Manu sánchez. Presentador, actor y escritor

"Mi autocensura es reírme del opresor, nunca del oprimido"

  • 'Surnomal profundo' es el título del nuevo libro del humorista, que llegará al Teatro Cervantes en abril con dos funciones de su obra 'El buen dictador'

Manu Sánchez (Dos Hermanas, Sevilla, 1985), durante la entrevista. Manu Sánchez (Dos Hermanas, Sevilla, 1985), durante la entrevista.

Manu Sánchez (Dos Hermanas, Sevilla, 1985), durante la entrevista. / CARLOS gIL

Manu Sánchez (Dos Hermanas, 1985) acaba de publicar Surnormal profundo, una obra que presentó recientemente en La Térmica que planteó como una recopilación de sus editoriales radiofónicos y terminó como algo mucho más amplio , Mientras, el showman vuelve a los escenarios con su nuevo espectáculo de humor, El buen dictador, con el que regresará al Teatro Cervantes el próximo 29 de abril. Después de que las entradas para la primera función programada volaran en unas horas, se anunció otra segunda para el mismo día. "La risa no es una necesidad, sino una consecuencia", afirma.

-He leído que escribió el libro para que le dejasen de tratar como "una cara bonita, un objeto de deseo y un icono sexual". ¿Lo ha conseguido?

Debo tener mucho cuidado con lo que pienso porque sé que en cualquier momento lo voy a decir"Yo carné sólo tengo el del Betis y el de donante aunque, según el día, dicen que soy de uno o de otro"

-Está atacando mi autoestima cada vez que alguien se ríe porque he puesto en libro que soy un icono sexual, pero eso significa que la gente está sana mentalmente. Confieso que con esta obra lo que he hecho es un desnudo integral, y menos mal que he decidido hacerlo en forma de libro, porque si hubiese optado por hacerlo en forma de calendario no hubiésemos salido ganando nadie.

-Y ha ido muy bien, porque en su primer mes en la calle necesitó tres ediciones.

-Sí, por suerte, porque el mismo día que lo presentamos hubo que sacar la segunda edición. Mi primera experiencia editorial era un melón por calar ya que además de un primer libro no era el Manu que la gente podía estar esperando: de monólogos, de humor... Hemos sacado un libro con la faceta más nueva que era la más reflexiva, la de las columnas de opinión... Estamos muy contentos, lo único malo es que me veo obligado a sacar un segundo.

-En este caso parece que la balanza se ha inclinado al revés y el libro tiene un poco más de opinión y menos de humor.

-Sí, llevo 15 años ya dedicándome a entretener en la tele, en la radio o en el teatro y obviamente me dedico al humor porque es mi vida, es mi pasión. Pero me gusta complementarla con algo más de opinión, meter el dedo en la llaga, de ser incómodo a los poderosos. Mi autocensura en el humor solamente es una: reírme del opresor y nunca del oprimido. En este libro le hemos dado la vuelta a la receta: en vez de arroz con pollo es pollo con arroz.

-Parece una constante que con la edad los grandes cómicos van dejando un poco la comedia más disparatada para pasar a algo más serio, como le ha ocurrido a Woody Allen, por ejemplo.

-Puede ser que me voy haciendo un poco pureta (risas). Empecé con 16 años y ahora tengo 32, raro hubiese sido no tener una evolución personal, profesional, de intereses... Al final te va preocupando más como te van a cobrar los impuestos o como está la sanidad porque con 16 lo que quieres es ver es cuando toca el recreo. Una misma persona es diferente en distintos momentos o circunstancias y eso es buena. Esta semana la empiezo presentando el libro en Granada y el jueves vuelvo con la obra de teatro El buen dictador y ahí seguimos ofreciendo mucho humor a todo el que venga al Palacio de Congresos el jueves. Creo que lo que hemos hecho es sumarle caras al prisma pero sin renunciar a la poca vergüenza y a la risa.

-¿Qué le ha llevado ahora a escribir un libro?

-Sientes cierta responsabilidad porque tienes el privilegio de estar delante de un micro, de tener compañeros que te preguntan y van a publicar lo que opinas o de estar en un teatro que va a estar lleno. Y ahora en redes sociales también te preguntan qué opinas. Debo que tener mucho cuidado no con lo que digo, sino con lo que pienso, porque sé que en cualquier momento voy a terminar diciéndolo. En este caso, fue la radio la que me invitó a atreverme con la opinión y ahora con esto.

-Hablando de redes sociales, se ha liado bastante jaleo con su tweet sobre su defensa del acento andaluz en la serie La peste.

-Sí, son como un campo de minas: uno nunca sabe cuando va a pisar una. Dice un amigo que los gilipollas en las redes sociales son como las farmacias de guardia: hay pocos pero siempre hay uno de guardia. Por eso propongo esto de la surnormalidad: déjennos hablar a cada uno como habla cada uno, siempre dentro de las normas y la forma correcta. Que nadie confunda el hablar mal con el hablar andaluz. Pero ha coincidido que han hecho una serie de la Sevilla del siglo XVI y la hay quien se queja que los personajes sevillanos hablan con acento sevillano. Pues todos entendíamos que en Narcos hablaran con acento colombiano. Eso es lo que le da credibilidad a todo. Lo raro sería que en la Sevilla del XVI salieran con un Iphone o hablando con acento madrileño, porque son dos cosas que no sucedían. Yo decía en ese tweet que parece que no había tanto problema para entender el pseudo acento andaluz que tenía la Juani como chacha en Médico de familia o Tico en La vuelta al mundoen 80 días: el personaje más bajo no había problema pero sí cuando es un noble.

-¿Le saltó algún hater con el título de Surnormal profundo?

-Cuando anuncié el título sí, hubo algunas personas por redes, poco más de una decena, pero porque no lo habían leído bien. El sur parece que es un error de imprenta, algo que no está, y yo les pedía que lo volviesen a leer. A mí me parecía arriesgado pero además de título era un concepto más acertado de lo que pienso que el de la propia Andalucía, que es una cosa política, una cosa con fronteras, con bandera y escudo. Me apetece más defender el Sur, que es un concepto más amplio.

-Sobre el tema de la bandera, ¿se considera andalucista?

-Yo me considero un sureño convencido: aquí se vive y se entiende la vida de una forma concreta, aunque veo que es muy parecida a como la viven los canarios, los murcianos, en Ceuta, Melilla, Extremadura... Pero también los vascos. Me considero andalucista pero no como se entiende el nacionalismo ahora xenófobo, supremacista... Sino como algo más universalista.

-Empezó con 16 años como monologuista, luego presentador de televisión, actor de teatro, radio, ahora libro... ¿Es adicto al trabajo?

-Yo creo que soy adicto a este trabajo porque al dedicarte a algo que te apasiona no sabes muy bien cuando estás trabajando o cuando te estás creciendo profesionalmente. El que se dedica a algo que no le apasiona cuando suena el timbre suelta el boli y apaga el ordenador y al final aquí te ves escribiendo un domingo a las tres de la mañana y cogiendo más trabajo porque lo estás disfrutando.

-En la trilogía El rey solo, El último santo y ahora El buen dictador da vida al rey, el diablo y al político. ¿Ha dejado el peor para el final?

-Tras la radiografía caricaturesca de la monarquía y la iglesia tocaba el Estado, y ahora que parece que se queda todos los días buena tarde para la tercera guerra mundial. Está la cosa calentita, calentita: el populismo ha encontrado como llegar al poder por cauces oficiales, como ha ocurrido por Trump, tenemos también a Corea del Norte, la ultraderecha tocando pelo en Europa, el Brexit... Era buen momento para tratar desde el humor todo eso y para ello ha llegado este buen dictador que nace con vocación de oxímoron.

-Con el verbo fácil que tiene, ¿cómo es que no se ha hecho usted mismo político?

-Decía mi maestro, el Sabio de Tarifa, cuando le preguntaba yo a él eso mismo: "Sobrino, yo es que siempre he servido para trabajar". Te voy a contestar lo mismo, aunque también te digo que está muy denostada la palabra política y todos los ciudadanos, desde nuestras atalayas, hacemos política. Yo carné sólo tengo el del Betis y el de donante, aunque dependiendo el día, según a quien se le da caña, tienen claro que soy de uno o de otro... Eso es buena señal. Sí te digo otra cosa, que hace quince años me dicen que voy a estar sacando libros de opinión política y tampoco me lo hubiese creído.

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