El cineasta Manoel de Oliveira cumple hoy 100 años en activo

  • El portugués se encuentra en Lisboa rodando su último largometraje, 'Peculiaridades de una muchacha rubia'

El portugués Manoel de Oliveira, el cineasta más longevo del panorama actual, cumple hoy 100 años en pleno rodaje en Lisboa de su último trabajo, Peculiaridades de una muchacha rubia. El realizador luso ya adelantó que piensa pasar el aniversario de su siglo de vida como le gusta, en el plató, al frente de su equipo y perfilando una película que presentará en el Festival de Cannes del próximo año.

El universal director no está dispuesto a bajar los brazos a pesar de los cien años que pesan sobre sus hombros, ya que como reveló recientemente prepara, además, una nueva película que titulará El extraño caso de Angélica. De Oliveira reconoció que sólo se siente relajado al frente de su equipo y que su forma de trascender a la muerte es por medio de la huella que dejan sus películas.

Portugal ha querido resaltar el peso del legado de su genial cineasta con la puesta en marcha de una comisión de honor de la que forman parte, entre otros, el presidente luso, Aníbal Cavaco Silva, y el primer ministro, el socialista José Sócrates.

La totalidad de la escena cultural del país ibérico se sumó en las últimas fechas a la celebración del centenario del director con palabras de elogio hacia el que es considerado como uno de los portugueses más universales.

Los cien años de Oliveira han coincidido incluso con la polémica suscitada tras rechazar éste las llaves de su ciudad de nacimiento, Oporto, tras apuntar el director que se trataba de un "aprovechamiento político indecente".

De Oliveira mantiene diferencias con el Ayuntamiento de la ciudad norteña por el destino de la Casa do Cinema, un edificio terminado en 2003 que, finalmente, no fue destinado para el propósito que se concibió: albergar el legado de la obra de su ilustre hijo.

Al margen de polémicas, De Oliveira mostró su mejor cara hace pocos días ante la prensa, al subrayar el valor artístico del séptimo arte, frente a una perspectiva más comercial que a su entender nunca debe convertirse en la guía de un creador.

Hijo de un próspero industrial de la ciudad de Oporto, Manoel Pinto de Oliveira abandonó temprano los estudios para decantarse por el atletismo y las carreras automovilísticas, aunque su pasión por el séptimo arte le llevó en 1928 a estrenarse como actor, en el melodrama de Rino Lupo Fátima Milagrosa.

De Oliveira inició su carrera detrás de la cámara en 1931 con el corto Douro, faina fluvial (Duero, faena fluvial), trabajo al que seguiría Aniki-Bóbó, filme basado en un cuento de Rodrigues Freitas aparecido en la revista Presença que recuerda al neorrealismo italiano.

Tras ese trabajo, De Oliveira se alejó de las cámaras durante casi tres lustros, debido a problemas de financiación y a la censura impuesta por el régimen de Antonio Oliveira de Salazar.

La crítica cinematográfica recuerda hoy el peso que a nivel cultural supuso Aniki-Bóbó, aunque hay que señalar también que se trató de un fracaso de taquilla.

El pintor y la ciudad (1956), homenaje al pintor Antonio Cruz, y Acto de primavera (1962), sobre un texto de Francisco Vaz de Guimaraes, devuelven a Oliveira al primer plano de una carrera que en los años ochenta y noventa le consagraría a nivel internacional.

Con una vitalidad que envidiarían directores con la mitad de sus años, De Oliveira afronta estos días las que deben ser las últimas jornadas de Peculiaridades de una muchacha rubia, filme que como reconoce evoca momentos e imágenes de hace más de setenta años.

La obra de Oliveira incluye otros trabajos como Benilde ou a Virgen Mae (1974), Amor de Perdiçao (1978), El zapato de raso (1985), O día do desespero (1993) o Vale Abraao (1993), entre otros.

El trabajo del director luso ha sido distinguido con premios como el León de Oro de Venecia, el Premio Internacional de la Crítica de Cannes, el Leopardo de Honor de Locarno o el de Comendador de la Legión de Honor francesa.

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