La belleza se hace escena en Luppi

  • El actor argentino protagoniza junto a Ana Labordeta y Manuel Callau 'El guía del Hermitage', que repite hoy función en el Cervantes tras la presentación de ayer

Lo verdaderamente sobrecogedor es que, en pleno cerco de Leningrado (hoy San Petersburgo), existieron ciertas luces. El museo del Hermitage fue saqueado por los nazis y sus fondos pasaron a engrosar las pinacotecas de militares como el mariscal Goering. Sin embargo, uno de los guías continuó ofreciendo visitas por el edificio, a lo largo de inmensos pasillos de paredes vacías en los que Pavel Filipovich, que así se llamaba, ilustraba sobre las obras de arte sustraídas. El episodio fue investigado por la periodista catalana Margarita Roig e inspiró al dramaturgo para escribir la obra El guía del Hermitage, que tuvo ayer su primera representación para el Festival de Teatro en el Cervantes y repetirá hoy bajo la dirección de Jorge Eines. En el reparto figuran Ana Labordeta (a la que pudo verse el año pasado en el mismo certamen en Un Picasso, junto a José Sacristán), Manuel Callau y el argentino Federico Luppi, que regresó a las tablas con este montaje, estrenado en Santander el pasado octubre, después de diez años de dedicación exclusiva al cine.

Precisamente, Luppi habló en octubre del "respeto" que le imponía volver al teatro, y ayer explicó que en realidad quería decir "miedo". Pero la lectura de la obra, galardonada con el Premio Kutxa de San Sebastián en 2003, "me dio la valentía suficiente para intentarlo". Durante estos diez años "me ofrecieron muchos trabajos para el teatro, con obras para la fácil digestión del espectador, cosas a las que siempre me he negado tanto en la escena como en el cine". Para Luppi, El guía del Hermitage encierra valores por los que merece la pena arriesgarse, como "una discusión sobre el límite entre cordura y locura de alto contenido filosófico", la idea de que "inconscientemente, ninguno dejamos de utilizar la imaginación para sacar provecho de cada día" y, especialmente, una defensa de la belleza "como estímulo que alienta y saca lo mejor de cada uno, la luz que cada uno tiene para dar y emplear en la lucha". Esta implicación, a su juicio, "es necesaria, obligada para preservar a la humanidad".

Recordaba ayer Manuel Callau que Filipovich (sobre cuya dificultad apuntó Luppi que "no hay personajes fáciles") asegura en la obra que "realidad, ilusión y fantasía son sinónimos". Al menos, quedan las paredes vacías para llenarlas de belleza contra los asesinos.

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