El carisma del líder

  • El Cervantes recibe hoy la nueva producción del CAT, 'La evitable ascensión de Arturo UI', lectura orgánica del texto de Bertolt Brecht

No faltaron, al parecer, comentarios suspicaces ni signos de incredulidad: ¿La Junta de Andalucía decide resucitar el CAT tres años después con La evitable ascensión de Arturo Ui, una obra que describe con precisión quirúrgica los procesos de la corrupción, con la que está cayendo? Pues sí: a falta de una dirección visible, la comisión técnica encargada de recuperar el Centro Andaluz de Teatro después del fiasco que supuso el montaje de El estado de sitio de Camus propuso el texto de Brecht, y el Gobierno andaluz dio el visto bueno. Tras la apertura del consecuente proceso público, el director elegido (entre el medio centenar de aspirantes presentados) fue el sevillano Carlos Álvarez-Ossorio, mientras que el reparto, integrado por catorce intérpretes (escogidos entre más de seiscientos), incluye a Juanfra Juárez, Gregor Acuña, María Alfonsa Rosso, Josu Eguskiza, Víctor Vidal, Paco Inestrosa y Virgina Nölting. Los dos últimos, actores malagueños participantes en el montaje, y Juárez, que da vida al perspicaz Arturo Ui, presentaron ayer el montaje en el Teatro Cervantes, donde se representa hoy a las 21:00, dentro del Festival de Teatro (lo que constituye toda una novedad, ya que desde los años 90 no llegaba una producción del CAT al Cervantes; el Teatro Cánovas, sede habitual de sus obras en Málaga, mantiene, como el año pasado, su reserva a los espectáculos familiares e infantiles).

Brecht escribió La evitable ascensión de Arturo Ui en Helsinki, en 1941, cuando había logrado salir de Alemania y esperaba el visado para poder entrar en Estados Unidos. De este modo, el genial dramaturgo armó el texto en sólo tres semanas a modo de carta de presentación: Arturo Ui mantiene las directrices de su teatro épico, pedagógico, distanciado y antiaristotélico, pero Brecht ambienta su historia en el Chicago de los años 30, repleto de gangsters y políticos corruptos. Es ahí donde Arturo Ui, un don nadie más listo que el hambre, logra aprovecharse de los mecanismos de la corrupción para hacerse con el poder social, político y económico. El autor de Madre Coraje urdió un texto ágil, divertido, repleto de chistes y golpes de efecto, como una comedia a ritmo de tebeo, con una intención popular y comercial; pero, al mismo tiempo, y al inscribir la pieza en el género de la parábola, dio señales claras de que el verdadero objeto de su juguete era la Alemania nazi, representada, en virtud de las leyes del teatro épico, con escalofriante sentido ilustrativo.

Paco Inestrosa explicó ayer que el montaje del CAT cambia la ambientación original, "de manera que aquí no hay gangsters ni metralletas", sino un contexto de carácter neutro "porque lo que Carlos Álvarez-Ossorio quiere demostrar es que la corrupción ha seguido funcionando igual desde los años 40 hasta ahora". El jiennense Juanfra Juárez señaló por su parte que en este Arturo Ui el elemento lúdico "no tiene tanta presencia como en el texto original, porque lo que se pretende es suscitar una reflexión". Juárez apuntó que Carlos Álvarez-Ossorio ha barajado otros referentes escénicos, "como el Enrique VI y el Ricardo III de Shakespeare y el Roberto Zucco de Koltès". Precisamente, Álvarez-Ossorio dirigió y protagonizó hace unos años un montaje de La soledad de los campos de algodón del dramaturgo francés, con sólo dos intérpretes en un escenario desnudo, que destacó por el intenso trabajo físico exigido a los actores, una constante que vuelve a darse en Arturo Ui: "El contacto es un elemento muy importante. Todo se resuelve en un plano muy orgánico. Además, hemos seguido instrucciones muy brechtianas: no nos deshacemos del personaje durante la función ni cuando estamos fuera de escena".

Virginia Nölting destacó, en este sentido, "la calidad del trabajo en equipo" y "el aprovechamiento de los medios técnicos", con una gran pantalla y un circuito cerrado de televisión. La sal de la épica.

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