¿Y ahora, qué?

  • La declaración de la Unesco es un motivo de celebración pero también entraña gran responsabilidad

Bien, los Dólmenes de Antequera ya son Patrimonio de la Humanidad. ¿Y ahora, qué? El presidente de la Diputación provincial (así como de Turismo Costa del Sol), Elías Bendodo, afirmó nada más conocerse la noticia que los Dólmenes convertirán a Antequera en un "referente turístico de primer orden". Y razón no le falta. Pero conviene empezar a mirar desde ya el enclave como algo más que una fuente de ingresos. Como ha recordado en varias ocasiones el director del centro arqueológico, Bartolomé Ruiz, la Unesco tiene tanta potestad para incluir un monumento en su Lista de Patrimonio Mundial como para sacarla de la misma, lo que se traduce en una enorme responsabilidad. Existe un proceso reversible que es la Lista del Patrimonio en Peligro de la Unesco, a donde van a parar los bienes que perdieron los valores por los que ingresaron en la Lista Representativa. En el actual encuentro de Estambul, el Comité de Patrimonio Mundial ya ha enviado a esta lista, por ejemplo, los cinco enclaves de Libia que tenían la condecoración de Patrimonio Mundial de la Humanidad. Pero el retroceso en este sentido no es un suceso exclusivo de países en conflicto: el centro histórico de la ciudad alemana de Dresde perdió la misma categoría a cuenta de un nuevo puente cuya construcción desaconsejó vivamente la Unesco.

Que algo así suceda con los Dólmenes resulta improbable. Pero cabe recordar que el Icomos emitió su informe favorable con la condición de que se realizaran mejoras en la zona industrial cercana a los monumentos y de que se redujera en altura la futura sede del Museo de los Dólmenes. Tanto el Ayuntamiento de Antequera como la Junta de Andalucía han introducido las modificaciones necesarias para que estas actuaciones se lleven a cabo, pero las mejoras que pueden aplicarse en el entorno son muchas más. El cuidado, mantenimiento y adecuación de los Dólmenes es ahora una exigencia mucho mayor que será vigilada de cerca por la Unesco. Y los deslices aquí pueden salir caros.

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