Crítica de Cine

El faro de las bestias

Fotograma de la película dirigida por Xavier Gens, con una irreconocible Aura Garrido. Fotograma de la película dirigida por Xavier Gens, con una irreconocible Aura Garrido.

Fotograma de la película dirigida por Xavier Gens, con una irreconocible Aura Garrido.

Producción española con aroma clásico de serie B, basada en la novela de Albert Sánchez Piñol y pasada por el correspondiente barniz digital, La piel fría se sostiene sobre unos pocos elementos y una cierta deriva metafórica en su revisión del cine de aventuras fantásticas. A saber, estamos en una isla desértica en unas coordenadas imprecisas, corren tiempos de guerra en Europa (1914) y hasta allí llega un joven solitario para hacerse cargo de la estación meteorológica que, junto a un faro gobernado por el enigmático Gruner, son los únicos elementos arquitectónicos y humanos de un paisaje de cenizas, vapores y tonos grisáceos.

El francés Xavier Gens (Hitman, The Divide) asume así el espacio único y unas cuantas localizaciones para centrarse en el conflicto humano y existencial de estos dos personajes, enfrentados a la rutina de los ataques nocturnos de unas criaturas anfibias de apariencia humana que emergen de las aguas. Un conflicto que tiene más de lucha obsesiva contra los propios fantasmas del alma y reivindicación del otro que de gran espectáculo de violencia y supervivencia en un entorno hostil, a la vista de un conseguido ejercicio de economía expresiva.

Pasado el primer tercio de presentación e incertidumbre, Gens asume la necesidad de mostrar a las criaturas y de dar cierto protagonismo a una de ellas (bajo cuya piel azulada se esconde, irreconocible, Aura Garrido) hasta el punto de convertirla en el espejo ambiguo (y sexualizado) de la deformidad y la barbarie que anida en estos dos personajes a la deriva.

Con todo, la película acusa un importante desfallecimiento en su tramo intermedio, incapaz de remontar más allá de unas mismas ideas y unas mismas rutinas de asedio, supervivencia y mensaje al viento. A la postre, la batalla interna que dirimen los dos protagonistas no encuentra otra salida que la de la circularidad y el relevo.

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