El amor y sus sonidos de tormenta

  • El libro 'Ellos y ellas' reinterpreta en forma de relatos las tempestuosas relaciones que se dieron entre directores y actrices, parejas como Rita Hayworth y Orson Welles o John Cassavetes y Gena Rowlands

La historia del cine se esconde en el rostro de una mujer. No es más que la repetición, con variantes, de un mismo y desesperado proceso: la observación de los movimientos de un personaje femenino, aun sabiendo que las acciones registradas por la cámara serán inaprensibles en toda su magnitud, seguirán siendo portadoras del misterio que implica la vida. En diferentes décadas y geografías, en producciones mudas o sonoras, algún director se sumerge, desde la curiosidad que impone la  extrañeza ante el mundo, en los abismos inabarcables de lo humano. Y en el proceso siempre le acompaña alguna actriz, y entre ellos se crea un vínculo poderoso, una dependencia emocional a menudo devastadora. La lista de nombres podría ser interminable, pero el libro Ellos y ellas. Relaciones de amor, lujuria y odio entre directores y estrellas ha elegido unos cuantos ejemplos de estas alianzas fílmicas que dieron que hablar tanto por los momentos sublimes de sus cintas como por las escenas, también potentes, de sus vidas. Josef von Sternberg y Marlene Dietrich, Rossellini e Ingrid Bergman, Bergman (esta vez Ingmar) y Liv Ullmann, John Cassavetes y Gena Rowlands, Claude Chabrol e Isabelle Huppert, Woody Allen y Mia Farrow... Y Hitchcock y su estudiada debilidad por las rubias.

Inspirado por una mítica consigna de Godard, que defendía que "para hacer una película no hacen falta más que una pistola y una mujer", y consciente de que ésta sería quien acabaría empuñando el arma, el editor Hilario J. Rodríguez decidió realizar "un ejercicio de audacia" destinado a reconstruir "una peculiar historia del cine" tomando esas intimidades de realizadores e intérpretes como punto de partida. Para ello, embarcó en el proyecto a una veintena de autores entre los que destacan José María Conget, Óscar Esquivias, Marta Sanz y Care Santos. El libro, publicado por Calamar Ediciones junto con el Festival de Cine de Huesca, explora así la relación visceral y compleja que tuvieron en el plató esos hombres y mujeres. Los directores "experimentaron diferentes formas de amor con sus actrices, a medida que éstas cambiaban y a medida que cambiaban sus personajes en la pantalla. Formaron parejas de todo tipo: sólidas, entrañables, rocambolescas, desesperadas... Sus romances cambiaron el star system, las modas e incluso las conductas sociales", exponen Hilario J. Rodríguez y Carlos Tejeda al comienzo de la publicación.

No todas las parejas artísticas recogidas en este libro entablaron una relación sentimental. La obra, por ejemplo, se acerca al tándem George Cukor-Katharine Hepburn de la mano de José María Conget. "Nunca fueron amantes: él era gay y ella, lejos de la imagen de virgen deserotizada que algunas voces sugerían -se ha llegado incluso a negar su intimidad física con Spencer Tracy a lo largo del cuarto de siglo de su relación-, se embarcó en aventuras amorosas con su agente, con Howard Hughes, John Ford y George Stevens entre otros, y nunca representó el tipo de ensoñadora que se deja fascinar por los encantos intelectuales de un homosexual distinguido según el modelo bloomsburiano de la Carrington y Lytton Strachey. Ni hubo vampirismo en sus colaboraciones, ni ella encarnó a la musa y Cukor al maestro", sostiene el autor aragonés afincado en Sevilla. Entre Cukor y Hepburn se dio una sólida camaradería, pese a que, en el rodaje de Las cuatro hermanitas, él le propinara una bofetada a ella. "Hoy cuesta entender que su amistad, que empezaba a solidificarse, resistiera la afrenta, pero quizás los directores de antaño, como los padres y los maestros de la misma época, se sabían con licencia para la agresión", cuenta Conget.

Pero en Ellos y ellas predominan los capítulos tempestuosos. Como señalan los editores, los idilios "que más nos seducen son los tormentosos, los extravagantes, los que se salen de lo corriente". Rita Hayworth rememoraría de la convivencia junto a Orson Welles que sus discusiones "comenzaban al amanecer, él me golpeaba con la almohada y yo le lanzaba cualquier cosa que tuviera a mano; gracias a Dios, tenía mala puntería y nunca logré darle en la cara". Miguel Ángel Muñoz presta su prosa a John Cassavetes para escribir una conmovedora declaración de amor a Gena Rowlands, que desprende la verdad y la violencia de su amor y sus trabajos. "Pusimos en nuestras películas todo lo que teníamos. Financiamos con nuestra vida doméstica cada proyecto loco en el que me embarqué. Siempre me acompañaste. Hasta el final. Éramos una buena pareja. Una pareja off-Hollywood. Nos envidiaron. Nos despreciaron". Bergman, en la voz de Silvia Rins, también se confiesa a Liv Ullmann. "Conseguimos tal dolorosa conexión durante nuestro destierro amoroso que te llevaste una parte de mí. Yo te hice fuerte, dura, independiente. Tú me revelaste mis debilidades y mi dependencia afectiva".

Mientras, Hitchcock revive en el fragmento que le dedica Patricia Esteban Erlés -que toma la estructura de la entrevista entre Truffaut y el autor de Vértigo- para justificarse por el miedo que hacía pasar a sus actrices. "Tengo la certeza de que las rubias como más hermosas están es asustadas", se jacta el realizador, que en esta ficción reconoce que quiso "ir más lejos. Quise que todas estuvieran igual de radiantes, con sus ojos azules muy abiertos y llenos de pavor".

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