La censura franquista y el cine, a estudio en el congreso de Hemingway

  • El profesor Douglas Laprade, que participó en la jornada de ayer, aseguró que el régimen veía las obras del autor como "una amenaza a su moral conservadora"

La censura franquista tildó a Ernest Hemingway y sus obras como "una amenaza a la moral conservadora de España" y llegó a condicionar la adaptación de sus libros al cine por la industria estadounidense, según afirmó ayer Douglas Laprade, profesor de la Universidad de Texas. Laprade, que intervino en el encuentro internacional sobre Hemingway Un verano peligroso. Málaga, 1959, organizado por la Fundación Manuel Alcántara y el Instituto Municipal del Libro y que se celebra estos días en el Museo del Patrimonio Municipal, ha publicado tres libros en los que ha recopilado los documentos de la censura acerca del escritor y las cartas de los embajadores y cónsules españoles en Estados Unidos que intentaron suprimir la producción de películas norteamericanas basadas en sus obras.

Así, en 1942 el cónsul de España en Los Ángeles escribió en una carta al ministro español de Asuntos Exteriores que estaba revisando el guión de Por quién doblan las campanas, en el que se cambió la palabra rebeldes por nacionales, mientras que leales se sustituyó por republicanos. "La industria del cine estadounidense fue cómplice de Franco en la censura a Hemingway", porque en 1942 "todo el mundo estaba contra Hitler, EEUU no quería tener otro enemigo en Franco y había que complacerle", según Laprade, quien destacó que del guión original de la citada película se suprimió una escena "en la que los falangistas violaban a la protagonista, María". Hemingway era "bien conocido por los políticos españoles mucho antes que sus libros por los lectores" y los informes de los censores le etiquetaban como "un propagandista rojo". Además, se trataba de una "amenaza seria" para el régimen porque el escritor "tenía mucho que ver con la imagen de España en el extranjero", añadió Laprade.

Ello llevó a que se hablara de Hemingway "a los más altos niveles" de los gobiernos de ambos países, con cartas por ejemplo del embajador de España en Washington al subsecretario de Estado norteamericano para tratar sobre sus obras. Los fragmentos de los libros que fueron tachados por la censura antes de su publicación en España hacían alusión casi siempre a conductas consideradas inmorales. En Adiós a las armas (1929), "había un lío entre el protagonista y una enfermera, que quedaba embarazada", y en un pasaje de la novela le decía: "Ven a la cama. El vicio es una cosa maravillosa". Ello no pasó desapercibido al censor, que escribió en su informe que "los protagonistas de la novela, como los extranjeros en general, no tienen un espíritu religioso", explicó Laprade.

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