Opinión

La alegría de una Fundación

UNA de las mayores alegrías que me ha proporcionado Sevilla ha sido la creación de la Fundación José Manuel Lara. Para mí fue una verdadera sorpresa que al lado de nombres tan prstigiosos como los de Antonio Domínguez Ortiz, Manuel Alvar, Emilio Lledó, Antonio Prieto, y otras personalidades del mundo de la cultura en Andalucía, figurase yo como patrono de la recién creada Fundación.

No me podía creer que por fin dispusiéramos en Sevilla de una institución tan bien dotada económicamente y con unas posibilidades de acción como nunca hubiera soñado. Aún no estaba rehabilitada la que sería su sede en la calle Fabiola, la casa palacio donde naciera el cardenal Wiseman, pero en muy poco tiempo la sede recuperaría todo su esplendor : el espacioso patio con sus arcos y suelo de mármol blanco y negro, la amplia escalera, el salón con su rico artesonado, y otras dependencias, unas íntimas y otras más funcionales.

Allí tuvimos muchas reuniones para programar las actividades de la Fundación, y a muchas de ellas acudió José Manuel Lara, al que yo veía como un gran hombre, no sólo en su tamaño físico, alto, grueso, sino espiritualmente, entusiasta y lleno de amor por Sevilla, y satisfecho por llevar a cabo lo que había sido la ilusión de su padre. Lo acompañaba en muchas ocasiones, como patrona de la Fundación, su mujer, Consuelo, que se mostraba tan entusiasta como él.

En una de estas reuniones propuse la creación de la colección Vandalia para poner la importancia de la poesía andaluza desde el siglo XX, propuesta que fue acogida unánimamente. En ella han aparecido títulos de Juan Ramón Jiménez, Manuel Altolaguirre, José María Hinojosa, Julia Cuerda, antologías, y un largo etcétera, que han sido objeto de premios y reconocimientos. Espero que, tras la desaparición de este gigante de la cultura, la Fundación que él creó tan amorosamente siga produciendo los frutos que Andalucía se merece.

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