Artes escénicas Dos genios en una anatomía

El arte de arrojar peladillas

  • José María Pou desgranó ayer en el Teatro Cánovas su construcción del personaje Orson Welles para la obra 'Su seguro servidor', que interpreta hoy y mañana

Y en esto el protagonista del encuentro dice a su audiencia, formada en su mayor parte por estudiantes de arte dramático: "El trabajo del actor siempre me ha recordado mucho a los padrinos de las bodas y los bautizos, al menos a los de antiguamente, cuando, una vez acabada la ceremonia, se ponían en la puerta de la iglesia a arrojar peladillas. Un actor hace exactamente eso, pero con ideas: las arroja desde el escenario y caen al público, y a menudo los espectadores no son conscientes de que las llevan encima. Pero luego llegan a su casa, se quitan el abrigo y las ideas siguen ahí, calando, haciendo lo suyo". Como le ocurría a Shakespeare, José María Pou, actor fundamental de la escena española, tiene la virtud de decir bien las cosas. Por eso, su intervención ayer en el Teatro Cánovas, previa a la representación hoy y mañana en el mismo escenario (a las 21:00) de la obra Su seguro servidor, Orson Welles y en la que desgranó el proceso que siguió para la construcción del personaje, se convirtió en una clase magistral abrumadora en cuanto a teatro y humanidad. El acto, programa dentro de la Escuela de Espectadores del mismo Cánovas, se convirtió así en un auténtico regalo.

Su seguro servidor, Orson Welles es una obra de Richard France dirigida por Esteve Riambau, quien recibió el texto del propio autor norteamericano "por si a algún actor español le podía interesar". Cuando Riambau, afamado crítico cinematográfico, profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona y desde hace dos días director de la Filmoteca de Cataluña, ofreció a Pou la posibilidad de encarnar a Welles, el actor catalán se encontraba metido de lleno en El Rey Lear de Calixto Bieito y lo tenía todo listo para montar justo después La cabra de Edward Albee, que le valió el Premio Nacional de Teatro en 2006. "La idea no me entusiasmaba mucho, pero nada más leer el texto llamé a Riambau y le dije que sí, que lo haría; sólo le pedí que esperara tres años, y lo hizo".

En Su seguro servidor, Pou interpreta a un Orson Welles crepuscular. El afamado director, arruinado, trabajaba todas las mañanas en un estudio de grabación en Los Ángeles, donde prestaba su voz a anuncios de radio "de cualquier cosa, desde laxantes a comida para perros". La obra transcurre durante la mañana siguiente a su 70 cumpleaños; la noche anterior, un joven Steven Spielberg que disfrutaba las mieles de la gloria le ofreció una fiesta sorpresa y el director de Sed de mal aprovechó la ocasión, ni corto ni perezoso, para pedir a la fulgurante estrella una cantidad de dinero que le permitiera concluir el rodaje de su anhelado Don Quijote en sólo dos semanas. Spielberg le aseguró que lo pensaría durante la noche y que a la mañana siguiente tendría una respuesta. "La historia deja bien claro que la misma fue negativa. Welles murió seis meses después y entonces Spielberg pagó unafortuna para adquirir el Oscar que había ganado por el guión de Ciudadano Kane", subrayó ayer Pou, quien insistió en que "todo en esta obra es absolutamente real: no hay ni una sola palabra que salga de la boca del personaje que no esté documentada en una de las muchas entrevistas que concedió".

El proceso que siguió Pou para convertirse en tan insigne fracasado quedó recogido en el documental Máscaras, dirigido por el propio Riambau y Elisabet Cabeza. Pero el actor, que aprendió el papel (como suele) en voz alta y paseando por las calles de Barcelona, distinguió sus claves con generosidad: "Todo cambió cuando decidimos no obsesionarnos con la idea de representar a Welles. Viendo Campanadas a medianoche, lo vi claro: ¡Welles es Falstaff! ¡Él mismo lo dijo! Convertimos al genio en un personaje de Shakespeare. Y resultó".

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