"El artista tiene que tocar las fibras de la sociedad en la que vive"

  • La trayectoria del autor malagueño Jorge Lindell ha estado siempre vinculada a la gestación de grupos culturales, como la Peña Montmartre y Palmo · Ayer se celebró su entrada en la Academia de San Telmo

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Los sillones que dejan libres los que ya se han ido son los que dan paso a la entrada de aire nuevo en las academias. Por ello, después de la muerte de Fermín Durante, los miembros de la Academia de Bellas Artes de San Telmo solicitaron el ingreso del pintor Jorge Lindell en esta institución que se honra de ser una de las más antiguas de Europa. A pesar de las primeras reticencias, Lindell aceptó este puesto del que ayer tomaba posesión oficialmente. Oficio de pintor fue su discurso. Algo de lo que puede hablar con mucho conocimiento de causa. Lleva entregado toda una vida a esta labor.

-Ya ha comenzado su trabajo en la Academia de San Telmo, ¿cómo la ha visto desde dentro?

-Mucha gente piensa de la Academia que es un sitio donde la gente se sienta en un sillón a dormir la siesta y no es verdad. He comprobado que efectivamente se trabaja. Aunque hay poco espíritu joven.

-¿Quiénes la componen?

-La Academia está constituida por un 50% de gente que ha demostrado su valía en las artes, la arquitectura o las letras y otra mitad que, aunque más apagada, que es la que trabaja. Unos mantienen el prestigio y otros la labor.

-¿Y cuál es su labor?

-Debe de ser un elemento asesor. Debe impulsar, recomendar y velar por el patrimonio. Si se escuchara más a estas instituciones se evitarían muchos desmanes.

-¿Con qué ideas o proyectos aterriza en este puesto?

-Queremos rescatar el Premio de Pintura de la Academia y deberíamos de pelear por que el Museo de Málaga tuviera una sección de calcografía, ya que el grabado constituye también una forma de entender la vida y las ideas de un pintor y es un aspecto fundamental del arte.

-Dice lo del Museo de Málaga porque la Academia fue la impulsora de la creación de la pinacoteca...

-Sí, a esta institución pertenecen sobre el 60% ó 65% de las obras del museo. Y no tenemos sede. Creo que en el proyecto de la Aduana nos van a dejar un cuchitril y vamos a decir que no.

-Siempre ha sido un hombre organizador de colectivos.

--Sí. En mi pasado se encuentran la Peña Montmartre, el Grupo Picasso, el taller de Grabado del Pesebre, Palmo, el Ateneo... Yo entiendo que el arte no es de una sola persona sino de la conjunción de mucha gente. El artista individual está en las nubes. Considero que el artista tiene que estar conviviendo, tocando las fibras de la sociedad donde vive y aportando a la sociedad no solamente su pintura sino también ideas.

-¿Qué opina de la apuesta de Málaga por ser Capital Cultural Europea?

-Creo que todavía no están hechos los mimbres aunque ya hayamos pensado en la cesta. No hay auditorio aún, sólo existe un par de galerías de arte contemporáneo y no creo que sea una ciudad que viva la cultura. Aún falta educar más a la gente.

-Su discurso de investidura se titula Oficio de pintor. Después de tantos años dedicado a este arte, ¿qué conclusiones saca?

-No es fácil vivir del arte y habría que ensañar a pensar más que a pintar. Lo importante es trascender la realidad, y eso es lo que tiene que hacer el artista.

-Y en Málaga, ¿cómo está el panorama?

-Es bastante difícil moverse aquí porque la gente aún no está hecha al arte contemporáneo.

-¿Su tarea en la Academia de Bellas Artes quitará tiempo para su pintura?

-Yo creo que no, aunque ellos esperan que sí. Pero sigo pintando y grabando todos los días.

-¿En qué anda inmerso ahora?

-Ahora he dejado un poco más de lado la pintura y estoy haciendo dos series de grabados, una de los orishas, dioses africanos, y otra sobre Teresa de Ávila. Su poesía es de una entrega total que me parece maravillosa.

-¿Tiene ahora alguna exposición?

-Sí, una muestra que está itinerando por Marruecos. Ha pasado por Tánger y viajará a Tetuán, Mequínez, Rabat y Fez.

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