"Todo acto creador ayuda a sobrellevar el tormento máximo, la certeza de la muerte"

  • La andaluza se convierte en la primera mujer directora que recibe un Goya Honorífico de la Academia Española como reconocimiento a una trayectoria en la que ha abarcado cine, teatro y televisión

La cineasta Josefina Molina (Córdoba, 1936) se ha convertido en la única mujer directora que ha recibido el Goya de Honor de la Academia de Cine Española. Tras una trayectoria en la que ha abarcado televisión, cine y teatro, Molina centra sus esfuerzos en la lucha por los derechos y reconocimientos a las mujeres cineastas.

-¿Qué significado tiene este premio para usted el Goya de Honor de la Academia del Cine Español?

-El reconocimiento de mis compañeras y compañeros de profesión, que estimo muchísimo. Yo lo hago extensible -ya lo he dicho muchas veces en los últimos días- a las mujeres directoras de anteriores generaciones con las que me gusta compartirlo.

-¿Qué balance hace de su carrera?

-Creo que he sido afortunada en mi vida. A veces pienso ¿cómo es posible que habiendo realizado durante mi vida laboral un trabajo que tanto me gusta y por el que hubiera pagado por hacer, ahora me den medallas y premios? Bernard Shaw decía que verdaderamente dichoso es aquel que tiene una profesión que coincida con sus aficiones y es cierto. Sin duda por el tiempo y las energías, por el esfuerzo y la cabezonería que tuve que desarrollar para conseguir ganarme la vida con el trabajo que me gustaba sí merezco el Goya que me han dado, permítame esta vanidad.

-¿Cuándo sintió la llamada del cine? ¿Por qué decidió dedicarse a esta profesión?

-Es difícil explicar esto. He contado muchas veces que viendo el filme de Jean Renoir El Río, cuando tenía quince años, decidí que me gustaba hacer películas. Pero las razones profundas no sabría decirlas. ¿Por qué se enamora una de unas personas y no de otras, de unas cosas y no de otras? Es misterioso, ¿no?

-¿Con qué dificultades se ha encontrado?

-Muchas. En un país en que la industria cinematográfica ha sido siempre deficitaria y difícil el acceso de los jóvenes a ella, hay muchos obstáculos que vencer. Y esto lo digo tanto para hombres como para mujeres, lo que pasa es que las mujeres tenemos un plus de esfuerzo para conseguir las mismas cosas. Y esto que digo no es una apreciación personal, la estadística me da la razón.

-¿Qué satisfacciones ha tenido?

-También muchas. En el momento de rodar cada plano he vivido emociones que me han enriquecido. Todo acto creador realizado por un ser humano en el terreno de las artes lleva añadida una gratificación especial y es fuente de bienestar. Te ayuda a sobrellevar el tormento máximo, la certeza de la muerte.

-¿Se siente afortunada por llegar hasta donde ha llegado?

-Lo decía antes, creo que he tenido mucha suerte. Yo he tenido mucha suerte en la vida y estoy bastante contenta de haber venido a este mundo. Tiene sus pegas, el mundo que habitamos, digo, pero no me faltan razones para sentirme afortunada: en primer lugar tengo amigos y amigas que me han proporcionado la verdadera fortuna, mi auténtico patrimonio. Me he ganado la vida haciendo un trabajo que me gusta muchísimo, uno de los mayores privilegios que se pueden tener en la vida. He llegado a ver que en mi país se aprobaba una Ley de Igualdad y a un grupo de mujeres jóvenes dedicadas a la política que luchan cada día por conseguir las mismas oportunidades para nosotras entre las que destacaría a mi paisana, Carmen Calvo, exministra de Cultura; una mujer valiente, siempre al pie del cañón dejándose la piel cada día por hacernos visibles y que esa ley se cumpla.

-¿Qué influencias ha tenido a lo largo de su carrera?

-Sería interminable la lista de cineastas cuyas obras han tenido un significado para mí, lo mismo que la lista de autores literarios. Pero yo creo que lo que más te influye a la larga es la vida, la realidad, lo que te rodea, tu propia experiencia que luego proyectas incluso cuando adaptas al cine un texto literario.

-¿Cuál de sus trabajos -películas, obras teatrales o series de televisión- es más especial para usted?

-No recuerdo haber hecho ningún trabajo, tanto en cine, teatro como en televisión, sin tomármelo como algo especial, como un reto y una aventura. Es muy difícil para mí destacar alguno de ellos. Con más o menos acierto en todos quise poner mi mayor esfuerzo y lo mejor de lo que sabía.

-¿Se atrevería ahora a iniciar un proyecto cinematográfico?

-No. Ni quiero, ni debo. Mi tiempo ha pasado. Hay vida más allá del cine y mis intereses se han desplazado, porque cada etapa de la vida tiene sus propios alicientes. Se produce una paradoja: los jóvenes nos miráis con conmiseración porque estamos a final de trayecto, la misma conmiseración con la que los viejos os miramos porque estáis al principio de ese trayecto.

-¿Qué opinión tiene de las cineastas españolas en activo?

-La mejor. Hay muchísimo talento en ellas y una gran claridad de juicio y análisis de la sociedad que las rodea. Todas ellas desean convertir el mundo en algo más razonable, más vivible, menos caótico y desigual. Y lo quieren hacer con un arma de nuestro tiempo: con el cine y las nuevas tecnologías de la imagen.

-Si alguna de ellas la invitara a colaborar en un proyecto, ¿aceptaría?

-No, la haría reflexionar sobre que no necesita mi colaboración para hacer un buen trabajo.

-¿Cómo ha sido la evolución de la mujer en el cine español?

-Es cierto que hemos ido alcanzando los mismos derechos, legalmente somos iguales, lo políticamente correcto es hablar de todos y todas… Pero no nos equivoquemos. Las leyes han venido después de mucho batallar de los colectivos feministas y de muchas víctimas en el camino.

-¿Y en el presente?

-Ahora yo diría que nos vamos encontrando con algo que no esperábamos: cierto rechazo solapado a normalizar en la sociedad y en los medios audiovisuales lo que las leyes imponen. El problema no solo es laboral sino también importante y decisivo. Las leyes nos asisten pero parece que los viejos fantasmas del poder masculino que creíamos del pasado pugnan por resucitar con formas más sutiles, asistidos - triste es decirlo - por la alienación de muchas mujeres que asumen como propios los principios que las destruyen. Véase el llamado síndrome de la abeja reina.

-Pertenece a CIMA, una asociación de mujeres cineastas, ¿con qué fin?

-Poco a poco la asociación va consiguiendo que se nos tenga en cuenta. En ella nos mezclamos todas las generaciones de mujeres de todos los sectores del cine que habitamos todas las autonomías de España. CIMA y CIMA Andalucía está llevando adelante este proyecto que va cambiando la soledad por la solidaridad en nuestras cineastas y promocionando sus trabajos.

-¿En qué momento se encuentran ahora las mujeres cineastas?

-En demasiadas ocasiones un rencor inmerecido y la competitividad malentendida de la industria regida por lo masculino arrollan sus obras del peor modo posible: ignorándolas cuando no despreciándolas. Y sin embargo tienen claves de pensamiento para mejorar el mundo y día a día lo van demostrando. Durante mucho tiempo las mujeres hemos mantenido el papel de meras observadoras de lo que los hombres han ido haciendo en el mundo de la imagen. Las cineastas de hoy han aprendido y acumulado experiencia suficiente para tener voz propia y el empeño de hacerse oír. Y lo están consiguiendo.

-¿Y el cine español en general?

-Estamos al principio de una revolución de los patrones de consumo a causa de las nuevas tecnologías. Todo va a cambiar mucho. El modelo de espectador también. Las viejas fórmulas que se utilizaron para salir de viejas crisis ya no van a ser posibles. Quien no sepa utilizar este leguaje, innovarlo, desaparecerá.

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