La comedia de la existencia

Teatro Cánovas. Fecha: 30 de noviembre. Compañía: Excéntrica Producciones. Texto: Samuel Beckett. Versión y dirección: Joan Font. Reparto: Gregor Acuña, Oriol Boixader, Javier Centeno, Manuel Rodríguez, Jasio Velasco. Aforo: Algo más de cien personas (un cuarto de entrada).

Los montajes que sólo en la última década han podido producirse en todo el mundo de Esperando a Godot son incontables. Beckett, con todo su misterio, continúa funcionando como fuente inspiradora cuando se trata de hacer algo en el escenario. Al mismo tiempo, resulta sospechoso el escaso, escasísimo, número de producciones que se acercan a lo que realmente quiso Beckett (lo que explica el férreo control que el irlandés ejerció sobre todas las representaciones de sus obras en vida). En el imaginario colectivo de este tiempo, Esperando a Godot continúa sonando a plomizo cuando es todo lo contrario: cierto, en la obra no pasa nada. Pero esa nada es absolutamente divertida, amena, rebosante de comicidad. Por eso es un gustazo asistir al montaje del Comediant Joan Font: porque él sí pone en el escenario exactamente lo que Beckett pretendió. En lo que respecta al autor de Molloy, conviene actuar igual que si se toca un Impromptu de Schubert o si se guisan unos callos: es mucho mejor seguir al pie de la letra la partitura, o la receta. Font lo sabe. Y acierta de pleno.

Todo está aquí, rabiosamente actual: la agonía que acarrea la esperanza (Beckett tomó la advertencia que Dante colgó en la puerta del Infierno y la clavó en la del Cielo), la maldición del paso del tiempo, la vida como guiño entre dos inexistencias, el derecho rehusado, la ceguera como revelación (Pozzo es el Segismundo de La vida es sueño) y el humor de Buster Keaton y Abbott & Costello. El resultado es hermoso. Terrible.

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