Más ballet que flamenco

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Lugar: Teatro Cánovas. Fecha: 28 de febrero. Dirección artística y coreografía: Rubén Olmo. Solistas: Eduardo Leal y Patricia Guerrero. Cuerpo de baile: Sara Vázquez, Ana Agraz, Marta Arias, Mónica Iglesias, Maise Márquez, Juan Carlos Cardoso, Angel Fariña, Fernando Jiménez, Alvaro Paños. Cante: Fabiola y Manuel 'El Zambullo'. Guitarras: David Carmona y Manuel de la Luz. Percusión: David 'Chupete'. Artista invitada: Pastora Galván. Aforo: unas cien personas.

El nuevo Ballet Flamenco de Andalucía llegó a Málaga el pasado martes 28 con Metáfora. Se trata de un espectáculo dividido en dos partes, sin argumento ni hilo conductor, que pretende ser un homenaje al flamenco y a las fuentes protoflamencas que, en cuestión de danza, dieron lugar al él: la escuela bolera, los bailes regionales y la danza clásica española.

Pues bien, la primera parte, la única flamenca, dejó ver una compañía con algunos detalles que limar en cuestiones de coordinación, equilibrio y compás. Son bailaores que, salvo algunas excepciones, parecen haber tenido una formación más clásica que flamenca, y eso se nota; habrá que ver si este elenco es capaz de dar nuevas figuras como ocurrió en el anterior Ballet, cantera de artistas como el bailaor gaditano El Junco. No estuvo mal la obertura, ni la taranta con el bello paso a dos de los solistas, pero en el homenaje a Matilde Coral y a la escuela sevillana de baile flamenco, las chicas dejaron ver su poca práctica con la bata de cola. La artista invitada, Pastora Galván, mostró aquí más de lo mismo, es evidente que esta escuela no es su medio habitual, pues derrochó fuerza en torso y arranques de brazos, pero las piernas no hacían su papel a la hora de levantar adecuadamente la bata, que quedaba hecha un lío en vez de extendida y majestuosa o rodeándola, según el paso. Hay que decir que la música iba muy rápida y eso no ayudaba.

Mejor estuvo Galván en las bulerías, sensual y descarada, y mostrando el lenguaje propio de la casa, es decir, movimientos acuñados por el genio de su hermano Israel. Asimismo, aceptables estuvieron los tangos. En conjunto, nada que hiciera al público -escaso, por cierto- levantarse y decir ole. Y llegó la segunda parte, larga y tediosa, toda ella compuesta por música clásica de corte nacionalista, y donde predominó la danza clásica española por encima de cualquier concepto flamenco. Pudimos ver pinceladas de escuela bolera; estilizaciones de bailes regionales como la molinera, la jota y la sardana; alusiones al baile clásico español; y lucir a Rubén Olmo sus cualidades de bailarín en una coreografía absolutamente clásica, así como interpretar la zambra de Rocío Molina, que por cuestiones de agenda no participó. Resumiendo, un montaje muy apropiado para el Ballet Español, pero en ningún caso adecuado para el Ballet Flamenco de Andalucía. Ahora que hemos conseguido que el flamenco sea nombrado Patrimonio de la Humanidad, resulta que el Ballet institucional de la Junta, pagado con dinero público, que se supone debe difundir este arte -como su propio nombre indica-, no programa flamenco. Todo un despropósito.

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