"Las aportaciones artísticas sólo valen la pena desde la sinceridad"

  • El maestro del jazz afrocubano compartirá escenario con el francés Richard Galliano el próximo miércoles 12, dentro del Festival de Jazz, en un encuentro de alto voltaje

Desde que Charlie Haden y Dizzy Gillespie se fijaran en él, Gonzalo Rubalcaba (La Habana, 1963) ha trazado una de las carreras más sorprendentes del jazz contemporáneo. Su versatilidad e imaginación le han convertido en personaje reclamado e imprescindible para los más dispares creadores musicales. En 2001 obtuvo el Grammy al mejor disco de jazz latino por Supernova. Desde 2002 es artista residente del Festival de Montreal junto al también pianista y maestro Chucho Valdés.

-¿Cómo llegan a encontrarse un pianista cubano y un acordeonista francés?

-El concierto que llevaremos a Málaga representa el primer trabajo que Galliano realizamos de manera conjunta y amplia, con un disco y una posterior gira. Pero, anteriormente, ya habíamos coincidido a menudo en los circuitos de festivales de jazz europeos. Precisamente, hace poco recordábamos un concierto en el que tocamos juntos en el 98 en Marsala. Recuerdo que cuando el promotor me lo propuso yo desconocía por dónde caía aquello y lo imaginaba mucho más lejos. Al final, resulta que Marsala estaba en Sicilia. En aquel concierto tocó el batería Clarence Penn, que está con nosotros de nuevo en esta nueva gira. Desde entonces, Galliano y yo hemos estado observándonos mutuamente. Cuando me invitó a grabar con él un álbum en Los Ángeles le respondí que sí en seguida, aunque no sabía qué íbamos a hacer.

-¿Respondió la grabación del disco, Love day, a sus expectativas?

-Sí, desde el principio. El trabajo se desarrolló a la manera tradicional dentro del mundo jazzístico. Sólo ensayamos en el estudio de grabación, en el mismo sitio en el que luego se registró todo. Teníamos curiosidad por ver lo que ocurría, y la verdad es que la unión funcionó tan fluidamente que en dos o tres días ya teníamos lista la grabación. Justo entonces decidimos hacer una gira para promocionar el disco, teníamos claro que aquello no podía quedarse ahí. Desafortunadamente, Charlie Haden, que participó en la grabación como parte del cuarteto, sólo pudo tocar con nosotros en unos cuantos conciertos. La formación responsable de Love day no es exactamente la que se puede ver hoy en directo, pero el espíritu es el mismo. Desde luego, nos lo pasamos igual de bien.

-¿En qué medida hay que ceder dentro de la propia técnica cuando se comparte trabajo con lenguajes jazzísticos distintos?

-En mi opinión, las aportaciones artísticas, de una manera general, sólo valen la pena desde la sinceridad, desde la realidad de lo que cada uno es. Cuando se producen encuentros como el nuestro, de la misma forma, la única manera de aportar algo artísticamente válido es desde la sinceridad. Galliano, que compuso toda la música del álbum, lo quiso así desde el principio, y así lo entendimos todos. Love day traza la historia de un día completo en la vida de una persona, desde que suena el despertador y se levanta hasta que se acuesta. Las doce piezas del disco hacen referencia a las doce días de esa jornada. Se trata de un trabajo muy fino, de una percepción y sensibilidad excepcionales, aparentemente poco complejo pero muy rico a la hora de construir la emoción que pretende en la partitura. Los músicos que participamos en el proyecto comprendimos la intención de Galliano y nos pusimos al servicio de esta experiencia, cada uno desde su propio espacio, siendo honestamente lo que se es. La creación del compositor fue lo que nos permitió entendernos. Sólo desde la comprensión de la composición se justifican las individualidades.

-A menudo ha colaborado también con músicos que poco o nada tienen que ver con el jazz. ¿Resulta más difícil sintonizar?

-Es una cuestión de disposición, de actitud. Creo que un músico, sean cuales sean el instrumento que toque y el género que practique, debe estar dispuesto a aprender en cualquier circunstancia. Si se tiene siempre este ánimo, entonces sí resulta sencillo sintonizar con cualquier músico. Particularmente, puedo decir que cuando he colaborado con cantantes y músicos alejados del jazz me he enterado de cosas que a menudo, a través de los círculos académicos habituales, no he llegado a descubrir de una manera más natural. En realidad, cuando participas en un proyecto que a priori parece alejado de tus intereses estás dándote una oportunidad para descubrir otro lado de ti, para asumir que, de alguna manera, también formas parte de ello. Lo que seas capaz de aportar y lo que seas capaz de llevarte contiene todo el valor posible de la experiencia. Tocar para o con músicos ajenos al jazz representa para mí una especie de termómetro, una escala que me permite conocer la medida en que estoy preparado o no para responder a otras necesidades estéticas. Y siempre, siempre me he terminado enriqueciendo. Pero así es la música. Si no se pusiera en juego esa riqueza, no tendría sentido.

-Para terminar, ¿qué proyectos le esperan después de la gira con Richard Galliano?

-Tengo muchas ideas entre manos. Este año he hecho unas cuantas cosas con el quinteto Avatar y tenemos ganas de seguir dando conciertos. Para el año que viene, además, estoy preparando una nueva gira en Europa con un cuarteto en el que estará Dave Holland. Ya tocamos juntos en algunas ocasiones, en el Festival de Monterrey y en Newport, y durante octubre y noviembre de 2009 visitaremos varias ciudades europeas. Se trata de una iniciativa bastante seria, no lo hacemos únicamente por pasar un buen rato juntos: cada uno de nosotros ha compuesto música específicamente para el proyecto y a partir de ahora tendremos que ordenar todas esas ideas. Es un trabajo apasionante, no sólo por la oportunidad de tocar con músicos excepcionales sino por el reto que supone reunir ideas dispares para un único cuarteto.

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