Cuando la ciencia-ficción molaba

  • La editorial T&B publica el libro de Javier Memba en el que repasa los años dorados del género, de 1950 a 1968, y recuerda a todos sus protagonistas

"Un crucero espacial de la Confederación de Planetas Unidos llega al planeta Altair-4", así comienza Javier Memba la sinopsis de Planeta prohibido (1956), uno de los muchos filmes que analiza en La edad de oro de la ciencia-ficción (1950-1968), una monografía publicada porT&B Editores, la editorial madrileña empeñada en desmenuzar la Historia del cine. Este volumen se suma a la ya larga serie de estudios sobre géneros cinematográficos de este pequeña casa editora.

Javier Memba no ignora que ya los primeros sueños de celuloide fueron de ciencia-ficción, de la mano de Méliès, y que algunas de la mejores obras del periodo silente tenían a robots y naves espaciales entre sus fotogramas, como en Metrópolis, pero para el escritor madrileño el género brilló en su plenitud entre 1950 y 1968. Esa convicción, que motiva la escritura de este libro, no impide que los primeros cinco capítulos dan cuenta de lo sucedido entre finales del siglo XIX y los 50.

Todo comienza a ser dorado para la ciencia ficción con Cohete K-1 y Con destino a la Luna, dos filmes hoy un tanto olvidados que coincidieron en las salas de cine en 1950. Para Memba, es el espíritu de la Guerra Fría el gran motivador del ascenso de la ciencia-ficción, tanto en papel como en celuloide.

Las 271 páginas de La edad de oro de la ciencia-ficción (1950-1968) tienen la estructura habitual en los libros de T&B, con sus capítulos de repaso cronológico, una amplia filmografía comentada y una divertida serie de pequeñas biografías de los principales protagonistas del género: escritores, actores y directores. Para amenizar la lectura, 149 fotografías acompañan a las palabras de Memba -además de los carteles ya clásicos de Them o Tarantula!, entre otros, merece la pena prestar atención a las instantáneas de Raquel Welch o la seminal minifaldera Anne Francis-.

De la lectura de La edad de oro de la ciencia-ficción (1950-1968), se pueden obtener varias conclusiones: a Memba le encanta, por encima de todo, Hollywood -y a quien no-, en Europa el género es más intelectual que lúdico, y no hay nada mejor que combinar unas cuantas chicas guapas con un buen monstruo. Pese al interés especial por el género en Estados Unidos, lógico por el gran número de producciones bien distribuidas, el libro también echa un vistazo a los esfuerzos soviéticos, las divertidas chaladuras niponas, las incursiones británicas -unas serias y otras no tanto- y las pomposas y contraculturales aventuras francesas.

Simios evolucionados, robots enamoradizos, alienígenas conquistadores, monstruos gigantes, chicas guapas en apuros, tipos serios con músculo, astronautas aburridos y muchos más personajes curiosos dieron vida a un cine que Javier Memba repasa con cariño.

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