Laura Restrepo. Escritora

"La falta de una ética civil y no religiosa genera perplejidad"

  • Ocho relatos inspirados en el tríptico de El Bosco 'El jardín de las delicias' dan forma a 'Pecado', la última novela de la autora colombiana

Como si de una broma del destino se tratase, los personajes de Pecado (Alfaguara) van cayendo irremediablemente en las redes del mal, guiados todos de alguna forma por El jardín de las delicias, obra cumbre de El Bosco. El incesto, la soberbia y la violencia desenfrenada son algunos de los temas que dan forma a los ocho capítulos que componen la última novela de la colombiana Laura Restrepo, quien conoce de cerca la cara más oscura del mal pues en 1983 participó en el proceso de negociación con la guerrilla, acción que le costó un exilio forzoso de cinco años. Periodista de profesión, en 2005 se estrenó en la literatura con Historia de un entusiasmo, tras la que han seguido otros diez títulos entre los que cabe destacar Delirio, por el que ganó en 2004 el Premio Alfaguara.

-¿Hay que entender en su novela el pecado en sentido clásico o como un término con una carga semántica renovada?

-El significado del pecado es muy ambiguo. Por una parte está pasado de moda, parece que quedase más para misa o bolero. Pero para quienes venimos de una fuerte tradición católica sigue teniendo unas resonancias tremendas que se desdibujan en otros conceptos como el remordimiento o la culpa.

-¿Qué relación tienen sus personajes con el pecado?

-Siento que se nos desploma una ética religiosa sin que la humanidad tenga la oportunidad de reconstruir una ética civil que la reemplace. Eso genera una etapa de perplejidad. El mal está siempre al acecho, la gente se lo encuentra a la vuelta de la esquina pero sin las herramientas necesarias para enfrentarse a él. Por eso cada uno de los personajes del libro construye su propio código ético para manejar lo que le está sucediendo.

-El tono de la historia es totalmente neutral, descartando así la posibilidad de moralina.

-Sí, la intención era invitar al lector a ponerse en los zapatos de los personajes y abrir así un espectro de posibilidades, pero sin entrar a juzgar.

-¿Son sus personajes símbolos o representaciones del mal, o personas reales?

-Yo quería que fuesen lo más personas posibles y de hecho algunos de ellos están sacados de la vida real, de entrevistas que hice en mi época de periodista. Otros son directamente sacados de la cabeza. En general todo es ficción pero me interesaba encontrar personas que me pudiesen contar los recovecos mentales de su experiencia para no caer en un relato plano. Que tuviese matices de realidad.

-¿Por qué decidió utilizar El jardín de las delicias como hilo conductor de la novela?

-El libro tiene una estructura muy abierta porque los capítulos son bastante independientes entre sí y necesitaba algo que le diese cohesión a todo. El jardín de las delicias es por antonomasia la magna representación del drama de la aparición del pecado original y la pérdida del paraíso. Es un cuadro tan rico, tan desbordante, que apela no sólo a la conciencia sino al subconsciente. Una realidad onírica en la que nunca se sabe si eso es el canon religioso o la herejía. Una ambigüedad que se abre a multitud de interpretaciones. Si hubiera sido escrito sería LaDivina Comedia de Dante o LaComedia Humana de Balzac. Y si hubiera sido cine, Apocalypse Now de Coppola

-En uno de los primeros relatos menciona usted a un octavo pecado, el de la indiferencia ante el dolor ajeno. ¿Es el que corresponde a nuestra época?

-Cuenta la historia de las Susanas, tres hermanas que pasan sus vacaciones en una playa del Caribe que es una aldea de pescadores negros. Pero lo cierto es que el entorno no es tan paradisíaco como pueda parecer para las Susanas porque ellos están sufriendo una realidad infernal que a ellas se les escapa por completo. Quise hacer un jueguito con el lector porque aparentemente el pecado podría ser el de la lujuria, el encuentro sexual de una de las hermanas con un pescador, pero en el fondo el gran pecado que está insinuado desde el principio es el de la indiferencia, cómo se puede vivir sin que nos toque ni nos conmueva el dolor ajeno.

-Esta indiferencia suena a la actuación de Europa ante la crisis de los refugiados.

-Sí, el volcar la espalda y pensar que encerrarse es la solución. No me deja de llamar la atención que aparece este libro, que trata sobre el mal, en tiempos de un personaje que para mí es la encarnación del diablo, ese señor Trump. Me parece que es el compendio de todo lo inculto, lo ignorante, lo grotesco, lo payaso... Todo está en ese señor. ¿Cómo puede ser que la humanidad produzca un ser así y además tenga tantos seguidores? En El jardín de las delicias hay unos espacios acuáticos de los que salen unos gusanitos negros que son como el elemento que empieza a enrarecer la conciencia. Evidentemente algo está pasando para que un personaje como Trump se vuelva símbolo y referencia para tanta gente. Mucho gusanito negro se nos está colando por muchos lados.

-Su libro sirve también como ventana para conocer la violencia que sufre Colombia.

-Lindo y malo, ese muñeco habla sobre un sicario adolescente que mata y sabe que lo van a matar, algo que fue mucho de la escuela de Pablo Escobar. En ese relato hay cierta melancolía que me conmovía, la que siente el muchacho al pensar que las cosas podrían haber sido distintas. Él justifica su identidad criminal basándose en que eso hace que su madre lo admire porque él es el que lleva el dinero a casa. Pero el desplome llega cuando descubre que su madre al que admira es a su hermano, quien no se ha enredado en la violencia. Es el relato más colombiano.

-La guerrilla también aparece en el libro. ¿Cómo ve el proceso de negociación con las FARC?

-Colombia ha sido un país difícil, con mucha violencia, pero también con mucha esperanza de que llegue la paz. Que un grupo como las FARC entre en serio en este proceso es un ejercicio de democracia muy interesante.

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