Arquitectura

La otra estación

  • Mañana se inaugura la línea de AVE que une Málaga con Madrid, que arquitectónicamente nos deja dos nuevas estaciones, una de ellas invisible

Con esto del AVE, toda la atención se la han llevado los vagones, los puentes y el polémico centro comercial que recibe a los viajeros a su llegada a Málaga. Pero en el camino, antes de poder comprar una camiseta de prêt-à-porter, ver una película o echar unos bolos, quienes viajan hacia la capital de la Costa del Sol pueden vislumbrar dos notables estaciones ferroviarias en el camino. Son las de Puente Genil y Antequera, la segunda ideada por el estudio L35 Arquitectos, firma que acaba de cumplir 40 años de actividad -lo celebraron el pasado mes de octubre con un libro que recoge la visión de 11 fotógrafos sobre una selección de obras del despacho, prologado por Carlos Hernández Pezzi-.

La estación de Santa Ana-Antequera, inaugurada a finales de 2006, es más que un modesto hito arquitectónico que da una respuesta sencilla pero no gris a la tipología. No busca la espectacularidad ni magnifican la trascendencia de su función -a Albert Speer le habría parecido una caseta de vigilancia-. Es exactamente lo que tiene que ser. Quizá por ello haya acabado siendo invisible para todos los comentaristas, muchos, de la línea de AVE malagueña. Junto con el Palacio de Justicia, reciente Premio FAD, sitúa a Antequera en un valioso proceso de renovación con sustancia, alejando a la ciudad de los engañosos brillos de la vano.

Por su situación geográfica, abre sus puertas como el gran centro distribuidor del tráfico del sur de España, en palabras de Renfe, y cuenta con cinco vías de ancho internacional (UIC) y dos andenes de 400 metros de longitud y ocho metros de ancho, así como con dos vías de ancho ibérico y un andén de 240 metros y ocho metros de ancho. Los tres andenes cuentan con marquesinas.

El edificio ha sido construido sobre la base de una estructura metálica cuya cubierta está compuesta en forma de grandes olas con una cubierta de cinc ondulada de cuatro cuerpos, con alturas de entre 8 y 13 metros. Esta diferencia de altura permite la iluminación natural, aprovechando los huecos entre las cubiertas. Un vistazo rápido permite relacionarlo con algunos trabajos de Peter Einsenman, aunque el arquitecto estadounidense jamás habría aceptado un proyecto de sólo 10 millones de euros -el de la comercial y hotelera estación de la capital supera los 130 millones-.

Más de dos mil metros cuadrados de modernidad honesta, pilotes y vidrio por todas partes, dan forma a esta estación que no juega a ser otra cosa. Funcional y atractiva como un moderno utilitario, así la han diseñado los arquitectos de L35, una firma que desde Málaga ofrece obras asumibles y acertadas; al menos en esta ocasión.

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