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"Los cuartetos de Arriaga están en la línea de los de Beethoven"

  • Acaba de presentarse la segunda grabación del conjunto La Ritirata en el sello Glossa, una integral de los cuartetos de cuerdas del bilbaíno Juan Crisóstomo de Arriaga (1806-1826)

Con Hiro Kurosaki y Miren Zeberio como violines, Daniel Lorenzo como viola y Josetxu Obregón como violonchelo, La Ritirata ha grabado para Glossa los tres cuartetos de Juan Crisóstomo de Arriaga (1806-1826), el compositor vasco fallecido en plena juventud. Bilbaíno como Arriaga, Obregón, fundador del conjunto, considera que "así marcábamos los dos extremos de repertorio en los que nos movemos, porque nuestro primer disco para Glossa fue con música del Seicento. Aunque la mayor parte de mi formación la hice en Madrid y Holanda, soy de Bilbao y allí la figura de Arriaga está por todos lados, incluso el conservatorio y un teatro llevan su nombre. Siempre lo tuve en mente. Y ahora que hacíamos tanta música del Clasicismo pensé que había llegado el momento de grabar estas obras".

-La Ritirata ha hecho en efecto mucho Boccherini, ¿es este un paso natural?

-De alguna manera sí. Aunque hay mucha especialización hoy en día. Como violonchelista dedicado a la interpretación histórica, el paso del Barroco al Clasicismo es grande, ya que implica instrumentos diferentes. Del Clasicismo al Romanticismo es todo mucho más progresivo y más lógico. Lo ves cuando vas de Haydn a Beethoven. Boccherini fue una personalidad muy avanzada para su tiempo, pero en su música de cámara es muy clásico y Arriaga está ahí anunciando el Romanticismo. Su estilo quizá se parece más al de Mozart y al de Beethoven.

-¿Qué lugar ocupan los cuartetos de Arriaga en el repertorio?

-Muy importante. En España tenemos también los de Boccherini, Brunetti o Canales, pero para mí los de Arriaga tienen mayor significación. Yo no tendría problemas en ponerlos al lado de los de Mozart o los de Beethoven, teniendo siempre en cuenta que son solo sus primeras obras, es como si fueran tres piezas de la Op.18 de Beethoven. Arriaga apuntaba muy alto; es imposible saber lo que habría hecho de vivir más años, pero los tres cuartetos que nos dejó están sin duda en esa línea.

-La grabación incluye también un Tema variado en cuarteto Op.17, obra hasta hoy casi desconocida. ¿Qué puede decir de ella?

-Sí, es la primera grabación de la obra en CD. Los cuartetos fueron las composiciones más conocidas de Arriaga, las únicas que vio publicadas. Nos dimos cuenta de que tres obras tan perfectas necesitaban de algún precedente. Estuvimos investigando y encontramos dos piezas anteriores: una era esta, original para el cuarteto, escrita con 14 años, aún en Bilbao; la otra era un arreglo de un original para violín y teclado que transcribió en París como mero ejercicio académico, y por eso la descartamos. Pienso que este Tema variado en cuarteto sí completa la integral de su obra para la formación. Me interesó mucho el contraste tan brutal en estilo y en la manera de escribir. Cómo en un período de solo cuatro años, Arriaga adquirió tal grado de maestría. Eso deja claro que nos encontramos ante un genio. La Op.17 es una pieza bonita, elegante, pero muy simple, naíf, mientras los cuartetos son de una madurez brutal.

-Además del talento del músico está el paso por París, supongo.

-Sí, claro. Hay alguna ilustración en la que se ve a Arriaga de niño participando en veladas musicales con su padre, pero el de Bilbao no era un ambiente muy enriquecedor para alguien de su especie. El París de 1820 era en cambio el de la recepción de la música de Beethoven, y toda esa influencia se aprecia en su obra. En el tercer cuarteto hay por ejemplo un movimiento completo de carácter pastoral, con una tormenta muy beethoveniana. En la manera de escribir, Arriaga bebió mucho del Clasicismo vienés, de Mozart, del Haydn tardío, pero también probó cosas nuevas: por ejemplo en el primer cuarteto la exposición no se repite, lo que no era normal. Es claro que Arriaga está experimentando ya con formas diferentes. Y también lo hace en la búsqueda de afectos y emociones nuevos, que apuntan al mundo del Romanticismo.

-¿Qué le aportan los instrumentos originales a estos cuartetos?

-Es una visión nueva, que no estaba en disco, pues incluso cuando los grabó el Mosaïques lo hizo con los Stradivarius del Palacio Real, que son instrumentos modernizados. Pienso que aportamos muchas cosas. Por ejemplo, la cuestión del vibrato: nos hemos ido al famoso método de Baillot, que fue profesor de Arriaga en París, y ahí queda claro que el vibrato se consideraba un recurso que se empleaba en momentos ocasionales para incrementar el dramatismo y conmover al oyente, por lo que si se usaba demasiado, perdía su efecto. En nuestra interpretación hay también detalles de articulación o de tempo que sacamos de Baillot, e incluso cambiamos la disposición de los instrumentos, con los violines enfrentados y el violonchelo al lado del violín I. Esto era lo normal en el París de la época, incluso hay iconografía en que se ve al violonchelista sobre una tarima, para igualar la altura de los instrumentos en la emisión del sonido.

-Los cuartetos de Arriaga son obras de repertorio de grandes cuartetos estables. La Ritirata no lo es. ¿Ve en eso ventajas o inconvenientes?

-Mi visión está muy relacionada con la interpretación histórica en sí misma. Hoy día hay muchísimos cuartetos de cuerda de un nivel altísimo, que estudian y ensayan todos los detalles al milímetro. Pero a principios del siglo XIX los cuartetos no eran por norma estables: eran músicos que se reunían en una velada determinada para tocar juntos. Y por supuesto no tenían la intención de homogeneizar los ataques, el sonido… Nosotros hemos tenido una educación de instrumento moderno y hemos hecho mucha música de cámara. El trabajo de fondo, que nos exige la industria de la música de cámara y de los conciertos, es importante: nos conocemos desde hace tiempo y detrás de este disco hay un trabajo de meses. Pero hemos preferido hacer ese viaje al pasado, en busca de la sonoridad de la época. Es muy interesante esa libertad que te permite la interpretación histórica. Es una suerte en ese sentido contar con un tratado como el de Baillot, porque ofrece todo tipo de detalles, no solo sobre la técnica del instrumento sino sobre la posición y la orientación del cuerpo e incluso la propia organización de los cuartetos.

-El jueves próximo actúan en el Femàs. ¿Puede comentar algo de esa cita?

-Es un concierto que forma parte de los circuitos del CNDM: lo hacemos también en Oviedo, Madrid y Badajoz, aunque el de Badajoz no forma parte realmente del circuito. Es un programa completamente diferente al del disco, lo que refleja bien la dualidad de La Ritirata. Intentamos explorar la cantata de cámara barroca para voz y conjunto (seremos en concreto, dos violines, flauta y continuo), siguiendo las influencias italianas que esas obras dejaron en las obras del mismo género que se escribieron en España y América. Participan en el concierto las sopranos María Eugenia Boix, que ya ha hecho muchas cosas con La Ritirata, y Nerea Berraondo, que debuta con nosotros.

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