Coleccionistas La adquisición privada de obras en Málaga

Cuando el arte es una joya en posesión

  • Cuatro coleccionistas de pintura, escultura y fotografía relatan su afición, costosa, con mucho tiempo invertido y convertida para algunos en auténtica obsesión

Una casa puede ser un hogar, un lugar de tránsito o un espacio concebido para el arte. En Málaga son pocos los que se decantan por esta última opción, una afición costosa pero plenamente satisfactoria para quienes la ejercen. Cuatro coleccionistas relatan el proceso de adquisición periódica de piezas, su devoción por el arte, el contacto con galeristas, los viajes en busca de exposiciones y ferias, y el recelo con el que custodian sus joyas.

Tecla Lumbreras, gestora cultural y profesora de Comunicación Audiovisual y Publicidad de la UMA saca a colación una cita de Picasso: "¿qué es en el fondo un pintor? Es un coleccionista que quiere crear una colección haciendo él mismo los cuadros que le gustan de otros". Y acto seguido remite a Juan Pablo Wert y Miguel Morán y su artículo Algunos casos de coleccionismo militante en el siglo XX para invertir los términos: "¿qué es un coleccionista? Un pintor al que curiosamente ya le han pintado otros los cuadros que quería pintar y al que, por tanto, sólo le queda comprarlos". La definición esconde a artistas frustrados pero deja fuera a auténticos acumuladores de arte y a estudiosos del proceso creativo.

francisco palma

Para Francisco Palma, el coleccionismo es un acto compulsivo, una suerte de vicio, "como la ludopatía, aseguras que no vas a comprar y luego compras aunque te endeudas", confiesa. Después de 30 años de adicción, este economista atesora en su poder más un millar de piezas entre pintura, escultura, pequeños objetos y fotografía. Se le considera el mayor coleccionista de arte en la provincia, aunque de la totalidad de sus posesiones tan sólo tiene expuestas unas quince obras. El resto está almacenado y embalado en su casa, en las distintas oficinas que tiene en Málaga, en una nave en Madrid y como depósito en las galerías de arte con las que mantiene contacto.

Palma reconoce que la mayoría de las veces compra por impulso y se deja llevar por las sugerencias de sus galeristas de confianza. Entre sus tesoros más exclusivos figura una escultura de Franz West que adquirió en la galería Bärbel Grässlin (Fráncfort) hace cinco años por 200.000 euros. "Me gusta mucho ese artista. Tengo la pieza en casa pero la voy a quitar porque es demasiado grande, mide dos metros, tiene una estructura de metal, encajada en un mesa y sentada sobre una peana. Es un poco extraña pero me gusta mucho. La mandaré a Madrid para que me la guarden", relata.

En la dinámica de adquirir arte casi por acto reflejo, Palma confiesa que muchas veces compra por Internet cuadros que no ha llegado a ver nunca. "Si el galerista sabe tus gustos te recomienda. Cuando ve que quedan pocas piezas de la exposición me llama, y yo le digo: elige tú". Se decanta por el arte abstracto y las firmas foráneas. "Suelo comprar en Alemania e Inglaterra. La pintura es más barata que en España, te hacen mayores descuentos", afirma.

Colecciona cuadros de artistas como Juan Uslé, Guillermo Pérez Villalta , José María Sicilia, del alemán Günter Forg y, de un tiempo a esta parte siente una especie de "fobia" por un cuadro de gran formato de Miguel Barceló que cuelga en una de sus habitaciones preferidas de la casa. Lo adquirió en 1988 a través de la galería Soledad Lorenzo. "Y ya me aburre", lamenta. Su próxima adquisición será en la prestigiosa galería Gagosian un cuadro de un artista alemán por 120.000 euros. Francisco Palma ha recibido propuestas para exponer su colección pero reconoce que siente cierto pudor. "Sé que es un bautismo que tengo que hacer, porque los cuadros están para que se vean", admite.

benjamín escobar

El hobby de Benjamín Escobar (médico de profesión) adquirió mimbres serios cuando hace 25 años comenzó su colección con un cuadro adquirido en la galería Magda Belloti. Hoy comparte esta debilidad con su mujer (que trabaja como economista), juntos recorren los principales encuentros de arte desde Basilea hasta Venecia, pasando por ARCO en busca de nuevos descubrimientos de la creación contemporánea o nuevos "flechazos", como le gusta definir.

Entre pintura (la mayoría), escultura y fotografía posee unas 130 piezas, muchas de ellas habitando las paredes y los pocos rincones libres de su casa. "No colecciono para cuantificar, compro lo que me gusta por impulso", advierte. Siente predilección por Antonio Rojas y admira la trayectoria de Micky Leal y Juan del Junco. Precisamente la firma de éste último cuelga en su salón. "Esa pared llevaba un año vacía porque no encontraba nada que me gustase", señala.

A Escobar se le llena la boca al describir sus flechazos pero se muestra reacio a hacer balance de gastos. Apuesta por los nuevos valores, constata como se revalorizan luego en el mercado y asume el riesgo. "Me gusta tirarme al vacío, algunos artistas con el paso del tiempo no me convencen pero en el 90 por ciento de las compras he acertado", expresa. Puede presumir de intuición cuando contempla en su casa la obra de un Antonio Sosa y un Baltasar Torres, en su momento emergentes y que hoy "no se pueden comprar, tienen precios desorbitados", recuerda.

Escobar ha aprendido a apreciar la verdadera obra, se documenta, contacta con galerías (en Málaga es cliente fijo de Alfredo Viñas) y suele elegir piezas catalogadas.

Colombiano de nacimiento y malagueño de adopción, Escobar protege su patrimonio artístico porque reconoce el esfuerzo que supone y el "proyecto" que hay detrás. De ahí que tenga su colección asegurada. "Al principio no sabes lo que tienes, pero cuando te metes en el circuito, conoces su precio de mercado", argumenta. No compra por inversión, ni vende lo que tiene. Tampoco aspira a competir por un Miró o un Picasso. "Hay que ser más realista, yo soy un currante y tengo los pies en la tierra", subraya. Y puestos a soñar, "si tuviera a las Señoritas de Aviñón en mi cuarto no podría dejarlas solas ", bromea.

ángel asenjo

Con una profesión que le absorbe más tiempo del que quisiera, el arquitecto Ángel Asenjo evoca desde su estudio el origen de su afición al arte. "Me considero un pintor frustrado", confiesa. Durante su estancia formativa en Madrid llegó a matricularse en Bellas Artes y a recorrer todas las exposiciones habidas y por haber. A su regreso a Málaga a finales de los años 70 decidió apostar por la pintura malagueña de autores vivos . Por aquella época aún funcionaba el grupo El Palmo y Asenjo comenzó a adquirir obra de Brinkmann, Barbadillo y Peinado, entre otros.

"Me gusta la pintura abstracta. Empecé interesándome por el informalismo, me acerqué a El Paso y luego a la Escuela del Pacífico", rememora. Actualmente cuenta con unas 40 piezas pictóricas y últimamente ha adquirido obra gráfica de Tapies y Chillida.

"No soy un coleccionista obsesivo. Me ha gustado mucho el arte y lo he disfrutado siempre sabiendo que no lo podía adquirir", comenta. Por su estudio de arquitectura y sus casas de Málaga y Marbella se puede reconstruir el gusto artístico de Asenjo. Con más tiempo libre y recursos, desearía unificar una colección de pintura malagueña del último cuarto de siglo pasado. "Que fuera significativa de un momento creativo en Málaga", añade.

j. manuel cabra de luna

"El coleccionista ordena el mundo a través de su colección", sentencia el abogado y pintor José Manuel Cabra de Luna, habituado al arte desde el hogar materno. Cuando se inició en la compra de piezas pronto descubrió un campo más asequible a su bolsillo con la obra gráfica. Ha viajado a lugares recónditos de Italia, Holanda y Londres en busca de litografías y serigrafías acorde a sus constantes estéticas, "la geometría y la simplicidad", define.

Su centenar de grabados llevan el sello de Bourgeois, Kalder, Miró, Poliakoff y Lichtenstein, entre otros. Cabra de Luna cuelga, descuelga y castiga "de espalda a la pared" las piezas a su antojo y rinde "homenajes secretos" a un artista colocando su obra con la de su discípulo. Consciente de la delicadeza del arte en papel, se esmera en proteger su colección de la luz, coloca láminas que no filtran los rayos UVA y cortinas de museo. Ha llegado a dejar a su familia sin vacaciones para invertir el dinero en una nueva adquisición y a esperar hasta 17 años para comprar una xilografía de Sean Scully. "Yo no tengo televisor ni juego al golf, me rodeo de arte".

Cuando Cabra de Luna reflexiona sobre su afición distingue entre la sinrazón y el criterio. "No es lo mismo coleccionar que acumular arte".

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