Una apuesta por el legado musical andalusí

VII Festival de Música Antigua de Málaga. Lugar: Sala María Cristina. Fecha: 27 de junio de 2011. Músicos: Amin Chaachoo (voz y violín), Mehdi Chaachoo (laúd y coro), Youssef Mezgheldi (qanun, laúd y coro), y Utzman M'rini. (derbuka y coro). Repertorio: Preludio instrumental en el modo Al-Istihlál; pieza vocal-instrumental en el modo Al-Istihlál; pieza vocal-instrumental en el modo Al-Hiyáz Al-Kabír; pieza vocal-instrumental en el modo Al-Máya; y canciones populares de Tetuán en modo andalusí e inspirada en el corpus patrimonial andalusí. Aforo: Unas cuarenta personas.

Desde el pasado lunes y hasta el próximo viernes 8 de julio tiene lugar la séptima edición del Festival de Música Antigua organizado por la Orquesta Filarmónica de Málaga. Un total de diez conciertos que, a diferencia de otros años, se celebran íntegramente en la Sala María Cristina.

El amplio programa abarca un lapso temporal que va desde la Edad Media hasta el Barroco y acoge diversas tradiciones musicales, muy distintas entre sí, pero que tienen en la figura renacentista de Tomás Luis de Victoria, de cuya muerte se cumplen cuatrocientos años, el referente de sentido de todo el ciclo.

La formación Asmir Ensemble fue la encargada el lunes de abrir el festival. Dedicada a rescatar y difundir el patrimonio musical de Al-Andalus, la Asmir Ensemble ofreció una representativa muestra del legado andalusí que ha sobrevivido desde el siglo XVI en las ciudades del norte de África, como Argel, Orán, Fez y, muy especialmente, Tetuán, de donde son originarios sus músicos.

Una herencia cultural que ha sido transmitida con la fidelidad de la que sólo son capaces las comunidades exiliadas, permitiendo que lleguen a nosotros sus modos y construcciones originales casi intactas.

El conjunto tetuaní - formado por violín, qanun, laúd y derbuka- ofreció una estupenda selección de composiciones instrumentales y vocales, en las que estaban representados los distintos modos musicales (cada uno de los cuales corresponde a un estado anímico y espiritual), así como los diversos movimientos rítmicos tradicionales.

Esta antología, necesariamente fragmentaria, dada la extensión de las nawbas andalusíes, que pueden alcanzar varias horas, fue suficiente para percibir en la cadencia de sus voces y delicada instrumentación el refinamiento y la riqueza originaria de una música que se nutre tanto de fuentes orientales como de las culturas ibéricas preislámicas.

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