"En el camino a la cima, las injusticias duelen más que las cornadas"

  • El diestro extremeño, excluido el año pasado de la temporada sevillana al exigir torear el Domingo de Resurrección, se estrena en esta emblemática fecha con "una ilusión tremenda y la máxima ambición"

Miguel Ángel Perera (Puebla del Prior, 1983) hace un alto en su intensa preparación para hablarnos de su futuro inmediato, ante un comienzo de temporada muy comprometido, con su nombre ya colgado en los carteles de Vistalegre, Olivenza, Castellón, Valencia, Sevilla y Madrid. El joven torero pacense recorre sus vivencias hasta llegar a sus comienzos. La mañana se abre en Sevilla por momentos y se asoma algún tímido rayo de sol a la monumental Plaza del Triunfo, a la que Perera y su apoderado, el torero sevillano Fernando Cepeda, se aproximan pausadamente, como si quisieran dibujar un paseíllo en el que acaban izando la mirada al minarete de la Giralda. Se acerca el Domingo de Resurrección, donde el espada extremeño debutará, tras dejarle fuera la empresa Pagés de los carteles del año pasado al exigir tan emblemática fecha, después de alzarse triunfador de la temporada anterior. Al inquirirle sobre ello, con semblante serio y grave, acorde con ese toreo recio y profundo con el que suele impregnar los ruedos, explica: "En ese momento lo tuve claro. Tras mi temporada de 2008 creo que merecía estar el año pasado en el Domingo de Resurrección. No hubo acuerdo y no fui".

-¿Y ha llegado a digerirlo?

-Es evidente que esas cosas te hacen pensar. Yo fui fiel a mi manera de pensar. Merecía estar en Sevilla por méritos propios y como pedía. La empresa no lo vio así y no hubo más. Luego, todo sigue y ahí están los números, con la temporada que he hecho. He toreado 78 tardes y eso que he perdido 12 corridas por percances.

-¿Qué supone el debutar el Domingo de Resurrección?

-Creo que junto a la Beneficencia de Madrid y a la goyesca de Ronda son las corridas emblemáticas del año. La espera ha merecido la pena, estoy muy contento y acudo con una ilusión tremenda y la máxima ambición.

-¿Cómo lleva el ser uno de los pilares fundamentales de la temporada sevillana?

-Me parece perfecto. Estoy muy feliz, tanto por los carteles en los que me anuncio como de las corridas que mato en Sevilla.

-En Olivenza hará doblete, alterna con José Tomás y se estrena con un victorino...

-José Tomás es un torero muy importante. En cuanto a Victorino, he tentado allí, pero tengo intriga por saber qué haré y qué conseguiré por primera vez con un toro de esta ganadería ante el público.

-¿Qué otros gestos tendrá?

-Castellón, dos tardes en Valencia, tres en Sevilla, incluyendo la de septiembre, y Madrid, también con varias tardes, todavía por cerrar, suponen un gesto más que suficiente de la intención con la que arranco 2010. La temporada irá marcando hacia dónde vamos. Lo que tenemos en mente es aprovechar cada tarde como si fuera la última.

-¿Ha pensado en un número determinado de corridas?

-Al igual que en años anteriores tengo ilusión por pasar de las 70.

-¿Qué conclusiones ha sacado de su última temporada?

-Lo mejor, sin duda, fue la regularidad. Por contra, lo peor fue el fallo con la espada.

-Y en faenas, ¿cuáles le dejaron más huella?

-Una que me llenó mucho fue la que hice a un toro de Juan Pérez Tabernero, en Segovia; otra a uno de Los Recitales, en Málaga; la faena a un torrealta en Logroño; otra a uno de Puerto de San Lorenzo en Santander, que no me puso las cosas fáciles. Y, por supuesto, la faena de Gijón y la tarde de Zafra en su conjunto.

-¿Qué le ha aportado Fernando Cepeda?

-Todo. Ha sido un cambio a mejor. Hay una complicidad y una seguridad entre nosotros difícil de superar.

-¿En qué momento de su carrera se encuentra?

-Me gustaría pensar que me queda mucho por desarrollar y por hacer. No sabría decir en qué punto. Pero lo que sí es verdad es que desde mis comienzos he estado en una evolución constante. He tenido pocos momentos en los que me he quedado entascado y tengo mucha ilusión en mejorar.

-¿Cuál es la meta definitiva que se ha fijado?

-Ahora mismo, el defender el lugar que me he ganado y mantenerme en él muchos años; tantos como mi cuerpo aguante en el nivel que me exijo a mí mismo, haciendo cosas importantes.

-Habitualmente, la mayoría de toreros contestan que lo que quieren es "mandar en el toreo".

-Se dice muy fácil eso de mandar en el toreo. Lo que sí le puedo asegurar es que soy de los pocos toreros que manda en su carrera. Yo, junto con mi apoderado. Mandamos, decidimos, hacemos, deshacemos... y eso no es fácil. En los tiempos en los que estamos no es fácil ser dueño de tu carrera.

-¿Cuáles son los rasgos de su toreo y hacia dónde camina?

-Como se torea como se es, lo que define mi carácter y mi personalidad es la pureza, la verdad, la honradez, la transparencia, la exigencia, el compromiso, la ambición. Teniendo en cuenta esto, mi toreo camina hacia un toreo más perfecto. No quiero ser conformista.

-¿Cuál es la razón del toreo?

-Es una forma de vida.

-¿Y en qué consiste?

-Muchas veces se habla del sacrificio y a lo que se debe renunciar. Pero cuando tú haces lo que te gusta y te hace feliz, no es tal sacrificio. Soy muy feliz viviendo para mi profesión. Disfruto mucho en el campo, en el contacto con la naturaleza.

-¿Qué actuaciones han sido decisivas en su carrera?

-La más importante ha sido la tarde del 3 de octubre de 2008 en Madrid. Estaba preparado y a pesar de los percances todo sirvió para darle importancia a todo lo que se hizo.

-Después de aquella tarde, ¿el público de Las Ventas agradeció ese esfuerzo?

-A mí me sorprendió. No esperaba que me regalaran nada, pero sí esa ovación que he visto que le han dado a otros toreros cuando han hecho cosas importantes en Madrid. Después de la ovación que recibí aquel 3 de octubre cuando me iba a la enfermería, creía que el recibimiento sería de otra manera.

-Cambiemos de tercio, ¿qué tipo de toro le gusta?

-El que obedece a los engaños y quiere tomarlo por abajo. Por mi toreo me gusta el toro que se mueva y transmita. Suelo pegarle muy poco en el caballo para que aguante.

-Y echemos una breve mirada al pasado. ¿Qué le llevó a hacerse torero?

-Con 7 años jugaba al toro en el patio de mi casa con mis hermanos. Un torero que me impactó mucho fue Jesulín de Ubrique, al que vi muchas tardes a comienzos de los noventa en corridas televisidas. -¿Qué imagen tiene ahora de Jesulín?

-La veo mejorada. Antes me fijaba en todo lo que generaba en cuanto a público y a prensa. Eso pasó a un segundo plano para mí. Ahora valoro más su técnica y su capacidad.

-¿En quién se fijó más?

-En otro período, en José Tomás y en El Juli.

-¿Y ahora?

-Mi referente es Paco Ojeda.

-¿Qué le llamaba más la atención del toreo en aquellos años?

-No podía calificar con esa edad lo que era. Pero tenía claro que quería ser torero.

-¿Qué no ha olvidado ni olvidará desde que comenzó como becerrista?

-Guardo muy buenos recuerdos de mi etapa en la Escuela de Badajoz y de los primeros tentaderos. Era todo como más puro, más inocente. Todo nuevo, desconocido. Ahora son otras la ilusiones.

-¿Qué ha tenido que pagar para llegar hasta aquí?

-No he renunciado a nada. Si en el camino hacia la cima son duras las cornadas, las injusticias son todavía más dolorosas. Pero no me quejo, aunque nadie me haya regalado nada.

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