"Lo del cambio climático es una excusa política para el escaparatismo"

  • La compañía Els Joglars presenta hoy y mañana en el Teatro Ciudad de Marbella su última creación, 'La cena', con la que vuelve a arremeter contra las formas del poder · Su fundador detalla todas las claves

La historia del teatro español del último siglo no podría entenderse sin Albert Boadella (Barcelona, 1943), fundador de la compañía Els Joglars. Heredero de la mejor comedia del arte, sus obras mantienen desde hace 30 años su vocación de incomodidad para el poder. La cena es el último ejemplo, con los dardos lanzados contra la política alarmista frente al cambio climático y la cocina de diseño.

-Es de suponer que a Al Gore no le gustaría mucho La cena. ¿Tan harto está del sermón mediático sobre el cambio climático?

-La cena es un cuento medioambiental. Trata sobre un cocinero radical que cree que a través de sus recetas se puede frenar la destrucción del planeta. En este sentido, cabe decir que el cambio climático es la excusa política perfecta para que los gobiernos desarrollen actuaciones escaparatistas, cuando en realidad ninguna administración ha tomado hasta ahora medidas serias para beneficio del medio ambiente. Todas se dan unas ínfulas enormes de haber tomado decisiones importantes, cuando lo suyo no pasa del buenismo.

-Con respecto a la alta gastronomía de diseño, su compañía podrá visitar en Marbella el restaurante de Dani García, famoso por la aplicación del nitrógeno.

-No está mal. Yo no tengo nada en contra de que la gente se gane la vida con sus inventos. Pero sí creo que elevar a los cocineros a los altares de la cultura y considerar la gastronomía como ideal estético es un signo evidente de la falta de ética y dignidad en el mundo occidental. En un planeta donde la mitad de la población está desnutrida, habría que tener más pudor.

-Se adivina en La cena, como ocurría en En un lugar de Manhattan y El retablo de las maravillas, una intención de denunciar el papanatismo disfrazado de cultura.

-Es que el poder ya no actúa con látigos. Ahora se encarga de reconducir la atención de la gente, como para distraerla de otras cosas. Creo que nadie negaría hoy el cambio climático, como nadie se mostraría contrario a la preservación del planeta, y sin embargo ahí siguen con toda la monserga, sencillamente porque el cambio climático constituye un negocio para muchos. Nosotros ahí vamos un poco a contracorriente, porque gran parte de nuestro público, espero que no todos, son progres y ecologistas.

-Al tratarse de un cuento, ¿hay una voluntad más narrativa por su parte en La cena?

-Sí. Esencialmente, se trata de una historia, pero mantiene el estilo de Els Joglars. Siempre intento contar cosas crueles pero de una forma divertida, sencillamente porque la crueldad no tiene por qué expresarse siempre de manera trágica. Además de un antídoto contra los fundamentalismos, el humor es una terapia, incita a pensar.

-¿Por eso En un lugar de Manhattan parecía en muchos aspectos una autoparodia de Els Joglars?

-Así es. Para reírse de lo ajeno hay que tener una visión distendida de uno mismo.

-Y así se puede durar 30 años.

-Creo que la clave de que Els Joglars llevemos tanto tiempo juntos es la independencia, en todos los sentidos, también en el económico. Esto, y que hemos sabido buscarnos buenos enemigos, nos ha permitido llevar una forma de vida agradable. En los 80 estuvimos a punto de ser la Compañía Nacional de Cataluña, y hoy somos la Compañía Traidora de Cataluña. Cosas así unen sin remedio.

-No puedo dejar de preguntarle por las reacciones al Manifiesto por la Lengua Común.

-Es una cuestión de libertad: en el manifiesto pedimos que las personas que se expresan en una lengua tengan garantizada la educación de sus hijos en esa lengua. Si otros insisten en defender el catalán, por ejemplo, de manera antidemocrática, terminarán convirtiéndolo en una lengua antipática.

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