidad humana, título sugerido por su propia madre, Catherine Camus, al editor de Plataforma, el sello que publica este libro-homenaje.

"De modo que mi primera aproximación a él, siendo yo adolescente -continuó Maisondieu-Camus, que mantuvo un encuentro con la prensa horas antes de ese acto público, a veces en un tímido pero correcto español-, fue como lectora. Pero no fue hasta que tenía 30 años, que volví a leer sus libros, cuando de verdad sentí por dentro a mi abuelo". "Me emocionan mucho estos homenajes, que siento que lo son también a mis orígenes, claro. Y no sé cómo expresarlo, pero me parece muy bonita la manera de los españoles de amar a Camus. Percibo claramente que lo quieren, y por lo tanto también me siento querida", añadió la nieta del autor, una de esas escasas voces de valor sentimental incalculable que una vez descubiertas pueden acompañar toda una vida, motivo por el cual Elisenda Julibert se propuso seleccionar fragmentos de toda la obra de Camus para componer un hermoso, emocionante, cordial y límpido mosaico de su pensamiento en el mencionado volumen, cuya presentación fue organizada por el Centro Andaluz de las Letras y el Instituit Français dentro de su programa conmemorativo del centenario del nacimiento en Argel del novelista, ensayista, periodista, filósofo y dramaturgo francés, en general, por encima de fronteras y disciplinas, excepcional prosista y pensador.

En un tiempo desgarrado y escrito a golpe de mayúsculas mezquinas, Camus aborreció todos los totalitarismos en su pleno fragor, cuando no era tan fácil como ahora, lo que de hecho le acarreó soledad cuando no desprecios de sus coetáneos. Supo sin embargo, como anotó en una de las entradas de su diario de trabajo, "poseer la fuerza de escoger lo que preferimos y atenernos a ello, o si no más vale morir". Y por eso, seguramente, a pesar de su reduccionista e incompleta imagen de autor existencialista, su obra retrata a un hombre incapaz de renunciar a la luz y a la alegría de vivir, empeñado en advertirnos del error de pensar que existen unas condiciones idóneas para la felicidad, cuando lo que cuenta es tan sólo la voluntad de ser feliz. "Existe un dios, efectivamente, que es el mundo", escribe en uno de los numerosos extractos recogidos por Julibert en el libro; "para participar de su divinidad basta con decir sí".

"Todo lo que escribió es tan actual... terriblemente actual", dijo su nieta, que de sus ideas quiso destacar especialmente "su manera de preocuparse por los otros", justo porque "vivimos en una sociedad y un tiempo tan individualistas... y así nos va". De todos sus libros, si tuviera que escoger sólo uno, Maisondieu-Camus se queda con La caída, "donde están muchas de sus ideas, pero que me interesa especialmente por su cuestionamiento de lo que es ser un hombre". "Cuando eres generoso y altruista muchas veces la gente tiende a adularte demasiado, pero en realidad no hay que estar orgulloso ni presumir de ello, porque la generosidad es algo beneficioso para uno mismo": esa es su lectura de esa obra publicada tras las novelas El extranjero y La peste, los ensayos El mito de Sísifo o El hombre rebelde y las obras teatrales Calígula y Los justos.

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