La 'buena factura' mató al 'cinema'

Drama, España-Argentina, 2012, 111 min. Dirección: Eduard Cortés. Guion: Eduard Cortés, Piti Español, Marcelo Figueras. Intérpretes: Óscar Jaenada, Amaia Salamanca, Guillermo Francella, Francesc Albiol. Cines: Plaza Mayor, Rincón.

Quizás ya sea demasiado tarde para contrarrestar desde la crítica esa inercia que asocia el "buen cine" a una "buena factura" (técnica), más aún si se trata del cine español, tradicionalmente lastrado, al menos desde el sentir general, por unas carencias endémicas en lo que respecta a tan cuestionable asunto como criterio de calidad.

¡Atraco!, coproducción hispano-argentina dirigida por Eduard Cortés (La vida de nadie, Los Pelayo), bien podría servir como nuevo ejemplo de ese cine de "correcta factura" y "hecho con los mimbres del cine clásico" que lo confía todo a la escritura, al pliegue a las dinámicas del género, a la equilibrada medida de drama y comedia y, por supuesto o a la apariencia visual retro que mantienen viva esas esencias que lo confiaban todo o casi todo al buen hacer de los decoradores, los responsables de vestuario y peluquería y a un director de fotografía capaz de imitar las texturas, los colores, luces y sombras del viejo noir.

Así, encapsulada en su máquina del tiempo para espectadores con memoria de postal, ¡Atraco! aspira sin éxito a conjugar la Historia con las claves del género para recrear entre escenarios suntuosos y tipos reconocibles (unos más vivos que otros, especialmente el que encarna Francella) la odisea trágica de los protagonistas de un robo de las joyas de Evita Perón en la España de los cincuenta. Trágica porque así lo quiere en su segunda e interminable mitad, después de que en la primera todo tuviera el tono ligero y caricaturesco de la comedia que, en realidad, le hubiera sentado mucho mejor al conjunto.

Cortés pasaría la prueba del algodón del buen artesano fiel a los dictados del guion y el diseño de producción, lo que no conviene confundir ni mucho menos con talento o personalidad, si acaso con profesionalidad funcionarial. Su película, un juguete caro para un público incierto, se desploma irremediablemente en su condición de pastiche romo en el que todo resulta una mera reconstrucción, un jugar al cine de antes, un "hacer como si..." desprovisto de intensidad, de alma, de verdad en definitiva.

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