arte

Con faldas y bigote

  • Andy Hope propone en el CAC Málaga un juego intelectual que atisba uniones, convergencias y proximidades entre distintos acontecimientos, realidades y ficciones

Que un artista como Andreas Hofer, que de un tiempo a esta parte se hace llamar Andy Hope 1930, indague en el concepto de identidad y disfraz es algo que puede considerarse lógico. En cierto modo, el nombre o pseudónimo de Andy Hope 1930 hace las veces de máscara, elemento que oculta tanto como permite mostrar. Precisamente una máscara, o un antifaz, luce el personaje que centra esta serie de pinturas que ahora expone el CAC. Nos referimos a Robin (cuya identidad camuflada es la de Dick Grayson), el compañero de Batman (Bruce Wayne en la vida real), quien también porta otra. Frente a la masculinidad, seriedad y apariencia oscura de Batman, no en vano se le llamó the dark knight (el caballero oscuro), Robin es más divertido, colorista y menos viril, cuestión que parece acrecentar Andy Hope 1930 feminizándolo al ataviarlo con vestidos y faldas en clave decimonónica, provocado, en parte, por apellidarlo Dostoyevsky en referencia al gran novelista ruso.

Este matiz femenino llega incluso al paroxismo en un dibujo en el que Robin se convierte en una victim fashion, declarando que adora al desaparecido diseñador Alexander McQueen.

En algunos de los retratos, este Robin andyhopiano, además de faldas, presume de bigote y peinado similares a los de Adolf Hitler. Pero aquí nada es tan fácil, tan elemental y superficialmente gamberro e iconoclasta (difícil resulta superar lo grotesco, la ridiculización y el grado de comicidad de los 'hitlers' de Jonathan Meese), al igual que su reconocible imaginería poco tiene de gratuita y comprensible.

Las pinturas de Andy Hope 1930 son el resultado de una estrategia artística ciertamente compleja que, más allá de lo evidente (Robin, Batman, Catwoman o Hitler), de esa obvia lectura dialéctica en torno a la identidad (masculino/femenino) y de las ocultaciones de la misma, produce en algunos casos piezas herméticas, fruto de un cruce entre alta cultura y cultura popular tanto como entre Historia y ficción. Sin ir más lejos, el personaje imaginario que da título a la serie, Robin Dostoyevsky, es una síntesis entre un personaje del cómic americano y el literato ruso Fiódor Dostoyevsky. El propio nombre de Andy Hope 1930, casi de un modo programático, avisa de la densificación y la síntesis a las que aspira su trabajo: la convulsa fecha alude a distintos episodios históricos (postrimerías del crack bursátil o reforzamiento del partido nazi, entre otros) mientras que los dos primeros términos suponen, de un lado, la recuperación de otro personaje ficticio creado por el singular Arthur Cravan (a su vez un pseudonimo), y, de otro, una suerte de contradicción al oponer a la aciaga fecha la palabra inglesa 'hope' (esperanza).

Lo que propone Andy Hope 1930 no deja de ser un juego intelectual que atisba uniones, convergencias y proximidades entre distintos acontecimientos, realidades y ficciones que ni siquiera comparten tiempo y espacio, lo cual supone una particular relectura histórica. Y decimos atisba porque no las muestra claramente, sólo presenta indicios que pueden convertirse, o no, en detonantes de relatos. En este punto, el receptor juega un papel fundamental para recrearlas o evocarlas, puesto que ha de contar con la capacidad para descifrar esa mínima y compleja suma de referencias icónicas, esa encrucijada que esconde acontecimientos, relaciones, vericuetos históricos e influencias entre autores de distinta cronología.

En la obra de Andy Hope 1930 se aprecia algo tan inequívocamente alemán como es el diálogo con la Historia reciente del país y especialmente con lo conflictivo -un trauma- del pasado nazi, manifestado con la inclusión de retratos de Hitler e iconografía del Tercer Reich, como en algunos dibujos no expuestos en los que Batman cambia el emblema del murciélago que ocupa su pecho por la SS de la Schutzstaffel, la guardia personal del führer, mientras que la máscara y el traje se trasmuta en yelmo y coraza que acerca a Batman a la imagen de algún personaje de la mitología teutona (Thor). Asimismo, su estilo se emparenta con cierta figuración y tratamiento del color expresionistas, otro rasgo de la tradición germana.

Sin embargo, otros muchos asuntos en clave nacional subyacen en su Robin Dostoyevsky. Así, la ciudad en la que vive y actúa Batman, un trasunto de Nueva York, se llama Gotham City, y, por tanto, permite a través de su nombre la vinculación con lo godo y, por ende, lo germánico. En el cómic, su arquitectura posee resabios goticistas, el estilo alemán por antonomasia (en Nueva York existen algunos rascacielos con vocabulario extraído del Gótico, como el Woolworth, levantado en 1913).

Pero además, la Gotham que crearan para el cómic Bob Kane y Bill Finger en 1939, aun mostrando la influencia neoyorquina, se asemeja a la ciudad futurista que Fritz Lang creara en la película Metropolis (1927), una de las cimas del expresionismo alemán. Tanto Batman y sus posteriores versiones cinematográficas, como el filme de Lang, arrojan una visión oscura, opresiva y deshumanizada de la ciudad, heredera de la crítica cultural alemana del XIX y principios del XX que vislumbraba las condiciones inhumanas de la ciudad como un mal de la civilización y a la que oponía la pureza y los valores de la Naturaleza y lo primigenio.

Otras relaciones, encrucijadas o lecturas menos evidentes son las que se esconden en los retratos en los que Robin Dostoyevsky, con vestido largo decimonónico, se asemeja a Hitler. Precisamente, Dostoyevsky a través del personaje de Raskólnikov, en Crimen y castigo(1866) preconizó la figura del superhombre que creara Friedrich Nietzsche y de la cual el nazismo se apropió pervirtiendo parte de la esencia nietzscheana. Al vestir a Hitler con un atuendo del XIX y recibir el apellido del escritor ruso, Andy Hope 1930 pareciera identificar una fuente primera del "hombre superior" que quiso creerse el líder nazi, y que, como el Raskólnikov dostoyevskiano se ve impelido a cometer crímenes.

Al espectador, al receptor que se sitúa ante las obras de Andy Hope 1930, le queda desentrañar estos itinerarios culturales e históricos, estas conexiones entre la realidad y la ficción que, como Robin, quedan enmascarados o disfrazados en unas pinturas tan esenciales en sus elementos y tan sofisticadas como crípticas a pesar de su iconografía cercana; de no conseguir esto, la Historia quedaría reducida a un Robin con faldas y bigote.

'Robin Dostoyevsky by Andy Hope 1930' CAC Málaga. C/Alemania, s/n Málaga. Hasta el 19 de junio.

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