De un ajuste de cuentas

  • Juan Madrid presentó ayer en el CAL 'El rey del mar', novela de aventuras deudora de Salgari en la que el autor reivindica la memoria de su agridulce infancia malagueña

A menudo evoca Juan Madrid (Málaga, 1947) en entrevistas y en su propia obra su infancia malagueña, una existencia primeriza dura en una posguerra sellada por el hambre, en unos callejones del Perchel poco dados a la inspiración por más que cierto folclore se empeñara (y se empeñe, aún) en lo contrario. Con su padre preso en el penal del Puerto de Santa María y una familia castigada severamente por el régimen, la literatura constituía uno de los pocos focos de humanidad de que podía disponer aquel chaval. En más de una ocasión lo ha admitido el autor de novelas como Bares nocturnos, Huida al sur, Tánger y Días contados, maestro absoluto de la novela negra española y periodista fundamental de la Transición en los (buenos) tiempos de Cambio 16: "Aquellos libros me sacaron de la calle". Aquellos libros eran los de Emilio Salgari, los de Jack London, los de Robert L. Stevenson. Tanto a ellos como a aquel niño que logró mantener vivo al pirata con el paso del tiempo dedica su última novela, El rey del mar (Edebé), que presentó ayer en la sede malagueña del Centro Andaluz de las Letras (CAL) ante un nutrido grupo de estudiantes de enseñanza secundaria.

"Para ellos, esta novela es un libro de aventuras, y eso es exactamente", explicó Madrid tras el encuentro con los chavales. "O una novela juvenil, como le dicen ahora". Pero, a la vez, El rey del mar, tan autobiográfica como evocadora de los paisajes más exóticos, encierra "la memoria de mi tiempo, la de la Málaga de posguerra. Una de las funciones de la literatura es de la de crear memoria, y a eso me dedico ahora". En ese trasunto entre lo vivido y lo soñado, la ficción hace acto de presencia ligada al recuerdo: en la vida de los protagonistas, donde no faltan ni el hallazgo de la literatura como tabla de salvación ni la vocación del escritor, irrumpe Salvador, un pescador con muchas vidas y mucho mar a sus espaldas, que, al modo de un demiurgo, invoca las historias de piratas en las que se huele, decididamente, el aroma de Emilio Salgari, "pero también de Pío Baroja; ya me he acercado con otros libros a La lucha por la vida, y ahora lo hago a Shanti Andía".

No es la primera vez, ni mucho menos, que Juan Madrid aborda el género de aventuras. Ya publicó en 2002 El hijo de Sandokán, y en 2009 llegaron Los piratas del Ranghum y En el mar de China. El rey del mar forma parte de una serie de cuatro libros "que pueden leerse como uno entero y que están dedicados fundamentalmente a la memoria". También Bares nocturnos (2009), última entrega hasta el momento de las desventuras de Toni Romano, se integra en la misma, así como la novela en la que trabaja actualmente el malagueño y que verá la luz el año que viene. "Soy un artesano. Un artesano que cuenta historias", señala.

Mientras, el cine ha vuelto a llamar a la puerta de Juan Madrid. Y de manos de un grande, Álex de la Iglesia, que le encargó un guión "que comenzará a rodarse en mayo y del que sólo te puedo adelantar por ahora que se trata de una comedia salvaje. Álex está buscando productores y luego habrá que buscar el dinero, porque hoy en día los productores ya no lo tienen". Madrid, que dirigió en 2003 Tánger, basada en su propia novela, y que ha adaptado como guionista otras obras suyas al cine (Días contados, dirigida en 1993 por Imanol Uribe) y a la televisión (Brigada Central), es profesor de cine en varias instituciones europeas y americanas. Pero habla siempre con la pasión de aquel niño. Con el mundo por conquistar.

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