El derecho a la tarima

  • Los jóvenes directores de orquesta malagueños Diego González y Mari Ángeles Rozas, premiados en el último certamen de Craiova, relatan las dificultades de su oficio

El de director de orquesta es, probablemente, uno de los oficios más hermosos del mundo. Pero también uno de los que exige más a quienes aspiran a convertirlo en su modo de vida. El Conservatorio Superior de Málaga es el único de Andalucía que incluye en su curriculum esta disciplina, que a lo largo de cuatro años prepara a los alumnos para el difícil mundo de la batuta; y lo cierto es que ya en la formación los futuros ocupantes de las tarimas se topan con las primeras dificultades. Triunfar en la dirección de orquesta va a menudo bastante más allá de los méritos y las virtudes personales: se trata de una carrera de fondo en la que otros muchos elementos externos también tienen que responder con la dichosa palabra suerte. Diego González y Mari Ángeles Rozas, dos jóvenes directores de orquesta malagueños, saben bien de esta realidad. Ambos fueron seleccionados para participar el pasado septiembre en la última edición del Concurso Internacional de Dirección de Orquesta de la ciudad rumana de Craiova, uno de los más prestigiosos y a la vez considerados difíciles en su género. González y Rozas obtuvieron el para participar en el certamen junto a otros 28 concursantes (entre ellos dos malagueños más, María del Mar Muñoz y Daniel García Caro), un privilegio para el que cada año cientos de directores de todo el planeta presentan sus credenciales, y los dos regresaron con galardones: Rozas consiguió el segundo premio y González un premio especial del jurado, compuesto por huesos verdaderamente duros de roer como Roberto Benzi, Paul Staicu, Teodor Costin, Emil Simon y otros directores de reconocida trayectoria. Un éxito semejante debería bastar para garantizar un futuro estable, al menos en lo inmediato. Pero en la dirección de orquesta se vive irremediablemente al día.

Rozas ha dirigido en su corta carrera orquestas en España, Italia, Rumanía y Moldavia, aunque ha dedicado la mayor del tiempo a la docencia. El segundo premio en el concurso le ha abierto una pequeña puerta en Rumanía, donde tiene garantizados algunos conciertos hasta fin de año (el pasado día 10 ya dirigió a la Orquesta Filarmónica George Enescu con un programa de música española), pero no mucho más. Y mucho menos en España. La dificultad para dirigir una vez que se completa la formación resulta paradójica, porque, como explica Rozas, "a dirigir se aprende dirigiendo; en el Conservatorio haces apenas simulaciones, como si estudiaras piano con un teclado de madera, pero sólo sabes lo que es una orquesta cuando te pones frente a ella". Diego González apunta al respecto: "Para este oficio, como para cualquier otro, hacen falta cualidades innatas, pero también técnicas. Y éstas se aprenden practicándolas, en un escenario".

González ha dirigido orquestas en España, Moldavia, Rumanía, Italia y Estados Unidos. Actualmente es director del Coro de Ópera de Cajasur, en Córdoba, cuya Orquesta le ha brindado la oportunidad de dirigir en ocasiones ("con más frecuencia que en Málaga, lo que todavía me parece curioso siendo malagueño"). En cuanto a las dificultades en su trabajo, González advierte una cada vez mayor reconversión de instrumentistas en directores de orquesta sin preparación ex profeso: "A veces, un violinista que lleva muchos años en una orquesta se cree capacitado para dirigirla, y lo hace. E incluso termina actuando como director con frecuencia. Por eso hay no pocos directores subidos en las tarimas sin titulación. Se trata de un gran error, porque las orquestas son instrumentos con sus propias reglas y su técnica, como el violín y el piano, y hay que aprender a tocarlo". Esta situación supone un serio obstáculo por más que entre las orquestas europeas se ponga de moda contratar los servicios de directores jóvenes, "porque el círculo es siempre el mismo. Estás en él o no estás. Dirigir hoy significa, en gran medida, tener los contactos adecuados, a veces por encima de la calidad que puedas demostrar".

Rozas y González apuntan que la vieja tradición autoritaria del director de orquesta ha cambiado bastante: "Somos todos trabajadores, afiliados a nuestros sindicatos y con nuestros derechos. La autoridad se circunscribe a la tarima". ¿Es aún más difícil para las mujeres? Rozas va con tiento: "Tienes que demostrar más, pero como en todos los órdenes de la vida".

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