El estigma burgués

Uno de los grandes divertimentos del XVIII-XIX, y aún del XX, fue éste de ridiculizar a la burguesía como nueva clase aluvial, robusta y apresurada, que se ofrecía a dirigir los destinos del mundo. Son innumerables las páginas que, tanto en Francia como en Inglaterra, y en menor medida en el resto de Europa, se dedicaron a satirizar a esta nueva especie social, cuya ambición no se correspondía con sus modales. Así lo hicieron Swift, Smollett y el doctor Jonhson -sin olvidarnos de los lienzos de Hogarth-, y así lo hará este William Thackeray que hoy glosamos, cuyo humorismo, sin embargo, no participa del abrasivo mordiente de Jonathan Swift, y sí del más amable influjo cervantino.

Por otra parte, esta burla generalizada de la nueva clase rectora precipita un nuevo tema en el arte, cual es la intimidad hogareña y los retratos de costumbres. Chardin en Francia y Gainsborough en Inglaterra serán los precursores plásticos de esta nueva realidad, mediatizada por el humor de Thackeray. Y nada más humorístico -cuando de la burguesía se trata- que desvelar la ambición, la cursilería y el arrojo de quienes pasarían a la historia con el indecoroso membrete de arribistas. Thackeray, para mostrar a lo vivo esta cualidad dinámica y adversa del burgués, escoge la organización de una cena, en la que los modestos anfitriones invitan a los miembros más selectos de la sociedad londinense. Es fácil imaginar el número de inconveniencias que se producen durante la cena, así como los agravios, humillaciones y penurias que los anfitriones sufren en los preparativos. Pero hay algo que ennoblece este retrato burlón y amable. Ni los burgueses arribistas figuran como necios, ni sus distinguidos invitados permanecen ajenos a la reprobación y el escarnio.

En Thackeray, siempre triunfa la consideración de lo humano ; de lo humano en su totalidad, con su voluminosa carga de virtudes y flaquezas. Y es esa atalaya cordial, benévola, deliberadamente cervantina, y muy próxima por tanto a intención de Dickens, la que salva y distingue sus escritos.

Una cena en casa de los Timmins

William M. Thackeray. Trad. Ángeles de los Santos. Periférica. Cáceres, 2016. 64 páginas. 11 euros

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