Las aventuras del detective esqueleto

  • La Editorial SM acaba de publicar el quinto volumen de la serie protagonizada por Skulduggery Pleasant, el singular personaje creado por el irlandés Derek Landy

El nombre de Skulduggery Pleasant, el personaje creado por el escritor irlandés Derek Landy, merece una aclaración: el adjetivo Skulduggery -además de llevar enquistado el sustantivo skull: cráneo- tiene el significado de "tramposo" o, según el contexto, el de "divertido" o "encantador". Por su parte, Pleasant podría traducirse por "agradable" o "simpático", aunque asuma asimismo matices opuestos como el de "cínico" o "ingenuo": Pleasantry significa "broma". Y bien, ¿quién es esta criatura que concilia acepciones tan variopintas? Skulduggery Pleasant, rebautizado en España como el Detective Esqueleto, es esto precisamente: un esqueleto redivivo, de profesión detective, que no debe vérselas con esposas adúlteras, banqueros corruptos u ovejitas descarriadas, sino con hechiceros de diferente catadura, vampiros eternamente sedientos y zombis nada recomendables.

Acompañando al detective tenemos a Stephanie, una niña de doce años pizpireta y sabihonda, pero no redicha ni marisabidilla. Stephanie ejerce de Patito Feo que apunta maneras de cisne; también cabría verla como una moderna Cenicienta (tiene dos primas tan deslucidas como repelentes) o una Alicia del siglo XXI -con el preceptivo teléfono móvil- en un novísimo País de la Maravillas. ¿Y qué ha llevado a esta chiquilla a alternar con seres imposibles, o al menos improbables, como los arriba comentados? Stephanie era la sobrina preferida de un autor de literatura fantástica, Gordon Edgley, que al morir le deja todo su patrimonio en herencia. La niña no tardará en descubrir que las historias de su tío, incluso las más estremecedoras, no eran exactamente producto de su imaginación. El venerable Gordon Edgley había descubierto vías de acceso a otros mundos y llegado muy lejos en sus excursiones. Los más extraños seres, a la busca de algo en poder de su tío, irán tras ella; el estrambótico Skulduggery Pleasant entra en escena para echarle una mano… huesuda.

En el momento de escribir estas líneas, las aventuras del detective esqueleto han alcanzado su quinto volumen. Estos son los títulos: Detective esqueleto (2007), Jugando con fuego (2008), Los sin rostro (2009), Días oscuros (2010) y Atadurasmortales, que la Editorial SM acaba de poner en circulación. Las tramas recorren con fluidez territorios de signo vario. Hay incursiones en cosmogonías que hacen pensar en J. R. R. Tolkien: el objeto codiciado por las fuerzas del Mal es un cetro legendario forjado en un tiempo anterior a los ayeres reconocidos por la Historia; hay asimismo incursiones en realidades paralelas en donde magos y aprendices de tales imitan nuestra manera de vivir, a la manera de J. K. Rowling. No obstante, en contra de cuanto esta maraña referencial pudiera hacer pensar, Landy sienta sus reales en otras provincias reconocibles. El caso es que, en vez de en los libros de Tolkien o Rowling, estas novelas me hacen pensar en las películas de Tim Burton: el monstruo no es forzosamente de signo negativo, lo hórrido se presenta con un tono festivo, el susto es el paso previo a la sonrisa. Las aventuras del Detective esqueleto participan del carácter chistoso y doméstico que el imaginario gótico ha adquirido en ámbito anglosajón gracias, principalmente, a vistosas manifestaciones como la de Halloween.

En las novelas de Derek Landy, como en los filmes de Tim Burton, se han limado las uñas de lo incómodo. Permanecen intactas, por el contrario, las espinas de lo inquietante. Tanto Landy como Burton elaboran intrigas en las que todo es tenebroso sin ser realmente terrible (de hecho, la lectura está recomendada para chicos de doce años en adelante) y tanto uno como otro suscribirían eso de que la fantasía es una forma de diversión superior y una forma alternativa de conocimiento. El Detective Esqueleto pertenece a la misma cofradía de Bitelchús, Eduardo Manostijeras y, por supuesto, el Jack Skellington de Pesadilla antes de Navidad, entre otros personajes surgidos de la feraz imaginación de Burton. La diversión está garantizada a condición de que el lector cumpla un requisito: al abrir las páginas del libro, debe estar dispuesto a pasar al otro lado del espejo.

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