flamenco

Este disco es un tesoro

  • Es el gran disco de Miguel Poveda que esperábamos desde hace años y cuenta con las colaboraciones, entre otros, de Paco de Lucía y Manolo Sanlúcar

Miguel Poveda. Producido por El Bolita e Isidro Muñoz. Universal

Ay, qué gusto tan grande, coger el disco y leer en la contraportada: seguiriyas, malagueñas, alegrías, tangos, soleá, minera ... Con todos los respetos a Quintero/León/Quiroga, de los que también se incluye una coplería, en los últimos tiempos se está convirtiendo en un lujo que un cantaor de flamenco grabe un disco ... de flamenco. Flamenco clásico, sí señor, y de uno de los cantaores más vitales y deslumbrantes del momento. ¡Cuánto tiempo ha pasado desde aquel lejano Zaguán (2001)! Miguel, qué descuidados nos tenías! Han pasado tantas cosas buenas desde entonces. Eso sí, debieran haber vendido también la lupa con el disco, para leer los créditos. Tientos con aires de zambra. Voz dulce, sensual. Y la guitarra de Manuel Parrilla le corresponde con el intimismo jerezano marca de la casa. La capacidad de emulación, dentro de su personal acento, es otra de las características de este cantaor, que consigue evocarnos a la misma Pastora Pavón en estos tientos. Con Parrilla también la seguiriya, entregada, justa, dolorida y muy equilibrada, con su macho por cabales: de una tacada. Una demostración de fuerza alejada de todo exhibicionismo vacuo. Otra joya. La minera es una miniatura con la guitarra delicada y sutil de Juan Ramón Caro. Pencho Cros llevado a una dimensión más lírica, redonda, cálida y plena de colores, más musical en fin. Juntos, los tres, consiguieron la XXXIII Lámpara Minera hace 19 años. También por levante la intervención de Manolo Sanlúcar por malagueñas de La Peñaranda que aprendimos del maestro Morente (Matrona-Chacón es la línea ascendente). El toque del maestro se hace más pétreo, menos sensual y más duro, pero esencial. Otra joya porque el toque de Sanlúcar, con el tiempo, ya no se parece a nadie. Ni a Sanlúcar siguiera, es lo que quiero decir. El maestro Sanlúcar es, hoy por hoy, un género nuevo dentro del mundo de lo jondo. Tan quintaesenciado, ensimismado en su lirismo de azúcar quemado. Luego, dos fandangazos del repertorio de Santiago Donday, que Gamboa atribuye a La Sabina en el texto de presentación, puro caramelo. La soleá es un viaje a Triana. La interpretación espectacular, la letra tópica. El aire con el que lleva la melodía descendente, de recogida, es magistralmente ajustado. De repente el tempo se hace sereno y Poveda evoca los melismas marcheneros. Para morirse de gusto, de Marchena a Mairena, o viceversa.

De Alfarería a la cava: tangos del Titi pura sensualidad con los coros de Las Peligro y diálogos pícaros y de pique. Una descarga de pura alegría, nada menos. Atención a la joven guitarra de Jesús Guerrero. Cruzamos el puente por dos sevillanas flamencas y acancionadas y la guitarra ¡de Isidro Muñoz! (¿es cierto lo que leo en los créditos?), compositor de la pieza. Y otras dos estrictamente bailables, ya huele a feria, con las Corraleras de Lebrija: usted sí que sabe rodearse de lo mejor de cada casa. Bailando sigue la fiesta por bulerías con lo mejor, en este caso de Jerez, obvio: Diego del Morao, Parrilla, El Grilo, El Chícharo, Londro ... Hay un guiño a los estilos ligados de Pica el llorado. Peazo de fiesta, señora.

Para gozo de los sentidos un tal Paco de Lucía que, fíjense lo listo que es Poveda, hace aquí, no bulerías o tangos o rumbas, sino alegrías. Estos maestros quintaesenciados se vuelven algo broncos porque ya saben lo que importa, la almendrilla, el sabor, el detalle, la minucia y la actitud. Paco de Lucía seguiría siendo el más importante tocaor de nuestro tiempo aunque estuviera manco. Y ¡no lo está, queda muy claro en esta entrega! Y qué deliciosa letrilla, otra vez Isidro (por cierto que la copla más divertida no está transcrita en el libreto), y qué deliciosa dicción de nuestro Miguel favorito, yéndose a unos territorios de cantiñas que no son los que él transita habitualmente: más intimismo, más recogimiento, más almendrilla como digo. La inteligencia aquí de Poveda ha sido sumarse a la estética paquera. Ole que cacho estribillo a coro de hombres y qué patá del Grilo. Por esta joya, tan sólo, merecen la pena los 18 euros. Siguiendo por Cai, bulerías en tono mayor, la última joya, con el maestro Rancapino. El estilo se adapta a la perfección al carácter del intérprete, que aporta a los sones clásicos un ímpetu, una fuerza y una alegría propios. Ay qué gusto más grande encontrarnos con ese maestro del compás y la ronquera llamado Ranca: "Ay, mire usté que crisis tiene este país". Otra joya y van ... De exquisita producción, de sonoridad elegante. Es el acontecimiento musical de la temporada.

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