30 años con Mario Pacheco

Este arte le debe mucho, más allá de la afortunada etiqueta Los nuevos flamencos. Discos imprescindibles de Morente, Pata Negra, Pepe Habichuela, Ketama, Aurora, El Francés, etcétera. Una buena muestra de ello está recogida en este recopilatorio, que se extiende, lógicamente, a otras regiones sonoras que transitó Pacheco. El hombre se fue hace dos años. La obra quedará. Los flamencos, que desde el franquismo hubieron de travestirse para sobrevivir, para vender, travestirse de colores étnicos, lunares y aire cañí (en su versión casposa me refiero, naturalmente), cuando a lo largo de la historia de este país han sido los pioneros, no sólo de las nuevas tecnologías, sino de las sucesivas oleadas estéticas que hubimos de padecer, pudieron salir a la calle, en plenos años 80, con sus chupas de cuero, sus cabellos en punta y sus peinetas de fantasía. Eso es algo que, en gran medida, los flamencos debemos a Mario Pacheco: ese proceso de normalización. El flamenco, igual que ayer, como siempre, volvió a tomarle el pulso a la calle y situarse a la vanguardia musical y estética. Sólo por haber propiciado A Mandeli, Me quedo en Sevilla, Estoy mala, Alegría de vivir, Al Niño Miguel, Ya no quiero tu querer, Besos de caramelo, Nana de colores o tantos otros himnos, ya deberíamos estarle eternamente agradecidos. Este disco es un testimonio de lo que pasó: tres horas con Mario Pacheco.

VVII Recopilado por María Pacheco y Paul Hurtado de Mendoza. Nuevos Medios

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