Y el ángel se hizo animal

  • El Museo Picasso exhibe por primera vez en España el lienzo del artista malagueño 'Langosta y gato', realizado en 1965 y prestado hasta enero por el Guggenheim de Nueva York dentro del programa 'El museo invitado'

En cada cuadro de Pablo Picasso conviven, como si de un fenómeno cuántico se tratase, todas las historias posibles. Así, su pintura Langosta y gato, realizada en 1965, representa a estos dos animales dentro de una escena doméstica próxima al bodegón. Ambos se disponen en evidente posición de ataque aunque el conjunto es caricaturesco y humorístico, cercano a las series de dibujos animados de Hanna-Barbera y la Warner Bros. que la televisión había popularizado en EEUU ya desde la década anterior (piensen en Tom y Jerry y similares y acertarán). Pero también esconde este hermoso cuadro una historia de amistad. Ahora, el malagueño tiene la oportunidad de descubrirlas todas en el Museo Picasso Málaga, donde se exhibe esta obra, por primera vez en España, gracias al préstamo del Museo Guggenheim de Nueva York, promovido por el ciclo de la pinacoteca malagueña El museo invitado.

Langosta y gato es una de las joyas de la Colección Thannhauser del museo neoyorquino, donde actualmente se expone (dentro de la exposición Picasso en blanco y negro, comisariada por la que fuera la primera directora del Museo Picasso Málaga, Carmen Giménez), a modo de intercambio, la obra de Picasso Acrobat, propiedad de la familia Ruiz-Picasso y custodiada en el Palacio de Buenavista como préstamo a largo plazo. Tal y como explicó ayer el director del Museo Picasso, José Lebrero (quien presentó la pintura junto a la secretaria general de Cultura de la Consejería del ramo de la Junta de Andalucía, Montse Reyes), Julius Thannhauser, mentor de la citada colección, desarrolló una labor fundamental en la promoción del arte en Alemania durante la primera mitad del siglo XX: heredó de su padre, Heinrich Thannhauser, la Moderne Galerie de Munich y ya en el temprano 1913 celebró en la misma una exposición dedicada a Picasso. Entonces nació una amistad que se mantendría intacta hasta la muerte del mecenas, a finales de los años 60 (el lienzo de Langosta y gato presenta en una esquina la dedicatoria de Pablo Picasso a Julius Thanhausser, un detalle jugoso para fetichistas). En 1963, el mismo Julius Thannhauser legó al Guggenheim una importante colección de arte moderno francés que incluía más de treinta obras del malagueño. Eso sí, Langosta y gato llegó a Nueva York bastante más tarde, ya que formaba parte de la donación que hizo en 1991 su viuda, Hilde Thannhauser, a su vez antigua colaboradora de Heinrich Thannhauser en la Moderne Galerie de Munich. Según apuntó Lebrero, Julius Thannhauser impuso al Guggenheim unas condiciones "muy estrictas" para las piezas de su colección en lo que a préstamos se refería, lo que confiere aún más trascendencia al hecho de que esta obra pueda verse ahora en Málaga.

Dentro de su carácter dinámico, con un sentido del movimiento cercano a la directa intención tridimensional, no pocos críticos han establecido vínculos de influencia entre este cuadro de Picasso y La raya, el bodegón que pintó Jean-Baptiste-Simeón Chardin en 1728 y que actualmente se conserva en el Museo del Louvre. Lo cierto es que esta obra, aparentemente costumbrista, obsesionó a no pocos artistas franceses de la primera mitad del siglo XX por el modo en que su autor buscaba una respuesta directa en el observante a través del gato que aparece en escena, con el lomo erizado y en posición de ataque, asustado por algún imprevisto. Frente a la actitud contemplativa que habitualmente requieren los bodegones (y que se travistió de intelectualidad a comienzos del siglo XX con la intromisión del cubismo), Chardin buscaba una reacción espontánea, exenta de interpretación y de bagaje cultural, auténtica, infantil: la risa (inocente, aún, en el siglo XVIII) de quien ve al gato en una reacción semejante. No es extraño que Picasso, que también encontraba (recordemos, él no buscaba) respuestas inmediatas en su público, nacidas de la tripas y no de la inteligencia, asumiera el modelo de Chardin. Como apuntó Lebrero, el gato del francés "es más antiguo". Picasso, claro, pretendía a sus 84 años cultivar el humor de su tiempo, el de la extraña década de los 60.

El Guggenheim de Nueva York es el segundo museo invitado del Picasso después de otro mucho más cercano (en la distancia, al menos, aunque no tanto en la posibilidad de verlo): el Museo de Bellas Artes de Málaga. Langosta y gato se expone en la sala XI, que, junto a otras obras de la colección permanente, ha adoptado el argumento común de las bestias y los animales en la obra de Picasso. No sólo de ángeles viven los genios (ni los demonios).

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