El drama aquí: algo más que un consuelo

  • La escena local se reserva el 40% de la programación del inminente Festival de Teatro pero, más aún, sirve como termómetro para calibrar la situación del sector en clave cercana

Que una ciudad como Málaga dedique el 40% de la programación de su Festival de Teatro a la producción local resulta altamente significativo; pero lo es más aún el dato de que ocho de los estrenos absolutos anunciados correspondan también a compañías malagueñas, con lo que el margen prestado a las compañías nacionales (este año tampoco habrá cuota internacional) funciona más a la manera de temporada comprimida que a tenor de lo que cabría esperar de un escaparate bautizado como festival. Sucede que algunas de las propuestas nacionales más esperadas tienen entre sus protagonistas a artistas malagueñas de renombre como Rocío Molina y Kiti Mánver, pero al tejido local, sostenido a base de producciones dramáticas creadas aquí, con muy diversas expectativas, le sacuden vientos muy distintos. Más allá de lo acertado (o no) de la estrategia, si algo nos ha enseñado el proyecto Factoría Echegaray en su primer año de vida es que la conquista del público malagueño a base de teatro malagueño es una causa rematadamente larga y difícil; pero si se trata de no cejar en el empeño y presumir de escena propia, sí que resulta consecuente incidir al respecto en el Festival de Teatro. De cualquier forma, la 35 edición del certamen, que comienza ya este domingo y se prolongará hasta el 11 de febrero, sirve por tanto de inestimable termómetro para tomar el pulso al teatro cercano. A modo de consuelo. O algo más.

Por lo mismo, cabe encontrar un síntoma inequívoco del estado de salud de la relación entre el teatro local y su público en el hecho de que el estreno absoluto de Los fusiles de la señora Carrar, montaje de la obra de Bertolt Brecht ambientada en la desbandá malagueña durante la Guerra Civil a cargo de la compañía La Imprudente, bajo la dirección de Sebastián Sarmiento y con Virginia Nölting, Pablo Fortes, Vicen Arcos, Miguel Zurita y María Benítez en el reparto, haya agotado ya todas las localidades para el próximo día 26 en el Teatro Echegaray. La expectación en torno a una obra escrita en el mismo 1937 y dirigida como un dardo al público español pero nunca hasta ahora representada en España resultaba legítima, pero la decisión de tomar la iniciativa en Málaga viene a demostrar que no todo está perdido, ni mucho menos, para el teatro hecho en la ciudad. Sin salir del mismo Teatro Echegaray, merecerán también toda la atención El baile de los incoherentes, otro estreno absoluto para el 31 de enero de aroma strindbergiano dirigido por la siempre eficaz Carmen Ruiz-Mingorance; La verdadera historia de la muerte de Francisco Franco, revisión escénica de la obra de Max Aub protagonizada por el granadino Javi Parra pero con dos pesos pesados del teatro malagueño a los mandos: Angélica Gómez como autora de la versión y Ángel Calvente, de El Espejo Negro, en la dirección; los órdagos del Nuevo Teatro Musical de Nacho Doña, El guardián de los sueños (14 de enero) y la segunda entrega de su proyecto Desmontando musicales, dedicado a Andrew Lloyd Weber (7 de febrero); y el último montaje premiado en MálagaCrea, ¿A quién te llevarías a una isla desierta?, dirigido por Ceres Machado (4 de febrero), que como es ya tradición también tendrá su hueco en el certamen. En el Cervantes, en lo que a creación local se refiere, lo más interesante sucederá, con perdón, en los camerinos; será con la Chaquetera de Alessandra García en un formato breve, cercano e inédito a estrenar el 5 de febrero; y el día anterior, ahora sí en el escenario principal, convendrá no perderse Espejo. Capricho escénico, aproximación a Federico García Lorca facturada en Granada pero creada por un artista muy unido a la escena malagueña, el gran Javier Viana. Eso sí, si no han visto el Hambre de David García-Intriago vayan durante todo el festival al Hotel Posada del Patio. Sabrán lo que es bueno.

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