La deriva de los sueños

Teatro Echegaray. Fecha: 15 de noviembre. Compañía: Laví E Bel. Dramaturgia y dirección: Emilio Goyanes. Reparto: Larisa Ramos y Antonio Ramos. Música en directo: Walter Sabolo (teclado y guitarra). Composición musical: Emilio Goyanes y Walter Sabolo. Aforo: Unas 150 personas.

Es bien sabido que Emilio Goyanes crea sus espectáculos a través de la más venerable de las musas: la memoria. En su estética cabaretera y decadente, prevalece la presencia del pasado en las resoluciones del presente, y en su querencia metateatral el escenario es el ámbito ideal en que este trasvase ocurre. Si en algunos de los espectáculos más sonados de Laví E Bel como Cabaret nómada este juego se presentaba sugerido, detrás de una fabulosa puesta en escena, parece que tras La barraca del zurdo hay una intención de que el caudal se haga más explícito. Por eso, El escenario ambulante constituye un verdadero hito en la ya fecunda trayectoria de Goyanes, por cuanto, aun con todo el misterio poético con el viste sus trabajos, es en este espectáculo de formato discreto y sencilla apariencia donde mejor encajan las piezas y donde, al cabo, mejor dice su creador lo que quiere decir.

Dos artistas comparten la deriva de un escenario que va y viene de todas partes junto a un cómplice pianista. De entrada, la cualidad simbólica que este cabaret reviste es genial: sin connotaciones presuntuosas ni artificios engañosos, lo que el espectador encuentra aquí representado es el mismo oficio del teatro, en toda su antigüedad y, más aún, en toda su humanidad. Hay una idea un tanto zambraniana en la intención: si cada hombre contiene en sí a todos los hombres, también el teatro se nutre de todas las almas, ideas, cielos e infiernos que alguna vez acontecieron. Así, este escenario ambulante es el espejo de todas las cosas que fueron, son y serán, pero, sobre todo, lo es del corazón, en toda su complejidad y pureza. Goyanes hace más caso aquí que nunca a Shakespeare: el teatro es el medio ideal para expresar este río de presencias que es la memoria porque sus leyes son los sueños, y éstos están hechos de la misma materia de los soñadores. El escenario, ya decrépito, se revela en su decadencia; pero también, y casi como consecuencia, en cuanto de necesario sigue siendo para la especie humana. El escenario ambulante es una obra que se da como un abrazo, y uno sale del teatro extrañamente reconfortado.

El planteamiento de Goyanes es de altura, y sin embargo el valor más importante del proyecto viene de la mano de su reparto. Antonio y Larisa Ramos componen un dúo prodigioso, que canta, baila, se metamorfosea continuamente en sus contrarios, llora, ríe, es uno y a la vez muchos, se desplaza al límite y conquista el centro. Hay en su envite un virtuosismo vestido de una rara humildad de tierra que sube al paladar. Y la música, claro, es preciosa. Sombreros fuera.

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