Félix Grande. Poeta y flamencólogo

“Quien tiene el coraje de contar el desconsuelo está cerca del flamenco”

  • Premio Nacional de Poesía y de Flamencología, abre hoy en Marbella un congreso sobre peñas · Confía en la “sinceridad” como supervivencia de ambos géneros

Su reino tiene dos monarcas: la palabra y la partitura. Félix Grande (Mérida, 1937) ha sido flamenco practicante hasta que se vio en la tesitura de tener que elegir entre dos amores:la guitarra, su “amante”; y la literatura, su mujer “de toda la vida”. Se decantó por esta última y su dedicación le ha hecho merecedor del Premio Nacional de Poesía (1978) y del de Flamencología (1995). Hoy inaugura en Marbella un congreso internacional de peñas flamencas organizado por la Diputación de Málaga.

–¿De dónde le viene la afición al flamenco?

–Empecé en mi casa en Tomelloso a los seis o siete años porque mi padre y mi abuelo eran muy aficionados, y además de los de verdad, de los que discuten. En esa época venían andaluces y gitanos a vendimiar o segar. Yo me reunía con los chiquillos de los emigrantes que cantaban y tocaban las palmas con compás. Empecé a cantar flamenco, lo dejé a los 14 cuando me cambió la voz y me pasé a la guitarra.

–¿En qué momento empezó a tomárselo en serio ?

–Cuando conocí a Paco de Lucía. Él se cabreó con mi técnica, me colocó las manos, que estaban llenas de vicios, me dio unos ejercicios para que no me aburriese haciendo escalas, y a los cuatro meses me volaban las manos. Con él me di cuenta de que tocar la guitarra significaba encerrarse todos los días de cinco a ocho horas.

–¿La poesía y el flamenco se tienden la mano?

–Según que poeta. Un poeta flamenquísimo, desgarrador y lleno de sabiduría es César Vallejo, por ejemplo. Aquellos artistas que han sabido tener el coraje de vivir y de contar la intemperie, desconsuelo y la desgracia están muy cerca del flamenco. Lorca fue uno de ellos.

–El papel de las peñas, muchas veces anónimo, en la difusión del flamenco, ¿ se valora lo suficiente?

–En el círculo de flamencos donde yo me muevo nunca ha faltado la valoración de las peñas. Seamos más o menos ortodoxos siempre hemos sabido que son un lugar donde los aficionados remansan el cante, lo analizan y defienden sus valores ya establecidos. En ocasiones se ponen un poco agresivos con las intenciones actuales pero, en cualquier caso, el trabajo de fervor, de conocimiento y de transmisión de las raíces se está haciendo desde allí. Es una institución necesaria y, tal vez, imprescindible.

–¿Yla poesía?, ¿sigue siendo refugio de unos pocos?

–No es tan minoritaria. Ahora se hacen ediciones de libros de dos o tres mil ejemplares para arriba. Conviene tener en cuenta que las novelas tienen miles de lectores pero se leen una vez, o dos como máximo. En cambio, el libro de poesía pasa de mano en mano, va de boca en boca, y el que lo tiene en su casa lo lee más de una vez. La lectura de poesía es uno de los alimentos terrestres, si no más numeroso, sí más profundo de toda la literatura.

–Al flamenco le puede ocurrir algo similar...

–En estos momentos el flamenco ya no tiene enemigos ostensibles, como los ha tenido durante medio siglo. Pero creo que hay todavía más reticencias en España que en ningún otro lugar del mundo. A cualquier músico culto que trabaje en un conservatorio de Francia, Holanda, Japón o Norteamérica le extrañaría mucho que no se le concediese a la guitarra flamenca un estatus de grandísimo instrumento. En España, sin embargo, ha costado mucho que haya dos o tres cátedras de guitarra flamenca. Y todavía hay músicos de guitarra clásica, sobre todo en los conservatorios que tienen reticencias. E incluso algunos intelectuales que consideran que el flamenco es una cosa que tiene su origen en el franquismo y lo descalifican como pueden. Esto no ocurre fuera de España.

–Estos días se debate en París la candidatura del flamenco a Patrimonio de la Humanidad, ¿le ve posibilidades?

–No sé si tiene posibilidades, merecimientos por supuesto que sí, desde hace 150 años. Lo que pasa es que uno de los requisitos de la designación es ayudar a que no se extinga ni se desnutra, y como el flamenco está cada vez más fuerte, es una criatura que pesa cada vez más y tiene más poder se pueden agarrar a eso para premiar otra cosa.

–El texto de la candidatura no habla sólo del flamenco como expresión sino de su conexión con otras músicas...

–El flamenco nació ya mestizo. A lo largo del siglo XIX se mezcló con otras músicas de la época, e incluso anteriores, de distintos continentes. Ahora se produce ese mestizaje sin que pierda ninguna fuerza porque las raíces son enormemente gruesas. Los flamencos, sobre todo en la guitarra, pueden meter armonías del jazz, la bossa nova pero lo hacen con tanta sinceridad que no dejan de sonar nunca a flamenco.

–Usted es autor del ensayo ‘Paco de Lucía y Camarón de la Isla’ ¿sería impensable que se repitiera un binomio similar hoy por hoy?

–Es muy difícil. Camarón tenía un don misterioso. Escuchaba una música vieja o unos melismas nuevos, los deglutía, y los regurgitaba de una manera flamenquísima, como si siempre cantase por seguiriyas. En cuanto a Paco de Lucía, es difícil que salga otro en otro medio centenar de años. Además es muy difícil pensar en una discografía en la que dos criaturas lleguen al entendimiento mutuo y a la enorme capacidad expresiva compartida a la que han llegado estos dos. Hay una parecida que es la de Paco de Lucía y Fosforito.

–¿Qué nombres pueden aspirar hoy a la categoría de genio?

–La guitarra ha crecido de una forma desmesurada y ahora hay muchos que tocan que se comen la guitarra de una forma desmesurada.Gerardo Núñez es uno. En el cante hay una criatura que se mueve con gran agilidad entre la tradición y la vanguardia –algo muy difícil– que es Enrique Morente. Yotro que ha hecho pinitos en la desobediencia, pero que conserva la voz y las maneras viejas es José Mercé.

–¿Hay sitio para todos?

–El flamenco es el crítico más feroz. Basta esperar a que pasen unos años o décadas y él mismo irá dejando fuera lo que sea simplemente fruto de la codicia y la fama, e irá dejando dentro lo que tenga suficiente emoción y sinceridad.

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