"Para bailar flamenco puro hay que andar descalzo y pasar fatigas"

  • Curtido en la calle y apadrinado por los grandes, a sus 67 años este gitano malagueño, hijo de carreteros, emprende una gira con 'Yo no sé la edad que tengo', un espectáculo hecho a su medida

De un lado están los puristas, de otro los revolucionarios... y luego está Carrete. Sin más escuela que la vida al relente, "y Dios" -apostilla- este gitano, hijo de carreteros nació un día cualquiera del año 41 en una era de Venta de Zafarraya. A los siete años ya se codeaba con la Repompa de Málaga y el Niño de Almería, en el tablao El Refugio (junto a El Pimpi). "Me daba susto el ruido y me dejaban dormir arriba donde tenían las botellas", recuerda. Han pasado 60 años y este bailaor de puro nervio emprende el próximo 31 de marzo en el Teatro Alhambra de Granada una gira con Yo no sé la edá que tengo, un espectáculo hecho a su medida, ideado por José Luis Ortiz Nuevo y que se presentó en Málaga el 7 del 7 de 2007 como arranque de la Bienal.

-¿Cómo lleva bailar con un montaje sobre su vida pensado por otros?

-Feliz. Me siento como en un cuento de hadas, como si estuviera viviendo un sueño. Ortiz Nuevo me descubrió hace unos tres años bailando con Cristina Hoyos y me dijo "A este hombre lo quiero pa mí". Él ha sido mi descubridor, ha sabido meterse dentro de mí y montar algo muy bonito. Y yo le dije, "de dos locos vamos a sacar una locura". Y así ha sido.

-¿Cual ha sido el resultado?

-Yo tenía muchas ganas de bailar por Fred Astaire y empiezo el espectáculo así. Se divide en siete partes. Primero bailo imitándolo con sombrero de copa y bastón y con las imágenes de Fred Astaire de fondo. Después hago un martinete sobre una era, descalzo. Porque yo nací en una era y me llevó el viento como el trigo (risas). Sigo con unas bulerías, tangos flamencos, un baile por tarantos, una zambra gitana, y al final vuelvo como Fred Astaire, con los nueve bailarines vestidos de pingüinos (risas).

-¿Y en qué se parece Astaire a Carrete?

-El flamenco se parece mucho al jazz y yo hago un baile mío, anónimo, que no lo he aprendido en ningún sitio. A mí no me ha enseñado la vida y Dios. Yo escucho una guitarra y el cuerpo se me revuelve. Nunca he parado de bailar y sigo. Me cuido y llevo una vida ordenada. Respeto mucho mi baile porque es mi pan. Yo me quiero mucho, estoy enamorado de Carrete y por eso me tengo que cuidar.

-Además tiene una escuela en Torremolinos con mucha fama y muchos alumnos...

-Tengo 110 alumnos de todas las edades. Para ellos el baile es como una terapia, soy el bailaor doctor (risas). Primero les enseño la cultura del flamenco, y después a bailar por bulerías, alegrías, tanguillos de Málaga... Con el flamenco no se puede aburrir nadie, es algo libre que, si te llega dentro, eres el más feliz del mundo. A mí se me da bien, tengo mucha paciencia. Aunque no es lo mismo enseñar para trabajar que para divertirse.

-¿A quién se ha arrimado para bailar como baila?

-He trabajado con Antonio El bailarín, Carmen Amaya, con Farruco. Yo los veía bailar mucho y aprendía. Luego estuve en el tablao El Jaleo veinte años con Chiquito de la Calzada, en La Línea con Camarón, Paco de Lucía y El Lebrijano. También he estado en América, en Londres, Alemania y con La Chunga en el Café Chinitas de Madrid en el 62.

-Antes de vivir del arte, ¿tuvo que pasar muchas penurias?

--Yo en los 40 me ganaba la vida limpiando zapatos, pidiendo limosnas en calle Larios y vendiendo lotería. La familia de Pepa Vargas me recogió y me llevó a calle La Puente donde me crié, en la casa de las monjas. Toda mi vida he estado en la calle y en reformatorios de donde me escapaba para bailar y volvía.

-¿Le gusta el flamenco que se baila hoy?

-Sí, hoy hay muchos medios para que se vea el talento de Joaquín Cortés y Sara Baras, pero hace cuarenta años no había nada. Aunque hoy muchos creen que bailan flamenco puro sin saber lo que es. Para bailarlo hay que andar descalzo, pasar fatigas y luego decir ahora bailo yo.

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