"Cuando dejas el poder tienes que actuar como si te hubieras muerto"

  • El autor publica 'La luz crepuscular', una novela esencialmente autobiográfica donde integra su testimonio sentimental y generacional en la Historia reciente de España

Del debate interno de los socialistas con motivo del ingreso en la OTAN a la muerte de su hija, de su experiencia en las calles de París durante el Mayo del 68 a sus vaivenes amorosos, Joaquín Leguina hace en su última novela ejercicio de memoria justo cuando acaba de pasar "la última revuelta del camino". Así se siente, iluminado ya tan sólo por "la luz del crepúsculo", Ángel Egusquiza, el narrador tras el que se oculta en sus más de 500 páginas este veterano político socialista, ya retirado de los focos, y primer presidente de la Comunidad de Madrid, de 1983 a 1995.

"Este protagonista -dice Leguina- no se pone medallas, lo cual está a mil años luz de unas memorias, que suelen escribirse precisamente para eso. No es un triunfador, porque la vida está llena de fracasos, desilusiones y tragedias, y también de alegrías, amores y victorias personales y profesionales. La vida se trenza con muchos hilos, y no todos son brillantes". Con todos esos materiales ha querido el autor "llevar al lector la complejidad de la vida", de la suya en particular, en La luz crepuscular, una obra con "notable contenido autobiográfico" editada por Alfaguara.

La infancia en Cantabria, entre ecos de la Guerra Civil, los recuerdos familiares y los estudios en Bilbao y el despertar a los placeres de la vida son los temas de la primera parte de un libro que lo ha dejado más satisfecho que Conocer gente, unas memorias más al uso que considera "una faena de aliño". Con "todas las libertades" pero ateniéndose "siempre a la verdad", Leguina aspira ahora a retratar a su generación, "con todas sus complicaciones, errores e ilusiones".

En realidad, matiza, a parte de esa generación, "la de los hijos de los vencedores de la guerra, que se pasan al enemigo, que toman conciencia de la situación, como entonces se decía, y luchan contra Franco". No una "generación perdida, pero a lo mejor sí echada a perder", piensa el autor de La fiesta de los locos o Tu nombre envenena mis sueños. Gente que "pagó su ingenuidad" y cuyos principales errores fueron "inducidos" por la asfixia de la dictadura. De aquellos años de "iniciación civil", lo único que recuerda con cariño es que "todos éramos jóvenes".

Leguina ha vivido muchos acontecimientos históricos. Mayo del 68, el golpe de Pinochet, el Proceso de Burgos, la Revolución de los Claveles portuguesa, la Transición, la formación de los primeros gobiernos autonómicos, el 23-F, el 11-M... Todos son contados en La luz crepuscular por una persona que fue protagonista, "mero segundón" o testigo de ellos. Ésta es la parte que más interesará a los lectores atentos sobre todo a la dimensión pública del autor, un hombre que no ha dejado nunca de sentir la "emoción política" y al que, como admite entre risas, le va "la marcha".

Se refiere a su condición de voz con frecuencia molesta en su propio partido, el PSOE. "Todo pasa, todo se rompe, todo se reemplaza", concluye en un pasaje importante de la novela, donde con tono distante, a ratos pesimista, se detiene a observar la trastienda de la política como comedia humana. Un escenario del que se siente fuera, o como matiza su alter ego Egusquiza, "desplazado". "Si hay que echar un par de peonadas más, pues se echan. Pero en España nunca llaman", dice Leguina, que afirma llevar bien la vida alejado del poder. "Es que como te hagas a la idea de que los vienen detrás están fastidiando tu gran obra... ¡Los que vienen detrás son otros! Y harán lo que crean conveniente o lo que puedan. Eso no es tuyo, y la forma de demostrar que no es propiedad tuya es abandonarlo. Cuando lo dejas tienes que actuar como si te hubieras muerto".

Por eso, explica, no habla de Alberto Ruiz-Gallardón y Esperanza Aguirre. Pero José Luis Rodríguez Zapatero no ha sido presidente madrileño. Leguina, que votó por José Bono en el Congreso del PSOE donde Zapatero fue elegido líder del partido, nunca oculta, por decirlo en su expresión, que el jefe del Ejecutivo no es santo de su devoción. En el libro habla de la "limpieza étnica" que organizó entre los militantes de León y de cómo, nada más hacerse con el control del PSOE, mató no sólo al padre, sino también "a los tíos, los primos y otros parientes". También le molesta de los "neosocialistas" su "revisión" de la guerra y la Transición, que "estaban bien estudiadas y en manos de los historiadores".

Y muchas veces ha criticado sus "ocurrencias", aunque ahora atisba un cambio. "Quizá [Zapatero] esté llegando la Edad de la Razón -dice con sorna-. Las últimas decisiones que ha tomado hacen pensar en que se ha caído del caballo. En Davos le han dado un baño de realismo que quizás le permita abandonar sus ensoñaciones. En fin. Dice mi médico que sobreviviré a su Presidencia, aunque será una terapia larga... Ya escribiré de eso, da para otro libro...".

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